Análisis de los atentados yihadistas en noviembre de 2017

El mes de noviembre ha estado marcado por el atentado terrorista más letal de la historia de Egipto, cometido presumiblemente por miembros de Wiayat Sina, la filial de Daesh que opera en la península del Sinaí, en el que perdieron la vida al menos 305 personas. 

 

El terrorismo yihadista ha vuelto a dejar la huella de su presencia a nivel global, mostrándose especialmente intenso, un mes más, en países de mayoría musulmana. Muestra de ello son las 115 acciones yihadistas documentadas a lo largo de este mes y las 1.018 personas que han muerto a causa de ellas en un total de quince países.

El atentado en una mezquita de Egipto resultó en 305 muertos. Fue cometido presumiblemente por miembros de Wiayat Sina, la filial de Daesh que opera en la península del Sinaí.

El atentado en una mezquita de Egipto resultó en 305 muertos. Fue cometido presumiblemente por miembros de Wiayat Sina, la filial de Daesh que opera en la península del Sinaí.

A lo largo del presente análisis se analizarán distintos aspectos que permitan conocer la evolución del movimiento yihadista global durante este último mes, enmarcando todo ello desde un necesario enfoque global. Algunos de los temas a tratar será el comportamiento de Daesh en su evolución de nuevo hacia un movimiento insurgente una vez abandonado el sueño del califato, la huida de muchos de sus miembros hacia Afganistán, donde están entrando en conflicto con los talibán o el auge de la amenaza que supone JNIM, la coalición de grupos yihadistas con epicentro de su actividad en Mali y un incremento de sus presencia este mes en Burkina Faso.

Análisis

Si en octubre se produjo en Somalia el que hasta la fecha es el mayor atentado en lo que llevamos de año, tras confirmarse que el número total de víctimas ha sido de 512 personas, el mes de noviembre ha estado marcado por la acción cometida presumiblemente por miembros de Wiayat Sina, la filial de Daesh que opera en la península del Sinaí, en la que perdieron la vida al menos 305 personas. El atentado fue cometido el día 24 (caso de estudio #91) cuando un grupo numeroso de individuos dispararon y lanzaron explosivos contra todos los fieles que se aglutinaban tanto en el interior como en el exterior de una mezquita sufí durante la hora del rezo del viernes. La respuesta inmediata del presidente al Sisi fue la de bombardear distintas posiciones utilizadas por los terroristas como refugio. No obstante, este atentado es especialmente llamativo por su alta letalidad más que por el hecho de que se cometiese una acción de carácter yihadista, ya que en la península del Sinaí es frecuente todas las semanas que se cometa algún atentado contra las fuerzas de seguridad o contra la población civil.

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En cuanto a otros atentados marcados por su alta letalidad durante este mes, se encuentra el cometido el día 5 en la ciudad de Deir ez Zor (caso de estudio #21) tras una acción perpetrada por un terrorista suicida que acabó con la vida de al menos un centenar de personas tras inmolarse en el interior de un vehículo bomba junto a un campo de refugiados. Este atentado, reivindicado por Daesh, es representativo para comentar dos cuestiones que desde la presente investigación se lleva anunciando hace varios meses. Por un lado, el hecho de que el autodenominado Estado Islámico haya ido evolucionando de nuevo hacia las tácticas utilizadas por los movimientos insurgentes a medida que perdía los territorios de su califato. No hay que olvidar que el comportarse de esta forma no es algo novedoso para la organización, ya que su origen reside precisamente en la insurgencia, como recuerda el hostigamiento a las tropas estadounidenses en Irak tras la ocupación de 2003. En noviembre, la ciudad de Deir ez Zor ha sido el ejemplo más evidente de esta progresión en su comportamiento, mientras que en otras ciudades, como es Mosul, se lleva viendo desde varios meses atrás con continuos IEDs o terroristas suicidas que atentan indistintamente tanto contra las fuerzas de seguridad como contra la población civil. Por otro lado, este atentado en Deir ez Zor ilustra el recurrente objetivo en el que se han convertido los campos de desplazados para los grupos yihadistas. El mensaje que intentan mandan atacando a la población que reside en ellos mediante estos atentados es que por mucho que intenten huir del terror no lo conseguirá y éste les perseguirá allá donde vayan.  Esta táctica de fijar como blanco de los ataques los campos de refugiados está siendo empleada también por el grupo nigeriano Boko Haram en los últimos meses, como se ha documentado en la presente investigación con distintos casos de estudio analizados.

