El terrorismo yihadista cierra 2016 con 113 atentados y un 30% menos de víctimas

El Observatorio de Atentados Yihadistas resalta el descenso en la letalidad de los ataques, lo que ha reducido el número de víctimas de 1.175 en noviembre a 823 en diciembre. 

El año 2016 ha finalizado con un mes en el que la actividad yihadista ha vuelto a estar de manifiesto a nivel global, como muestran los 113 casos de estudio documentados por el Observatorio de Atentados Yihadistas. El análisis que se mostrará a continuación de los datos extraídos a partir de dicha investigación resulta útil para conocer el desarrollo del fenómeno yihadista en nuestros días, así como la evolución que presentan las distintas organizaciones con este perfil ideológico, localizadas por amplias y diversas zonas geográficas.

Análisis

Los casos de estudio documentados durante el mes de diciembre suponen una continuación de los anteriores registros, con más de un centenar de atentados yihadistas recabados durante los tres últimos meses. Como se puede apreciar más abajo en la tabla 1, el número de atentados se ha reducido mínimamente respecto a noviembre, pasando de 119 a 113. Por el contrario, el hecho más significativo queda plasmado en la reducción del número de víctimas producidas por ellos, debido a la menor letalidad, en líneas generales, de dichos atentados. De esta forma, se aprecia una disminución de fallecidos en comparación con el registro inmediatamente anterior perteneciente al mes de noviembre, en el que se ha pasado de 1.175 a 823 muertos a causa del terrorismo islamista. Con estos datos se concluye que en diciembre se ha producido un 30% menos de víctimas respecto al mes anterior, ya que de las casi 10 muertes de media en noviembre se ha pasado a 7. Sin embargo, dentro de la sociedad occidental puede dar la sensación que estos datos no se equiparan a la realidad dado que la amenaza yihadista parece estar más presente que nunca, pero es importante señalar que esta percepción viene dada por el contexto de que en el último mes el impacto producido por los atentados islamistas en territorio europeo ha sido mayor, y el eco que hacen de éstos los medios de comunicación puede provocar una sobredimensión de este fenómeno. Mientras, en meses anteriores, el número de víctimas ha sido superior, pero el hecho de que se den mayoritariamente en países de Oriente Medio o regiones del Magreb y el Sahel provoca una menor repercusión mediática y de esta forma desde Occidente no se percibe tanto la amenaza real que representa el terrorismo yihadista.

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En cuanto a los atentados más virulentos hay que destacar, por un lado que durante diciembre no se ha dado ningún ataque con una alta letalidad (100 fallecidos o más), y por el otro, que ninguno de los tres ataques que ha ocasionado más pérdidas humanas ha tenido lugar ni en Siria ni en Irak. Ambos datos resultan muy significativos en comparación con meses anteriores donde se han registrado múltiples atentados en los que se produjeron más de un centenar de muertes, teniendo lugar la inmensa mayoría de ellos en los dos países citados.

Los registros de este mes reflejan que el atentado con mayor número de víctimas fue el producido en Madagili (Nigeria) el día 9, donde dos niñas con explosivos adosados a su cuerpo provocaron un doble atentado en un abarrotado mercado de la ciudad en el que murieron 56 personas. La autoría de dicho acto no fue inmediatamente reivindicado por Boko Haram, aunque todos los elementos y factores que intervinieron en este atentado, así como el modus operandi, llevaban su sello de identidad. Los otros dos mayores atentados de este mes se produjeron contra el mismo objetivo de la ciudad de Adén (Yemen) cuando dos terroristas suicidas se inmolaron en distintas semanas en un cuartel militar donde se encontraban decenas de militares esperando a recibir su salario. El saldo de víctimas en ambos casos rondaba la cincuentena y los dos fueron reivindicados por Dáesh. Por otro lado, resulta significativo que el 25 de diciembre fuese el día en el que más atentados yihadistas se registró, con un total de siete, repartidos por Ruisa, Yemen, Afganistán, Líbano, Irak y Camerún, donde se produjeron dos de ellos.

