Análisis del Observatorio de Atentados Yihadistas de mayo de 2018

La actividad desarrollada por las organizaciones yihadistas en el mes de mayo está señalada principalmente por la campaña de primavera talibán, la cual está siendo toda una demostración de fuerza sobre el territorio afgano por parte de este grupo. Afganistán se ha convertido por segundo mes consecutivo en el país en el que se ha dado tanto el mayor número de atentados y acciones yihadistas como víctimas producidas a consecuencia de ello.

Por otro lado, a lo largo del mes de mayo se ha observado un repunte de los atentados yihadistas en Indonesia y Filpinas, mientras que la mitad sur del continente africano ha sido escenario de nuevos ataques vinculados al salafismo yihadista. En este sentido, es preocupante la situación en Mozambique y el incremento de la inseguridad tras la aparición del grupo Ahlu Sunnah Wa-Jamo, más conocido como al Shabaab, sin que aparentemente y de momento existan vínculos con la organización somalí que lleva el mismo nombre. Sudáfrica es otro ejemplo de inestabilidad en este sentido, ya que se ha producido por primera vez un ataque con arma blanca por parte de un supuesto individuo radicalizado en una mezquita chií.

Análisis

El balance del mes de mayo en cuanto a la actividad yihadista arroja un incremento tanto en el número de acciones terroristas como en el de víctimas. Los 121 atentados y las 781 personas que han perdido la vida a causa de ello reflejan un mes más la capacidad de estos grupos para seguir infundiendo el terror a nivel global. Especialmente importante ha sido el aumento de víctimas, cifra que se ha incrementado en mayo un 25% respecto al mes anterior, acumulando tres meses consecutivos de aumento, como se refleja en la tabla inferior.

Tabla 1

El doble atentado suicida dado en Mubi, Nigeria, (caso de estudio #1) el primer día de mes se ha sido la acción terrorista de mayor letalidad, tras provocar la muerte de 86 personas. Dos mujeres hicieron estallar los explosivos adheridos a sus cuerpos en sendos lugares próximos entre sí, siendo estos una mezquita y un popular mercado que suele ser estar muy concurrido. Aunque no existe reivindicación oficial, algo que no debería resultar sorprendente, este atentado ha sido atribuido a Boko Haram por su modus operandi. Por otro lado, Afganistán y Siria se han convertido en los otros escenarios donde se han producido diversos atentados de una gran mortalidad. En el país afgano se han dado distintas acciones terroristas que se han saldado con varias decenas de muertos, como son la producida el 6 de mayo (#21) en Khost con 21 víctimas, el día 10 en Farah (#45) donde murieron 43 soldados afganos, o el ocurrido un día después en Zabul (#48) con el asesinato de 22 policías tras otro ataque sobre un puesto de control. En el caso de Siria, se ha dado un repunte de la actividad yihadista con al menos catorce atentados que han producido al menos una víctima, entre los que destacan el ocurrido en Palmira (#84) donde un terrorista suicida y una posterior emboscada de Daesh en un puesto de control acabó con la vida de 30 soldados sirios o el que se dio mediante un modus operandi similar en Deir ez Zor (#91) donde murieron otros 26 soldados sirios y 9 milicianos rusos.

Tabla 2

Atendiendo a la tabla 2 se puede apreciar el importante aumento de la actividad de los grupos talibán durante el último año, significativamente si se tiene en cuenta la que se viene desarrollando desde noviembre de 2017. No hay que olvidar que su última campaña de primavera se prolongó en el tiempo hasta los meses de julio y agosto en los que alcanzó su zénit, por lo que es de esperar que la que se ha iniciado este mes tenga unos resultados similares, más si cabe teniendo en cuenta los avances que han tenido durante las primeras semanas y la incapacidad gubernamental para hacerles frente en muchos de estos territorios.

Por otro lado, la actividad de otros grupos característicos como son al Shabaab o Boko Haram se mantiene estable, aunque es cierto que la percepción que se observa entre uno y otro grupo comienza a diferenciarse, ya que Boko Haram, pese a atentados como el de este mes, muestra evidentes signos de debilidad y al parecer ha adoptado una estrategia de supervivencia, mientras que el grupo somalí lleva varios meses con una campaña especialmente intensa en cuanto a perpetrar acciones terroristas contra las fuerzas de seguridad, muchas de ellas dadas en la capital del país. Así mismo, sus incursiones en Kenia, país fronterizo, están volviendo a ser frecuentes en las últimas fechas, consiguiendo mermar a las fuerzas de seguridad de este país. Los 15 soldados asesinados el día 6 (#29) tras estallar un IED colocado por al Shabaab en la carretera es una muestra de ello. Otro factor a tener en cuenta respecto a al Sahabaab está relacionado con las posibles conexiones que puedan darse en un futuro con el grupo homónimo de Mozambique, especialmente por lo provechosas que pueden ser las vías de comunicación entre ambos países a la hora de transferir tanto recursos logísticos como humanos.

En cuanto a al Qaeda, es preciso comentar que la intensa campaña que venía ejerciendo su franquicia más activa, JNIM, ha tenido un retroceso en cuanto a atentados yihadistas perpetrados durante los últimos tres meses, aunque todavía es pronto para que se puedan extraer conclusiones sobre ello.