Tanto el atentado contra la mezquita sufí del Sinaí como el de Deir ez Zor en Siria son parte de las 115 acciones yihadistas registradas a lo largo de este mes. Como se aprecia en la gráfica 1 se ha producido un ligero repunte en este sentido en términos cuantitativos en comparación con el mes anterior, identificando una docena más de casos de estudio. Por otra parte, el número de víctimas se ha reducido, con una disminución de cerca de 200 muertes. Aun así, el dato de noviembre sigue siendo el segundo más alto del último semestre.

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La tabla 2 refleja la actividad terrorista de cada uno de los grupos yihadistas más representativos. En primer lugar destaca que Daesh ha vuelto a tener un auge en sus acciones respecto al descenso de los dos últimos meses. Estos datos pueden tener una explicación por el hecho de que durante septiembre y noviembre, gran parte de sus esfuerzos fueron destinados a intentar defender las pocas ciudades que todavía tenían bajo su control. Sin embargo, con la derrota definitiva en Siria e Irak y su el paso hacia el movimiento insurgente se ha producido una revitalización de sus atentados, que precisamente donde más ha quedado constatado es en ambos países.

En cuanto a los grupos talibán, tras el incremento de su actividad durante la campaña de primavera y el inicio de verano ha reducido sus acciones desde entonces. Será interesante ver cómo le afecta la llegada de un número importante de combatientes de Daesh a Afganistán tras su huida de los territorios del califato. De hecho, en este último mes ha comenzado a darse un incremento de acciones en las que se producen enfrentamientos armados directos entre ambas, mientras que en otras ocasiones pretéritas se ha constatado que existe colaboración entre ellas  para cometer actuaciones concretas de forma conjunta. En el caso de que ambas sigan tratándose como enemigas y debilitándose la una a la otra, las fuerzas de seguridad podrán intentar retomar el control que perdieron hace años. En cambio, si las dos organizaciones  llegan a un acuerdo de entendimiento, el movimiento yihadista puede verse reforzado en la región.

La actividad terrorista de al Qaeda sigue teniendo en la coalición JNIM su mayor referente. Este grupo que aglutina a su vez a distintas organizaciones del Sahel ha conseguido en pocos meses convertirse en la mayor amenaza de la región. Tal es así que el propio gobierno español está planteándose triplicar el número de efectivos en Mali, para cooperar con las fuerzas francesas sobre el terreno en la formación de los ejércitos nacionales de los países africanos afectados. Las fuerzas de la MINUSMA desplegadas en la región siguen siendo el epicentro de los atentados de esta coalición yihadista. Durante el mes de noviembre se han producido al menos siete atentados yihadistas en Mali a los que hay que añadir los cinco documentados en Burkina Faso, cometidos presumiblemente tanto por JNIM como por Ansaroul Islam, filial de Ansar Dine es en el país burkinés.

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En cuanto a la amplitud geográfica de las acciones yihadistas se sigue observando que la región MENA y el África subsahariano concentran la mayor parte de su actividad. La existencia de organizaciones terroristas que tienen un control directo sobre el territorio sumado a la incapacidad gubernamental y la debilidad de las fuerzas de seguridad en estos países son clave a la hora de entender esta compleja realidad. La amenaza que supuso al Qaeda y más recientemente Daesh en Oriente Próximo y Oriente Medio ha provocado que la atención occidental en estas regiones haya sido mayor. Sin embargo, la evolución de este contexto en el panorama del Sahel no es nada esperanzador y son muy pocos los estados europeos dispuestos a destinar recursos y a implicarse de una forma más activa a la hora de combatir la creciente amenaza yihadista, más allá del envío de unos cuantos millones de euros. Es cierto que grupos como Boko Haram o al Shabaab no están en su mejor momento, aunque siguen teniendo un peso fundamental a pesar de las fuerzas de seguridad los están combatiendo de forma intensa en los últimos tiempos. Aun así, su potencial les capacita todos los meses para cometer cerca de una decena de  atentados, teniendo todavía presente en la retina el ejemplo más reciente del atentado de Madagascar que produjo el mes pasado más de medio centenar de víctimas. La coyuntura en Nigeria y el entorno del lago Chad no son mucho más halagüeñas con la utilización de niñas y adolescentes que frecuentemente se inmolan con un chaleco explosivo bajo las órdenes de Boko Haram.

