Análisis de los atentados yihadistas en mayo de 2017

El llamamiento de Daesh a atentar durante el Ramadán se aprecia en las estadísticas de abril: aumentan los atentados a al menos 135 y suman 1.310 víctimas.

El inicio de la ofensiva de primavera por parte de los grupos talibán sumado a la llamada por parte de Daesh para cometer mayores atentados durante el Ramadán, iniciado a finales de mes, se han traducido en un incremento exponencial de la actividad yihadista a lo largo del mes de abril. No obstante, las previsiones no son nada halagüeñas durante los primeros días de mayo, esperándose que esta tendencia se mantenga.

Los 135 casos de estudio documentados por el Observatorio de Atentados Yihadistas registrados en 23 países son los causantes de que al menos 1.310 personas hayan muerto como consecuencia de la actividad del terrorismo yihadista durante el mes pasado.

El análisis que se presenta a continuación trata de ofrecer las claves de este mes en lo que concierne al desarrollo de la actividad del terrorismo islamista, quedando encuadrado todo ello desde la contextualización y la perspectiva general de un fenómeno mundial representado por decenas de entidades y organizaciones que tratan de ampliar su influencia haciendo uso del terror y respaldándose de una visión rigorista e interesada de los preceptos del Islam.

 

Análisis

El balance que se puede realizar en términos genéricos de la actividad realizada por grupos de etiología yiahdista es de un considerable aumento en cuanto a las acciones perpetradas por estos grupos. Los atentados, las ejecuciones y el hallazgo de fosas comunes con centenares de cuerpos siguen siendo una realidad diaria presente en varios países de Oriente Medio donde el califato de Daesh sigue controlando diversos territorios en Siria e Irak, aunque cada vez en menores proporciones. Mientras, por otro lado se vislumbra el resurgimiento de al Qaeda, no tanto en términos de actividad terrorista sino más bien por un aumento de su presencia a través de los comunicados emitidos y el incipiente protagonismo que comienza a tener Hamza Bin Laden, a quien muchos ven como el digno sucesor de la organización que hasta hace unos años lideró su padre.

El número de casos de estudio documentados este mes es de 135, siendo considerable el aumento respecto al mes anterior en el que se registraron 97. En cuanto a las víctimas, el número de personas fallecidas ha sido de 1.310, mientras que es preciso recordar que en abril se cifró en 2.425, entre las que se incluyen los 1.600 cuerpos de yazidíes ejecutados por Daesh y encontrados en una fosa común. La media de fallecidos por atentado ha aumentado respecto a meses anteriores, quedando cerca de 10 muertos por cada acción perpetrada por grupos yihadistas, mientras que en otras ocasiones oscilaba entre 7 y 8.

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En cuanto a los atentados más virulentos, destaca por encima del resto el ocurrido a final de mes en Kabul, en el que un camión bomba con gran cantidad de explosivos estalló en la zona diplomática, causando 90 muertos, aunque algunas fuentes han aumentado la cifra por encima del centenar. Este ataque no ha sido reivindicado y los talibán emitieron un comunicado en el que no se hacían responsables de dicho acto, recayendo todas las sospechas sobre Daesh, quien además ya había cometido un atentado de similares características en el mismo punto semanas antes. Por otro lado, es preciso destacar la ofensiva lanzada por Daesh en la provincia de Hama el día 18 de mayo en el que se produjeron varios ataques lanzados sobre posiciones gubernamentales, así como atentados indiscriminados contra la propia población. Además, no hay que olvidar el hallazgo de una fosa común con más de 100 cadáveres en Tabqa, siendo presumiblemente el Estado Islámico el responsable de dicha acción tanto contra fuerzas de seguridad como contra la población civil. Mientras, el día 13 de mayo, se produjo una nueva ejecución más en la que Daesh acabó con la vida de 145 personas en Mosul, tras ser capturadas mientras intentaban huir de la ciudad. No hay que olvidar que la cifra de personas que han sido ejecutadas por este motivo en la ciudad asediada asciende a varios miles, tras más de medio año en el que las fuerzas gubernamentales y sus aliados continúan haciendo retroceder a Daesh. De las ejecuciones no se libran ni sus propios combatientes, siendo algunos de ellos ejecutados por sus propios compañeros tras ser descubiertos mientras intentaban desertar o tras negarse a intervenir en el campo de batalla. El objetivo de estas acciones es evidente, ya que se trata de evitar que otros miembros de la organización tomen el mismo camino y vean con sus propios ojos lo que les sucederá a ellos en caso de que decidan actuar como sus “traidores” compañeros.

