Cuando el MPAIAC mató en Canarias

Rafael Valdenebros Sotelo tenía 27 años, estaba casado y tenía dos hijos cuando fue asesinado por el Movimiento Para la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (Mpaiac). Era policía y estaba destinado en Tenerife en el Grupo Especial de Desactivación de Explosivos. El 24 de febrero de 1978, Rafael y sus compañeros recibieron un aviso que alertaba de la colocación de una bomba, desplazándose inmediatamente hasta el lugar de los hechos. El Mpaiac había colocado un artefacto explosivo en la sede del banco de Vizcaya en La Laguna. La bomba, compuesta por ocho cartuchos de goma-2, explotó cogiendo por sorpresa a Rafael, que moriría trece días después a consecuencia de las gravísimas lesiones que le produjo la detonación. Han pasado cuarenta años desde aquel 24 de febrero en el que Rafael sufrió el atentado que acabó con su vida. Antes de fallecer, afirmó que no había pensado en el riesgo de la acción. Mientras manipulaba el explosivo, su único pensamiento era que mujeres y niños podían resultar dañados por el artefacto.

La actividad terrorista del Mpaiac, liderado por Antonio Cubillo, había comenzado un poco antes. El 1 de noviembre de 1976, una bomba explosionó en las afueras de Galerías Preciados -hoy en día El Corte Inglés- en la calle Mesa y López de la capital Gran Canaria, dejando daños materiales y algún herido leve. Fue la primera acción del grupo terrorista. En medio del delirio nacionalista que empujaba al Mpaiac hacia la violencia, su líder Cubillo se expresaba en los siguientes términos en la revista Guadiana: “Estamos en relación con todos los partidos que reconocen el hecho colonial canario. (…) ETA, en tanto que organización revolucionaria de Euskadi, el PC (i) y el PC (r), son partidos que prueban en la práctica una política revolucionaria y de reconocimiento de nuestros derechos independentistas. Es a estos partidos y organizaciones a los que hemos de recurrir de cara a la ayuda y al apoyo internacional”. Así pues, el espejo ante el que se ponía Cubillo y el Mpaiac era el de ETA, asumiendo una estrategia terrorista y utilizando una retórica influenciada por movimientos independentistas tercermundistas, los cuales justificaban las acciones violentas y conformaban el argumentario de la organización. Esta influencia tercermundista de movimientos de liberación nacional tuvo su impacto no solo en el Mpaiac, sino en otros grupos terroristas europeos de la época que encontraban en esos posicionamientos ideológicos una manera de racionalizar la violencia.

La obsesión nacionalista que clamaba contra la colonización y explotación de Canarias desde España siguió alimentando las acciones terroristas del grupo hasta mediados de 1978. El 15 de febrero de 1977 en Las Palmas de Gran Canaria, cerca de la plaza de la Feria en lo que era el antiguo Gobierno Civil, un miembro del Mpaiac se acercó a un vehículo de la Policía, ocupado por seis miembros del cuerpo, lanzó una granada contra el vehículo y huyó. Tal y como recogen las crónicas de la época, la granada no llegó a entrar dentro del vehículo, cayendo debajo de éste y explosionando. Provocó que reventase el tanque de combustible que, sin embargo, no llegó a arder al tratarse de gasóleo. Que no fuese un atentado mortal fue cuestión de suerte y puntería. Tan solo un mes después, el Mpaiac colocó una bomba en una floristería del aeropuerto de Gando. La explosión dejó ocho heridos de diversa consideración entre los que se encontraba Marcelina Sánchez Amador, la florista. Marcelina vivió toda su vida con secuelas a raíz del atentado, siendo sometida a numerosas intervenciones quirúrgicas hasta su fallecimiento en 1993 a los 41 años. Además, se produjo un segundo aviso de bomba que obligó al cierre del aeropuerto de Gran Canaria y al desvío de los vuelos hacia Los Rodeos en Tenerife. Las consecuencias indirectas de la acción del Mpaiac, desembocaron en el peor accidente aéreo de la historia de la aviación, falleciendo los 583 pasajeros de los dos Boeing 747 (KLM y Pan Am) que colisionaron sobre la pista. El líder de la organización terrorista afirmó posteriormente que “Canarias se encuentra en estado de guerra desde el primero de noviembre (…) hemos advertido a todos los turistas que no vengan a las islas mientras no se alcance la independencia y se normalice la situación”. Además, el Tribunal Supremo, en sentencia 67/2014 del 7 de enero, recoge en un apartado que “la causa de la inusual saturación del tráfico aéreo en el aeropuerto de Los Rodeos fue la explosión en el aeropuerto de Gando”, quedando así patente la relación causa-efecto y la responsabilidad del grupo en el accidente. Pero el Mpaiac no sólo actuaba mediante la colocación de explosivos. A final de 1977 en Tenerife miembros del grupo atentaron contra unos grandes almacenes lanzando cócteles molotov que provocan daños materiales. Unas horas después, dos policías que montaban guardia en la escena del ataque resultaron heridos -uno de ellos de gravedad- después de ser tiroteados desde un coche.

Esto pone de manifiesto que las acciones emprendidas por el grupo distaban de ser pequeñas acciones propagandísticas, puesto que, si bien es cierto que la mayoría de los artefactos explosivos que colocaron solo produjeron daños materiales, también es cierto que algunas de sus acciones se saldaron sin víctimas mortales por cuestión de suerte.

Por suerte para los canarios, el terrorismo del Mpaiac cesó su actividad violenta ese mismo 1978, por lo que su trayectoria violenta comparada con otros grupos terroristas nacionales como ETA o los Grapo es corta. No obstante, ninguna sociedad está inmunizada contra el veneno del nacionalismo identitario, por lo que conocer y dar a conocer nuestra historia es una vacuna que previene de posibles tentaciones futuras. Además, el valor de las víctimas del terrorismo y mantener viva su memoria son herramientas poderosas y eficaces para la deslegitimación del terror, y en este caso concreto, pone al Mpaiac en el lugar de la historia que le corresponde.

*Este artículo fue publicado originalmente en La Provincia.