Análisis de los atentados yihadistas en julio de 2017

Irak concentra el 40% de los atentados yihadistas de julio en un momento en el que Daesh pierde terreno y los talibanes intensifiquen sus ataques.

La actividad terrorista de etiología yihadista ha marcado un nuevo máximo desde que en julio de 2016 se fundó el Observatorio de Atentados Yihadistas y comenzó la monitorización de su actividad. Los 154 atentados y acciones cometidas por parte de grupos que representan la ideología del extremismo islamista son la muestra de una amenaza que crece y se expande a medida que avanza el tiempo. No obstante, a pesar del incremento de la actividad documentada a lo largo del mes de julio, se ha producido un descenso importante en cuanto al número de víctimas producidas, algoritmo que ha quedado establecido en 744 fallecidos. De la misma forma se ha reducido el número de países en los que se han producido ataques yihadistas este mes.

A lo largo de este análisis se comentarán algunas cuestiones que ya han sido previamente tratadas sin que se aporte información novedosa, pero necesaria para comprender el fenómeno que se trata y la contextualización a nivel general. En cambio, gracias al seguimiento realizado durante este mes se han podido observar acontecimientos y comportamientos por parte de algunas organizaciones de carácter yihadista de las que se puede extraer conclusiones a partir del análisis de los datos documentados. Algunas de estas cuestiones a tratar será el constatable aumento de las acciones terroristas de los grupos talibán en Afganistán, la línea ascendente de Boko Haram en cuanto a la utilización de mujeres y adolescentes en sus atentados suicidas o las consecuencias y el devenir de Mosul e Irak en general una vez que se ha producido de forma oficial su recuperación de la ciudad, trasladándose el foco de la lucha contra Daesh a la capital del califato en Siria.

Análisis

La presencia del terrorismo yihadista a nivel global ha puesto de manifiesto una vez más que las entidades que lo representan se ha convertido en la principal amenaza proveniente de actores no estatales para la seguridad internacional La difusión de su ideología es una realidad, como demuestra el surgimiento de nuevas agrupaciones que juran fidelidad a Daesh o al Qaeda o inician un camino propio inspirado en su doctrina. De la misma forma, su presencia en forma de atentados en regiones especialmente del Sahel y la región MENA se ha convertido en una pesadilla con la que tienen que convivir los ciudadanos de forma diaria desde hace ya demasiados años.

El incremento de la actividad registrada durante el mes de julio en términos generales se puede concretar en varios factores. Por un lado, la caída de Daesh en Mosul ha provocado que se dé un auge en cuanto a las acciones yihadistas cometidas por este grupo en el resto del territorio iraquí, siendo muchos de estos atentados en aquellos lugares que no hacen mucho formaban parte de su califato. Esta situación se puede entender como una muestra de algo que irá en aumento a medida que pierda el territorio que todavía mantienen bajo su poder, evolucionando esta organización de nuevo hacia un comportamiento con el que se puede identificar más a un movimiento insurgente que a un grupo terrorista con fines de la instauración de un califato. En cuanto a su existencia como organización terrorista, ésta puede ser delegada y descentralizada hacia sus filiales y grupos con los que han establecido vínculos en los últimos tres años, teniendo como modelo precedente el de al Qaeda.

Otros de los factores que explican el aumento de atentados de corte yihadista en el último mes ha sido la intensa campaña que han llevado a cabo los grupos talibán en Afganistán, arrebatando nuevos territorios a las autoridades gubernamentales a pesar de algún revés como es la reciente pérdida a manos de Daesh de la conocida región de Tora Bora, aunque puede ser entendido como algo más simbólico que como una pérdida territorial de relevancia. A medida que crece de nuevo la capacidad de los talibán en detrimento del gobierno afgano, que no hay que olvidar que en la actualidad ha perdido el control de cerca del 50% del territorio, aumentan las opiniones que acusan a Rusia de estar dando apoyo armamentístico y respaldo estratégico a estos grupos con la finalidad de aumentar su influencia en la región en términos geopolíticos y económicos a corto y medio plazo. En cuanto a la estrategia que parece estar siguiendo las autoridades afganas, ésta se focaliza en hacerse fuertes en las zonas urbanas y de importancia económica o política en detrimento de ir cediendo en aquellas que consideran menos importantes. En cualquier caso, el hecho de que el gobierno sea incapaz de hacer cumplir la ley en todo el territorio nacional es una evidente muestra de debilidad que sin duda está siendo aprovechada por la insurgencia.