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Observando la tabla superior se aprecia el importante incremento de los atentados cometidos por el Estado Islámico, especialmente en aquellos países de Oriente Medio donde tiene una fuerte presencia, como se verá posteriormente en el análisis sobre la diversidad geográfica. Las acciones perpetradas por Daesh que ha conllevado al menos la muerte de una persona es cercana a las 90, dándose alguna de ellas diariamente en ciudades como Mosul o Bagdad, donde las explosiones de coches bomba, la presencia de terroristas suicidas y las sumarias ejecuciones son una realidad para la población desde hace varios meses. El importante aumento de los ataques de Daesh puede ser entendido como un intento de mostrar músculo, especialmente en los territorios donde se encuentra en clara desventaja en estos momentos, ya que pueden servir para aumentar la moral de sus miembros ante unas circunstancias evidentemente desfavorables frente a las fuerzas iraquíes y de la coalición. Se espera que a lo largo de junio sea completa la victoria sobre Mosul y se consiga expulsar a los partidarios de Daesh de los últimos barrios en los que tienen presencia, tras lo cual se trasladará el foco hacia Raqqa, la capital del califato. Recuperar esta ciudad no será fácil, no solo por la dura resistencia que ofrecerá Daesh, sino además porque es preciso tener en cuenta los intereses puestos por múltiples actores que están deseando recuperar cuanto antes el territorio para que éste quede bajo su influencia. Es muy alta la probabilidad de que a raíz de ello surjan conflictos entre las fuerzas del régimen sirio, que cuenta con el apoyo de Rusia, los kurdos que reciben ayuda por parte de Estados Unidos y las milicias chiíes respaldadas por Irán. El entendimiento entre todas las partes será fundamental para la recuperación de Raqqa, ya que como se ha visto en otras ocasiones, Daesh ha sabido aprovechar en su beneficio las rivalidades de los distintos actores regionales.

La campaña de primavera iniciada por los talibán en el mes de abril ha tenido su continuación en mayo, como se ha podido apreciar en los múltiples atentados que han cometido contra distintos objetivos militares y policiales tanto en Afganistán, así como por parte de su rama en Pakistán. Además, en el intento por dominar la provincia de Nangarhar los choques y enfrentamientos armados con miembros de Daesh han sido frecuentes, especialmente a inicios de mes, dándose varios ataques entre unos y otros que se saldaron con víctimas por parte de ambos grupos. No obstante, Daesh recibió un duro golpe a finales de abril tras publicarse hace varias semanas la muerte del líder del Estado Islámico en Afganistán, Abdul Hasib, tras una operación de la OTAN y Estados Unidos en Nangarhar. Aun así, es una realidad que Afganistán es un Estado fallido por la incapacidad política y la debilidad gubernamental frente a los grupos insurgentes, llegando éstos a controlar cerca del 50% del territorio. Otra muestra de las rivalidades existentes entre los propios grupos yihadistas se dio en Idlib el día 21 cuando se produjo un atentado suicida presumiblemente por parte de Daesh junto a la sede de Ahrar al Sham.