Tabla 3

Oriente Medio sigue siendo la región más afectada por la actividad yihadista. A lo largo de este mes, Afganistán, Siria e Irak han abarcado el 85% de los atentados ocurridos en esta región, siendo preocupante la violencia que se está dando en el país afgano y el repunte en Siria, mientras que en Irak, pese a darse atentados de forma diaria, los niveles han bajado considerablemente respecto a los dos últimos años. Será importante seguir de cerca la evolución que tiene el movimiento yihadista en Afganistán concretamente, ya que con toda probabilidad será durante los próximos años el principal epicentro.  Algo similar sucede especialmente en el Sahel, la otra gran región con mayor volatilidad, vacío de poder y porosidad de fronteras. La inestabilidad en esta región permite la proliferación de distintas organizaciones de carácter yihadista, lo que ha permitido que se conviertan en nuevos actores con un importante papel que jugar.

Por otro lado, las cinco acciones terroristas documentadas en el Sudeste Asiático marcan la cifra más alta de los últimos ocho meses, a excepción del mes de marzo donde se produjo el mismo número de atentados. Indonesia ha recibido gran parte de la atención mediática durante este mes a raíz del triple atentado suicida perpetrado en distintas iglesias por una misma familia de seis miembros en Surabaya (#62). Filipinas sigue siendo el país con mayor presencia yihadista y está por ver el futuro que es de ellos con la necesaria restructuración de grupos como Abu Sayyaf o Maute Group tras la muerte de sus líderes durante la recuperación de Marawi.

Europa ha vuelto a ser escenario de dos ataques llevados a cabo por individuos radicalizados. Tanto la acción ocurrida en París (#59) como la de Lieja (#109) han sido reivindicadas por Daesh, aunque no existe ningún indicio que haga pensar en la implicación directa de la organización en ellas. Posiblemente, y en el caso de que se consideren ambas como acciones terroristas, (la dada en Bélgica todavía no ha sido tratada como tal, aunque todo apunte a ello) la hipótesis más plausible es la de que se trataría de individuos (auto)radicalizados que han decidido actuar por cuenta propia.

La tabla superior es un claro indicativo de la presencia que tiene el terrorismo yihadista a escala global. El número de países donde se ha producido al menos un atentado que ha dejado víctimas en mayo por parte de organizaciones yihadistas o individuos que actúan bajo su influencia han sido 22: Irak, Siria, Afganistán, Pakistán, India, Yemen, Egipto, Libia, Mali, Nigeria, Camerún, Chad, Burkina Faso, Somalia, Kenia, Mozambique, Sudáfrica, Filipinas, Indonesia, Rusia, Francia, Bélgica. En el caso de este último, se ha decidido contabilizar la acción de Lieja como atentado terrorista a pesar de lo citado en el párrafo superior. No obstante, el perfil del individuo que ha cometido la acción, así como sus antecedentes de radicalización en prisión y el modus operandi utilizado en el ataque son circunstancias que se han tenido en cuenta a la hora de contabilizarlo como un caso de estudio más.

El hecho de que aparezca Sudáfrica dentro de este listado puede resultar llamativo, ya que hasta la fecha, en este país no se había dado ninguna acción que pudiese ser vinculada con la ideología del salafismo yihadista. Sin embargo, los acontecimientos desarrollados el día 10 en Durban (#47) en el que un individuo se adentró armado con un cuchillo en una mezquita chií, apuñalando a varias personas siembra un antecedente que es posible que se vuelva a repetir, de la misma forma que sucedió en Mozambique hace unos meses. De momento, las investigaciones hasta día de hoy tratan lo sucedido como un caso aislado por parte de un individuo autoradicalizado y afirman que estos hechos no están vinculados con el secuestro de dos ciudadanos ingleses ocurridos en febrero, aunque algunas fuentes ya señalaban que el radicalismo islamista podría estar detrás.

Conclusiones

El último medio año es una buena muestra de la constante evolución y transformación del terrorismo yihadista. En los últimos meses se ha visto cómo se producía la caída del califato del Daesh a medida que el foco de atención se trasladaba hacia Afganistán, país al que de hecho han llegado numerosos combatientes del Estado Islámico para unirse a Wilayat Khorasan. Por otro lado, la amenaza del yihadismo sigue expandiéndose por África, llegando cada vez más a lugares donde su presencia era inexistente o en todo caso anecdótica.

Es por ello que la comunidad internacional debe mostrar la atención necesaria, ayudando tanto a nivel militar como económico a aquellos países que por sí mismos están siendo incapaces de tomar medidas efectivas en materia antiterrorista para hacer frente al incipiente auge que está teniendo esta ideología en la mitad sur del continente africano. La incapacidad gubernamental, la pobreza, la falta de oportunidades y la imposibilidad de acceder a una buena educación siguen formando el caldo de cultivo idóneo para que la ideología del salafismo yihadista penetre en estas sociedades.

En la región del Sahel ya se ha demostrado que la reacción de las potencias está llegando demasiado tarde, y la inestabilidad es tal que el grado de inseguridad para sus propias fuerzas armadas es elevado, siendo esta una de las causas por las que su implicación se limita en muchas ocasiones. Europa especialmente debe ser consciente de que todos los cambios que se están produciendo en estas regiones de África afectan directamente a su seguridad y a su estabilidad. Es fundamental que se comience a actuar sobre las causas estructurales que obligan a millones de personas a desplazarse miles de kilómetros, lanzándose al mar en busca de una mejor vida y no nos limitemos a devolverlas al lugar del que partieron o a bloquear el acceso de los puertos a un barco repleto de seres humanos, porque estas decisiones no hacen más que volver al punto de partida de un ciclo que parece no tener fin.