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Analizando los atentados producidos este mes desde la perspectiva de su letalidad se concluye que la mayoría de los que se han producido se pueden considerar de un perfil bajo, produciendo pocas víctimas (hay que recordar que en todos los casos documentados se produce al menos una)y sin que se haya superado la decena de muertes en la mayoría de los casos. De esta forma se puede explicar el contraste entre el elevado incremento respecto a meses anteriores de los ataques yihadistas y la reducción de víctimas mortales. No obstante, se han producido algunos atentados que han tenido una letalidad considerable, aunque afortunadamente en ninguno de ellos se han producido más de un centenar de víctimas, como sí ha ocurrido en anteriores ocasiones. Un hecho sorprendente es que este mes entre los atentados que han provocado una mayor mortalidad no hay ninguno que haya sido cometido por Daesh, mientras que en anteriores meses la totalidad de ellos eran reivindicados por la agrupación de al Baghdadi. El atentado producido a finales de mes en Maiduguri, Nigeria, (caso #126 de la base de datos) en el que murieron 50 personas entre civiles y cuerpos de seguridad tras un ataque de Boko Haram sobre un equipo de prospección petrolífera ha sido el que más fatídico de todos. Además, en esta acción se produjeron varios secuestros y el grupo ha difundido varios vídeos en los que se muestra a estos rehenes. Por otro lado, los talibán reivindicaron el atentado en Kabul (#121) del 24 de julio en el que un terrorista suicida que conducía un coche lleno de explosivos se inmoló chocando contra un autobús en el que se encontraban trabajadores del gobierno. En el comunicado de los talibán afirmaban que en el interior del autobús se encontraban miembros de inteligencia afganos. Este mismo grupo cometió un día antes otro atentado en la provincia de Ghor (#116) cuyo objetivo en este caso fue asaltar un hospital matando a varios de los trabajadores y posteriormente quemando el edificio. Bien es cierto que éste no suele ser el modus operandi más recurrente a la hora de proceder según se puede observar en sus acciones cometidas durante los últimos meses, siendo más frecuente los atentados cometidos contra las fuerzas y cuerpos de seguridad.

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La tabla 2 refleja la supremacía de Daesh en lo que concierne a la actividad yihadista respecto a las otras organizaciones con mayor presencia. Es preciso aclarar que en términos reales, la distancia entre Daesh y el resto debe ser mayor, dado que la complicada situación en Siria e Irak a día de hoy hace prácticamente imposible contabilizar e informar por completo de todas las acciones terroristas que este grupo comete, dada su intensa actividad y la dificultad en cuanto a la presencia de medios y periodistas que puedan informar debidamente. Aun así, cerca del 40% de los atentados documentados han tenido lugar en un solo país: Irak.

A pesar de que la ciudad de Mosul ha sido recuperada de forma completa según informaron las autoridades iraquíes, los combates en la ciudad han seguido desde entonces, produciéndose a diario atentados en los que acaban muriendo población civil o los soldados y policías que se están encargando de controlar el territorio. Las explosiones de artefactos ubicados por distintos lugares siguen siendo habituales, estando muchos de ellos escondidos en las casas e incluso se han hallado algunos en juguetes infantiles. A ello hay que sumarle que los días posteriores a la toma oficial se siguieron produciendo enfrentamientos armados entre miembros de Daesh y fuerzas de seguridad, así como la muerte de civiles a manos de los francotiradores que se encontraban en distintos tejados de la ciudad. Entre estos civiles liberados se han ido infiltrando otros terroristas, incluyendo un gran número de mujeres, que se han inmolado en el momento de estar próximas a las fuerzas iraquíes. Resulta llamativo el hecho de que varios de los terroristas de Daesh optaron por vestirse de mujeres y “maquillarse” (basta con mirar alguna de las fotografías para entender el significado de las comillas) para pasar desapercibidos y conseguir así escapar de la ciudad, sin que algunos lograsen su objetivo.

En cuanto a otros grupos de etiología yihadista con mayor influencia de los que no se ha comentado nada en este análisis es Boko Haram. Desde principios de año parecía que la presencia del grupo se había deteriorado en gran medida gracias a la actuación de las fuerzas militares que están cooperando por parte de distintos países afectados, lo que les llevó incluso a hacerles perder su principal santuario en el bosque de Sambisa. A ello hay que añadirle las luchas internas por la más que posible escisión producida en su seno tras la jura de fidelidad a Daesh por parte de algunos de los miembros, mientras que otros siguieron fieles a Abubakar Shekau. No obstante, en los últimos meses se ha visto de nuevo cierto resurgimiento en cuanto a su actividad en torno al lago Chad. La estrategia que se viene observando en cuanto a sus atentados tiene una doble vertiente, pudiéndose apreciar por un lado que se están cometiendo tanto asaltos sobre infraestructuras castrenses como emboscadas a grupos reducidos de convoyes militares y patrullas policiales, mientras que por el otro se están nutriendo de los atentados suicidas cometidos en su mayoría por mujeres y adolescentes que se siguen inmolando en mercados o plazas donde concurre gran cantidad de gente. Ejemplo de ello son los dos atentados suicidas cometidos por grupos de cuatro chicas que participaron en cada uno de ellos. El primero se produjo el día 3 en Mora, Camerún (#3) y el día 17 en Maiduguri, Nigeria (#87). No hay que olvidar que gran parte de estas jóvenes que acaban participando en estos atentados son las mismas que meses o años antes han sido secuestradas por individuos de la organización, pudiendo acabar cometiendo estas acciones tras haber entrado en un proceso de adoctrinamiento y radicalización o como una alternativa sin salida a su cautiverio.