En cuanto al resto de organizaciones yihadistas más importantes no se han producido grandes variaciones. En cuanto a Boko Haram, sigue teniendo como característica execepcional el hecho de que un alto porcentaje de sus terroristas suicidas son mujeres, como se ha vuelto a comprobar este mes con varias acciones de este tipo en las que incluso se han producido triples atentados suicidas de forma simultánea y siendo mujeres las autoras, entre las que se encuentran muchas adolescentes. Algunas investigaciones han apuntado que es posible que varias de estas adolescentes que acaban inmolándose en los atentados han sido chicas secuestradas que en un intento de escapar de su cautiverio han intentado ofrecerse como voluntarias para cometer estos actos. Por otro lado, se baraja la posibilidad de que muchas de ellas son engañadas para perpetrar estos atentados o incluso que realmente acaban siendo atraídas por la propia ideología yihadista y deciden por voluntad propia participar en ellos. Lo que es una realidad es que el fenómeno de mujeres que participan en acciones suicidas dentro de la organización de Boko Haram es algo único dentro de los grupos de ideología salafista. Respecto a al Shabaab, este mes ha vuelto a cometer varios atentados contra objetivos gubernamentales en la capital Mogadiscio, así como en los territorios fronterizos de Kenia, por donde sigue intentando tener una mayor influencia. En cambio, el aumento de la presencia de Daesh en la región de Puntland puede convertirse en un conflicto de cara a un futuro cercano, ya que han sido varios los atentados que ha reivindicado el Estado Islámico en Somalia durante los últimos meses. De hecho, en mayo se ha producido el primer atentado suicida reivindicado por Daesh en el país del Cuerno de África.

Al Qaeda sigue siendo representada por sus filiales y franquicias en lo que respecta a la actividad terrorista, especialmente por la organización yihadista Jamaat al Nusrat wal Islam wal Muslim, que desde su fundación hace apenas tres meses tras la aglutinación de vario grupos ya existentes en Mali ha conseguido perpetrar varios atentados contras las fuerzas militares de la MINUSMA y aumentar por amplias regiones su presencia, convirtiéndose en poco tiempo en una de las principales amenazas para la seguridad del Sahel. Por otro lado, el que había sido el líder de al Morabitoun, el conocido Mohktar Belmohktar ha sido apartado del cargo según diversas fuentes, siendo sucedido por otro argelino, Abderrahmane al Shanhaji.

Es preciso comentar la situación en Egipto donde desde el mes pasado permanece instaurado el estado de emergencia debido al aumento de la actividad terrorista de Daesh, así como de su filial en la Península del Sinaí, Wilayat Sina, quien a lo largo de este mes ha seguido perpetrando varios atentados siguiendo su política sectaria y centrando estas acciones en la población copta. Frente a esta persecución, a los coptos solo les queda huir, ya que por lo que se ha visto hasta la fecha, el gobierno de Sisi no está ofreciendo la seguridad necesaria y se muestra incapaz de hacer frente a esta situación. La matanza del día 26 en Minia en la que murieron cerca de 30 personas de esta religión tras ser acribillado a disparos el autobús en el que se encontraban es uno de las decenas de ejemplos que se han dado durante los últimos meses.

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Oriente Medio sigue siendo la región más afectada por el terrorismo de corte yihadista, y no hay que olvidar que la gran mayoría de la población que allí reside profesa la religión del Islam. Los principales epicentros de la actividad se encuentran en gran medida en los territorios bajo la presencia del califato de Daesh, es decir Siria e Irak. No obstante, tampoco hay que olvidar otros Estados donde la violencia del extremismo religioso es constante como Afganistán, Pakistán o Yemen, país al que además hay que añadirle la guerra civil y la reciente propagación de enfermedades por la falta de alimentos y medicamentos, siendo miles las personas que han fallecido a causa de ello y sin que apenas la opinión pública ni los medios de comunicación se hayan pronunciado al respecto.

Por otro lado, el Norte de Africa y el Sahel siguen siendo los otros grandes focos de presencia yihadista, con la peculiaridad de que en esta región convergen los grupos de ideología salafista que expanden su influencia a partir de actividades como el narcotráfico o la trata de seres humanos con la actividad yihadista. A ello hay que sumarle la porosidad de las fronteras entre los países, una característica que facilita el tráfico tanto de recursos logísticos como humanos, llegando a darse casos frecuentes en los que se ha demostrado una colaboración entre grupos ligados a al Qaeda y Daesh, sin que ello suponga un problema para ninguna de las partes implicadas.

