Atentar contra nuestros valores

La reivindicación por parte de Daesh del atentado de Londres no hace más que confirmar las pesquisas iniciales. Ahora la cuestión se centrará en conocer el grado de relación entre la organización y el individuo que perpetró la acción.

El modus operandi empleado en el atropello del Puente de Westminster utilizando un vehículo como arma coincide en sus características con los recientes atentados Londres Westminstercometidos en Niza o Berlín, mientras que el uso de armas blancas para cometer estas acciones es un elemento al que se ha recurrido anteriormente y en distintas ocasiones, como fue en el ataque de tren de Alemania o el asesinato de un soldado británico en plena calle de Londres. No hay que olvidar que una de las singularidades de la propaganda yihadista durante los últimos tiempos se ha centrado en promover e incitar a individuos radicalizados para cometer atentados contra los infieles a partir de medios y recursos que tengan a su disposición, incluyendo cualquier objeto que pueda ser utilizado como arma y haciendo especial mención al uso de vehículos de grandes dimensiones por su capacidad de causar mayor número de víctimas y daños materiales. Así lo señalaba la revista de propaganda yihadista Rumiyah del mes de noviembre, copiando el mensaje que anteriormente ya se afirmaba desde al Qaeda.

No obstante, a partir de un análisis de los distintos atentados islamistas sucedidos en Europa en los últimos años se aprecia una característica común que en ocasiones se pasa desapercibida, pero que tiene una relevancia fundamental, siendo ésta el simbolismo o el trasfondo que se esconde detrás de la acción de atentar. Si se atiende a las diferencias entre los ataques cometidos en Europa y el resto del mundo se observa que mientras en Oriente Medio, en el Magreb o el Sahel los atentados se producen indistintamente en mercados, en plena calle o lugares con grandes aglomeraciones, en el caso de ciudades europeas es evidente que existe una conciencia clara a la hora de elegir el lugar en el que se comete el ataque. De esta forma, no sólo se trata de causar más o menos víctimas, sino de conseguir el impacto mediático por el hecho de atentar directamente contra un símbolo que represente nuestros valores o nuestro estilo de vida.

De esta forma se puede apreciar que los grandes atentados cometidos en los últimos dos años en ciudades europeas tienen un simbolismo detrás de la propia acción. En los ataques perpetrados en la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo, en enero de 2015, y en Copenhague un mes después durante un debate sobre el Islam en un centro cultural, se atentó contra la libertad de expresión. En noviembre de ese mismo año, el terrorismo volvió a golpear Europa con varias acciones sucedidas de forma simultánea en París, siendo el escenario de ellas las inmediaciones del Estadio de Francia, donde en esos momentos se disputaba un partido de fútbol entre la selección francesa y alemana (ambos países en la coalición que lucha contra Dáesh), así como distintos restaurantes y lugares de ocio que representan el modo de vida de la sociedad occidental. En los atentados cometidos en Bruselas el objetivo de uno de los ataques cometidos fue una de las paradas de metro, sobre la que encuentra en sus alrededores varios edificios que son sedes de distintos organismos e instituciones europeas, desde donde se toman las decisiones más importantes, ya sea a nivel político, económico o legislativo. Pocos meses después, un individuo que conducía un camión por el Paseo de los Ingleses de la ciudad de Niza arrolló a cientos de personas que se encontraban disfrutando de los fuegos artificiales durante la conmemoración del Día Nacional del país galo, el día en el que el pueblo francés más orgulloso se siente de su nación.

A finales de 2016, otro individuo copió el modus operandi del atentado en Niza y con un nuevo vehículo de grandes dimensiones se introdujo en un mercado navideño en la ciudad de Berlín, atentando de esta forma contra uno de los lugares más emblemáticos para los ciudadanos alemanes durante esas fechas tan señaladas y familiares. Por último, el ataque sucedido ayer en Londres, es el segundo atentado de esta índole que sufre la ciudad, tras el ocurrido el 7 de julio de 2005 en el metro y un autobús, como posible respuesta a su participación en la ocupación de Irak, igual que sucedió con el atentado del 11-M en España un año antes. El suceso de ayer, acontecido junto a uno de los emblemas del país como es el Big Ben, así como la sede del Parlamento inglés, que representa los valores de la democracia occidental, fueron una vez más el escenario idóneo sobre el que cometer un atentado de esta magnitud. Además, dicha acción coincidía con el aniversario de los atentados en Bruselas y la reunión en Washington de la coalición antiyihadista, que centra su atención en cómo combatir a Daesh tanto en Siria como en Irak.

El deseo de los terroristas con los atentados cometidos en suelo europeo durante los últimos dos años es el de conseguir que la conciencia de los ciudadanos europeos se vea amenazada por el sentimiento de que se nos intenta arrebatar mediante el uso de la violencia todo aquello que representa nuestra democracia, nuestros valores y nuestro estilo de vida. La polarización de la sociedad es uno de sus objetivos, y es más sencillo lograrlo si se atenta directamente contra unos símbolos que consideramos inviolables. Siendo éste su deseo, en ocasiones resulta incluso paradójico que nosotros mismos seamos los que reforcemos y alimentemos ese pensamiento con discursos de rechazo hacia los demás. En este sentido, es de valorar la reacción que ha tenido tanto el pueblo inglés como sus dirigentes, intentando trasmitir la calma y la precaución necesaria ante situaciones como la de ayer, siguiendo la misma línea que se adoptó desde las instituciones gubernamentales alemanas tras lo acontecido en diciembre en Berlín. Justamente lo contrario es lo que hizo el presidente Hollande con su famosa afirmación de “estamos en guerra” tras los atentados de París.

En momentos difíciles como los actuales es más necesaria que nunca la unidad de todos los ciudadanos para combatir el mensaje fomentado e impulsado tanto por parte de los que perpetran los atentados, como por las ideologías políticas que llevan por bandera la islamofobia. Sólo la derrota de los extremismos garantizará la convivencia y la aceptación entre las distintas culturas y religiones.