Al Qaeda sigue manteniendo la misma línea asimétrica a Daesh. A medida que el califato se desmorona y la derrota militar, que no ideológica, del Estado Islámico se acerca, al Qaeda vuelve a ocupar poco a poco ese espacio vacío. El éxito de la estrategia diseñada por sus líderes basada en dejar todo el protagonismo a Daesh para que cayese toda la presión de las fuerzas nacionales e internacionales a la hora de hacerle frente le han permitido a al Qaeda ocupar un segundo plano a partir del cual descentralizaron su actividad sobre sus franquicias regionales. A día de hoy parece que la estructura central ha vuelto a coger peso y es posible que gracias a estos lazos y vínculos que se han ido estrechando durante sus años en la sombra con sus aliados regionales su regreso pueda tener mayor fuerza que la que mostró en su origen. La conexión entre estas franquicias y las ayudas logísticas que se puedan suministrar unas a otras pueden ser claves en la realización de atentados futuros a escala global.  Una muestra del potencial de las entidades vinculadas a al Qaeda son las acciones yihadistas de Jamaat Nasr al Islam, grupo creado hace pocos meses bajo su amparo, que le han llevado a convertirse en una de las mayores amenazas para Mali y el Sahel de cara a un futuro próximo.

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Las dos grandes regiones mundiales que concentran la actividad yihadista son y seguirán siendo la región MENA y el Sahel, ya que reúnen todos los condicionantes necesarios para que la supervivencia y el surgimiento de nuevas formaciones basadas en la doctrina del salafismo yihadista, siendo algunos de estos factores la debilidad e incapacidad de las autoridades para garantizar la seguridad y la inestabilidad política, traduciéndose a la larga en Estados fallidos donde el control del territorio lo acaban ostentando y ejerciendo los grupos terroristas. En este sentido, es especialmente preocupante la situación que se está desarrollando en el Sahel donde es necesario el aumento de la cooperación de los países occidentales con los gobiernos locales en lo que concierne al ámbito del desarrollo y especialmente en la lucha contra el auge del terrorismo, ya que el descontrol y el caos actual en la región afectarán directamente en un futuro inmediato a los intereses de Europa si no se ponen medidas urgentes. En esta región es especialmente preocupante el nexo creado entre las organizaciones yihadistas y actividades relacionadas con el tráfico de estupefacientes y la trata de personas.

Por otro lado, en cuanto a Oriente Medio, es innegable que a día de hoy sigue siendo la región más convulsa e inestable del mundo. La caída del califato de Daesh no supondrá en ningún caso la desaparición de la ideología del salafismo yihadista, el cual seguirá activo hasta que no se implementen medidas multidimensionales y multidisciplinares que pretendan solucionar el problema desde su base. Para ello será necesario que tanto los gobiernos occidentales como los propios líderes de los Estados musulmanes caminen en la misma dirección, dejando sus rivalidades geopolíticas y estratégicas a un lado porque mientras se siga financiando y dando respaldo a estas organizaciones terroristas con el objetivo de conseguir un beneficio propio, el yihadismo seguirá siendo una lacra para la población, especialmente en aquellos países afectados directamente por su actividad.

En cuanto a la presencia yihadista en Occidente se ha podido observar una vez más que la atención mediática en torno a este fenómeno está relacionada directamente con su presencia en forma de atentados en los países occidentales. Este mes, apenas se ha dado un caso sucedido en Hamburgo (#145) en el que un individuo con un arma blanca apuñaló a varias personas, acabando con la vida de una de ellas. En un primer momento las autoridades apuntaron a que el autor era una persona con problemas mentales, aunque las investigaciones señalaron poco después que el individuo era un conocido islamista que tenía vínculos con grupos de ideología radical, por lo que la existencia de una inspiración yihadista parece clara.