En este punto es importante detenerse en la situación actual del Sudeste Asiático. Desde hace varios meses, en los anteriores análisis ofrecidos por el Observatorio de Atentados Yihadistas se viene alertando sobre el aumento de la presencia de grupos vinculados a Daesh que están expandiendo su influencia. Este mes ha quedado plasmada esta realidad tras la ofensiva realizada por el Maute Group sobre la ciudad de Marawi. Es fundamental tener en cuenta que este ataque le ha permitido hacerse con el control de la ciudad y en el momento en el que se escriben estas líneas han pasado cerca de dos semanas sin que las fuerzas filipinas hayan conseguido recuperarla. Por tanto, nos encontramos ante una situación en la que un grupo yihadista ha conseguido hacerse con el control de una ciudad, siendo un hito histórico en la región. Los esfuerzos que están depositando a la hora de defenderla y el tiempo que llevan haciéndolo sugiere que esta acción no trataba simplemente de cometer una ofensiva y retirarse, sino más bien tenía el objetivo de hacerse realmente con el control territorial de la ciudad, más si cabe tras observar la incapacidad de las fuerzas militares para tomar las riendas de la situación. Hasta el momento, las cifras de víctimas superan con creces el centenar y es previsible que a medida que vayan pasando los días se produzca un recrudecimiento de la situación, por lo que con toda seguridad este número aumentará.

En cuanto a la situación en Occidente es innegable que desde hace cerca de dos años vivimos inmersos en una oleada de atentados yihadistas sin precedentes, produciéndose ataques de estas características de forma períodica, y aunque es cierto que en términos cuantitativos no puede compararse con la situación de Oriente Medio, si se trata de una amenaza real que ha quedado plasmada por distintas ciudades europeas, como ha quedado de nuevo de manifiesto tras el atentado de Manchester. La gran complejidad del terrorismo actual en Europa reside en el hecho de que gran parte de los autores de estos atentados son oriundos de allí donde deciden actuar, siendo insuficientes los recursos de los que disponen los servicios de seguridad e inteligencia a la hora de hacer frente a este terrorismo yihadista de carácter autóctono. Es preciso que se adopten las medidas necesarias en materia antiterrorista para dotar de los medios necesarios a las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia, así como un mayor control sobre las redes sociales y los incipientes casos de radicalismo.

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La tabla 4 refleja el número de países en los que el terrorismo yihadista ha estado presente de forma directa mediante al menos un atentado en el que se cumplen los requisitos para ser contabilizados como caso de estudio por esta investigación. Como se observa, el mes de mayo supone un nuevo récord en torno a esta cuestión, ya que han sido 23 los países afectados, siendo estos: Irak, Siria, Afganistán, Pakistán, Yemen, Arabia Saudí, Egipto, Libia, Nigeria, Mali, Níger, Chad, Camerún, Burkina Faso, Somalia, Kenia, India, Bangladesh, Tailandia, Filipinas, Indonesia, Rusia y Reino Unido.

Este dato representa de forma empírica que nos encontramos en la actualidad ante un fenómeno más global que nunca, en el que la presencia de organizaciones yihadistas a escala global posibilita que se cometan atentados por prácticamente toda la geografía mundial. En los propios países occidentales se puede apreciar esta evolución, ya que la sociedad y la opinión pública ha pasado de ver el terrorismo yihadista como algo lejano y esporádico a una amenaza que se presenta de forma impredecible y repentina de forma más asidua, aunque como ya se ha dicho, siga siendo considerablemente inferior a la actividad de estos grupos en otras regiones.