A este panorama es preciso añadirle la situación en Mali, hervidero de grupos yihadistas  en la actualidad, con el riesgo que supone que su presencia o su influencia se expanda hacia el norte del continente, provocando que la inestabilidad del Norte de África sea aun mayor, especialmente en países como Libia o Egipto, donde el resultado de la confluencia con grupos afiliados a Daesh puede ser imprevisible.

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En ocasiones se olvida de forma interesada o no que el terrorismo de carácter yihadista tiene a la propia población musulmana como su principal víctima. Una muestra de esta realidad es que estos han sido en noviembre los quince países en los que al menos se ha producido un atentado de este perfil: Irak, Siria, Afganistán, Pakistán, India, Yemen, Egipto, Túnez, Mali, Nigeria, Camerún, Burkina Faso, Somalia, Kenia y Rusia.

Los tres primeros países de este listado, es decir Irak, Siria y Afganistán, aglutinaron el 68% de todos los casos documentados  durante este mes, mientras que sólo se halla un caso en el que la acción se cometió fuera del mundo árabe-musulmán, dándose en la República de Ingusetia, una región de Rusia.

A pesar de que durante este mes los países occidentales han permanecido fuera del alcance de la práctica yihadista, es posible que durante estas navidades se produzca algún intento de atentado o la consumación del mismo, motivado en parte por la propaganda de Daesh, quien ha emitido varias imágenes y vídeos incitando a sus seguidores a cometer una acción de este tipo, igual que sucedió el año pasado en Berlín. No obstante, desde el mes de agosto,  en Occidente únicamente se ha tenido que lamentar el atentado mortal de Nueva York en el que murieron varias personas tras ser arrolladas por un individuo que dejó una escrito jurando lealtad a Daesh y la muerte de dos jóvenes apuñaladas en Marsella.

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La tabla 5 refleja el perfil de los blancos contra los que atenta el terrorismo yihadista.  La dualidad que parecía haberse establecido a lo largo del último año entre objetivos de las fuerzas de seguridad y civiles se ha roto. Es posible que su explicación sea meramente anecdótica por los datos obtenidos durante este mes, aunque será algo a tener en cuenta de cara a futuros análisis para comprobar si esta tendencia se mantiene o vuelve a la que se ha estado apreciando durante los últimos tiempos. Sea como fuere, la conclusión a la que se llega tras estudiar los datos de este mes es que los grupos yihadistas han cometido más acciones contra la población civil, pudiendo explicarse en parte por la circunstancia que se ha comentado previamente en torno a la evolución del comportamiento de Daesh hacia un movimiento insurgente.

Por otro lado no hay que olvidar que el fuerte sectarismo de distintos grupos yihadistas respecto a otras etnias, culturas y corrientes religiosas que no sean las que ellos representan provoca que estos otros colectivos se conviertan en blancos de sus ataques. El ejemplo de la mazquita sufí del Sinaí es el mejor ejemplo que representa esta realidad en la que la propia comunidad musulmana que no comparte el extremismo y el fundamentalismo de los yihadistas se convierten en potenciales víctimas de sus ataques

 

Conclusiones

En el momento en el que se están escribiendo estas palabras, el gobierno iraquí ha anunciado la victoria definitiva contra Daesh, asegurando que no queda ningún territorio bajo su control en el país. Las huestes del califato que no han decidido huir hacia sus países de origen o hacia otras regiones para continuar con su lucha se han visto obligadas a refugiarse en el desierto, único lugar en el que hasta el momento pueden sentirse seguros por su accidentada orografía para hacerles frente. El sueño de la restauración del califato anunciada de forma pública por al Baghdadi en Mosul hace tres años y medio ha terminado. No obstante, todos debemos tener claro que ni Daesh, ni mucho menos la ideología salafista yihadista desaparecerán con él. La insurgencia y lo que muchos expertos han comenzado a llamar como cibercalifato serán  las señas de identidad de la organización en el futuro inmediato. A ello habrá que sumarle los atentados que sigan cometiendo en Occidente, que los habrá, y la evolución de sus filiales, que pueden recibir centenares de combatientes que han huido del califato.  Mientras, la derrota de la ideología yihadista debe ser vista más como una utopía en estos momentos que una realidad. Al menos seguirá siendo así hasta que los dirigentes regionales y mundiales dejen de dar su apoyo a estos grupos extremistas en función de sus intereses geopolíticos y los libros sean más utilizados que las bombas para frenar al terror.