El hecho de que la atención que se le da desde Occidente al terrorismo de perfil yihadista se limite prácticamente a la existencia de atentados en este territorio provoca que de cara a la percepción social se forme un panorama distorsionado en el que no se muestra la realidad en su totalidad, que es ni más ni menos que la presencia diaria de atentados de esta etiología en países de mayoría musulmana, siendo este axioma olvidado por muchos.

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Siguiendo la misma línea, a partir de los datos ofrecidos por los Estados que se han visto afectados a lo largo de este mes por atentados o acciones de carácter yihadista se aprecia que de los 19 países que se encuentran en este listado, solo Alemania por el caso de Hamburgo representa a Occidente. No obstante, la gráfica superior refleja la disminución que se ha producido este mes respecto al máximo marcado el mes anterior, siendo entendida esta evolución como algo más anecdótico sobre la que no se pueden sacar grandes conclusiones. Sería extraño que este fenómeno siga a la baja durante los próximos meses, ya que como se está viendo, la presencia del yihadismo global cada día es más amplia. Los 19 países afectados este mes han sido: Irak, Siria, Afganistán, Pakistán, India, Yemen, Egipto, Libia, Mali, Níger, Nigeria, Chad, Camerún, Burkina Faso, Somalia, Kenia, Filipinas, Tailandia y Alemania. Gran parte de los Estados enumerados componen todos los meses el listado elaborado, lo que demuestra que en estas regiones la presencia del terrorismo yihadista es una amenaza consolidada a la que tienen que hacer frente tanto la población como las autoridades gubernamentales.

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Por último, la tabla 5 refleja la dualidad de los blancos fijados por las organizaciones yihadistas en sus acciones. Este mes se ha vuelto a dar un incremento exponencial en lo que concierne a atentados contra población civil. En cuanto a los ataques cometidos contra objetivos militares se ha dado este mes que además de los repetidos atentados contra fuerzas y cuerpos de seguridad, por parte de distintos grupos yihadistas se han dado acciones contra otras formaciones rivales de la misma índole. Esta situación es algo frecuente, especialmente en Irak, aunque este mes es destacable el hecho de que Tahrir al Sham haya cometido varios de estos atentados contra blancos de otros grupos yihadistas con los que se están disputando determinados territorios.

Reflexión final

La definitiva derrota de Daesh en la ciudad de Mosul supone la pérdida de una de las mayores reliquias de su califato. En pocos meses Raqqa tendrá el mismo destino y la caída total de sus territorios es solo cuestión de tiempo. No obstante, es fundamental que se aprenda de los errores del pasado y no se caiga de nuevo en el sectarismo convertido en sed de venganza que ya asoló Irak hace unos años, porque precisamente de ahí es donde encuentran la ideología salafista yihadista el caldo de cultivo idóneo para su surgimiento. Así mismo, la derrota de Daesh a nivel militar propiciará que el grupo evolucione de nuevo hacia una forma de terrorismo basada en la insurgencia, como ya se está viendo en varias ciudades que hasta no hace mucho obedecían sus directrices.

La estabilidad para Oriente Próximo en los años venideros se antoja como una utopía por la cantidad de conflictos nacionales y regionales que existen y en los que se encuentran implicados numerosos actores. La rivalidad entre Arabia Saudí e Irán en un contexto que emula a la Guerra Fría que mantuvieron Estados Unidos y la URSS puede ir cogiendo temperatura y acabar por convertirse en un enfrentamiento directo por la supremacía de Oriente Medio. En este sentido será interesante ver la posición que van adoptando tanto el resto de naciones regionales como las potencias mundiales, ya que entre Estados Unidos y Rusia la línea que separa el entendimiento del enfrentamiento parece más estrecha que nunca, oscilando hacia uno u otro lado dependiendo del momento. A ello hay que sumarle el papel de Turquía y su empeño en evitar que el pueblo kurdo siga adquiriendo nuevos territorios bajo la amenaza de reclamar la independencia de ellos. Además, las tensiones surgidas entre Ankara y Washington a raíz del apoyo de Estados Unidos a los grupos kurdos en su lucha contra Daesh será otro conflicto que vaya en aumento a medida que los grupos kurdos utilicen esa ayuda en forma de armamento y entrenamiento para conseguir sus objetivos en detrimento de Turquía. De la misma forma, el futuro de Siria, el incremento de la rivalidad entre Afganitán y Pakistán y de éste último con la India por el control de la región de Cachemira, la guerra en Yemen o el conflicto árabe-israelí seguirán siendo claves en la evolución de Oriente Medio y en su (in)estabilidad.

*En conmemoración del primer aniversario de la creación del Observatorio de Atentados Yihadistas durante las próximas semanas se publicará un nuevo análisis en el que se abordará la evolución del terrorismo de carácter yihadista durante este último año y se hará un balance de todos los casos de estudio documentados.