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En cuanto a los objetivos fijados a la hora de cometer los atentados se aprecia un mes más que el terrorismo yihadista no distingue entre blancos civiles y militares. Es cierto que determinados grupos, como son al Shabaab, los grupos insurgentes en Mali o recientemente los talibán, tras el inicio de su campaña de primavera, focalizan más la atención en las fuerzas de seguridad, mostrando una especial predilección por patrullas tanto militares como policiales que se encuentran por las calles y asaltos sobre infraestructuras de defensa, como pueden ser acuartelamientos o las propias comisarias. En cambio, analizando el comportamiento de Daesh en torno a esta cuestión, se aprecia que gran parte de sus acciones van dirigidas contra la población civil, cometiendo atentados de forma recurrente en comercios o grandes concentraciones en las que el número de víctimas es considerable. Durante este mes existen varias muestras de ello, como es el propio atentado de Manchester o el producido a final de mes durante el inicio del Ramadán en Bagdad donde se produjo la explosión de un vehículo bomba junto a una heladería en la que había varias familias con niños. Esta violencia desmedida por parte del Estado Islámico contra todos aquellos a los que consideran infieles o apóstatas por no compartir su ideología rigorista y extremista ha provocado que incluso la propia población musulmana sea la más afectada por sus atentados.

Históricamente, los grupos insurgentes han sido conscientes de que un uso ilimitado y desmedido de la violencia sin justificación alguna contra la propia población acaba provocando la pérdida de respaldo social, por ello, los talibanes suelen ser los primeros en emitir comunicados negando su participación en atentados con los que se le relaciona y donde mueren decenas de civiles, como ya ocurrió en el ataque con coche bomba en la zona diplomática de Kabul.

Conclusiones

Que el terrorismo de carácter yihadista se ha convertido en la principal amenaza para la seguridad de los ciudadanos a escala mundial es algo incuestionable. Su presencia cada vez es mayor en regiones donde tradicionalmente no había tenido cabida, aprovechando en la actualidad cualquier oportunidad de fragilidad gubernamental y desestabilización política para hacerse con el control sobre el territorio y expandir su influencia. El último ejemplo de ello se ha dado en Marawi, donde un centenar de miembros de Maute Group, vinculado a Daesh en el Sudeste Asiático, ha conseguido hacerse con el control de una ciudad en Filipinas. No obstante, parece paradójico el hecho de que un acontecimiento como este pase prácticamente desapercibido en los medios occidentales.

Por otro lado, un mes más vemos como estos mismos medios se han volcado con información, investigaciones y programas especiales tras el atentado producido en Manchester en el que un individuo aprovechó la relajación de las medidas de seguridad a la salida de un concierto multitudinario al que asistió en su mayoría un público joven para inmolarse y causar la muerte de 22 personas. En cambio, las noticias que se han ofrecido del resto de atentados recogidos en los casos de estudio presentados en esta investigación poco o nada se conoce. Es entendible que se aluda a la proximidad geográfica, histórica o cultural para justificar la mayor relevancia a los acontecimientos que suceden en territorio europeo, pero es incuestionable que ello conlleva un tratamiento de discriminación entre las propias víctimas. No obstante, todavía es más importante destacar que mientras no se trate el terrorismo yihadista de forma uniforme, es decir, analizando el fenómeno desde la perspectiva global y no únicamente en un enfoque occidental, se seguirá ofreciendo a la sociedad una imagen distorsionada y alejada de la realidad, haciendo pensar que nosotros somos el epicentro de sus ataques.

Es necesario que se entienda que estamos ante un fenómeno de carácter global, un terrorismo que golpea diariamente ciudades de Irak, Siria, Mali, Somalia o Filipinas y que los atentados producidos en Europa se encuentran inmersos de este contexto, no como hechos ajenos a él. Hace tiempo que ha quedado patente que no se puede combatir exclusivamente al yihadismo mediante el uso de la fuerza militar y que se necesita una apertura de miras a partir de un enfoque multidisciplinar que aglutine no solo a los países occidentales, sino a toda la comunidad internacional. Si realmente se desea combatir esta amenaza, lo primero que hay que hacer es dejar a un lado los intereses geopolíticos y económicos y priorizar en la seguridad internacional, la cual parece estar más subordinada a los intereses políticos que a garantizar la tranquilidad y la protección de la sociedad.

*El Observatorio de Atentados Yihadistas es una investigación de Carlos Igualada, experto en análisis de terrorismo yihadista del Observatorio de Estudios sobre Terrorismo.