Centrando el análisis en las distintas organizaciones yihadistas, se aprecia claramente que el autodenominado Estado Islámico sigue siendo el principal referente en esta cuestión, sumando este grupo más de la mitad de todos los casos documentados en diciembre y manteniendo su nivel de cuotas de atentados respecto a los dos últimos meses. Sus estrategias a la hora de actuar contra los objetivos seleccionados siguen siendo muy variadas, destacando sus operaciones militares tanto defensivas como ofensivas, el uso de coches bomba, la colocación de artefactos explosivos caseros, especialmente en aquellos territorios donde se van replegando sus fuerzas, y las ejecuciones, tanto de miembros de tropas enemigas como de la propia población civil, también usada como escudos humanos en Mosul. Las acusaciones más comunes que conllevan la pena capital son el intento de huir de sus dominios, la colaboración con el enemigo o el incumplimiento de algunos preceptos de la ley islámica. Las ejecuciones no son ajenas para sus propios miembros, ya que como se ha visto en meses anteriores, algunos de sus militantes han recibido este castigo por desertar del campo de batalla o por conductas impropias. A lo largo de este mes ha llamado la atención por su brutalidad la ejecución de dos soldados turcos capturados, los cuales fueron quemados vivos y grabados en un vídeo que posteriormente fue difundido por la organización a través de Internet. Este vídeo se convirtió en un problema para el gobierno turco, que intentó por todos los medios imponer la restricción y prohibición de su visualización, sin demasiado éxito.tabla2

 

Los talibanes se han convertido de nuevo en el segundo grupo yihadista que más actividad ha tenido. Desde hace varios meses se advierte un continuo y progresivo aumento de su presencia tanto en distintas regiones de Afganistán como en Pakistán, sin que de momento las fuerzas gubernamentales hayan conseguido ponerles freno. El mayor problema es que sin la ayuda internacional, especialmente el gobierno afgano no parece que esté en condiciones de limitar su expansión, por lo que es muy posible que los grupos talibanes vuelvan a asentarse completamente sobre el territorio, calculándose que en estos momentos ya controlan un tercio del país. Será interesante ver como evoluciona la región una vez que la derrota del Dáesh a nivel militar en Próximo Oriente sea definitiva, pero lo que parece evidente es que mientras los talibanes no intenten tener una presencia importante por otros estados y no practiquen una estrategia de expansión territorial lejos de su actual zona de influencia, ninguna potencia destinará nuevos recursos y esfuerzos a combatirlos al no tratarse de un objetivo prioritario.

Precisamente, el grupo nigeriano Boko Haram, ha cometido dicho error y su deseo de expandir su presencia más allá de los territorios de Nigeria de forma llamativa durante los últimos tiempos ha provocado que la alianza establecida a partir de la Unión Africana esté dando por fin sus resultados. El origen de dicho grupo se encuentra en el estado de Borno y progresivamente su influencia se extendió por el norte del país, para más tarde traspasar sus fronteras y llegar a tener una importante actividad en Chad, Níger, Camerún y Burkina Faso. Estos países son los que a día de hoy componen la mayoría de las fuerzas destinadas por la Unión Africana (UA) sobre el terreno para hacer frente a los miembros de Boko Haram.

En diciembre se ha producido un nuevo revés para los terroristas nigerianos ante la citada presión de la UA, ya que han perdido el bosque de Sambisa, principal santuario y refugio de sus partidarios. Las fuentes locales informan además que durante el desarrollo de dicha operación fueron abatidos decenas de miembros de Boko Haram. Una consecuencia de ello es que la actividad de la organización ha decaído considerablemente de acuerdo con los datos de la tabla 2 y la moral de la organización no debe de estar pasando por el mejor momento. Tal es así que el propio líder, Abubakar Shekau, ha tenido que emitir un comunicado en el que amenaza con una nueva ofensiva, en la que sin duda seguirá utilizando indiscriminadamente a mujeres y niños para perpetrar los ataques suicidas que distinguen su marca. La explicación a este fenómeno cada vez más frecuente entre los distintos grupos islamistas se debe a que tanto el género femenino como los niños no atraen la atención de los servicios de seguridad tanto como los hombres y es más sencillo esconderles los explosivos, especialmente a las mujeres que van tapadas. Es posible que en los próximos meses se produzca un aumento de la actividad terrorista de Boko Haram para demostrar que siguen teniendo una importante presencia, aunque si las operaciones militares de los seis países que participan en la coalición siguen estando activas es probable que continúen perdiendo otros territorios que a día de hoy están bajo su mando.

El pasado mes desde este observatorio se informó sobre el aumento de atentados perpetrados por Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) en la región de Mali. Sin embargo, este mes las fuerzas de la MINUSMA a través de la Operación Barkhane han intensificado sus ofensivas por el progresivo protagonismo de entidades yihadistas en el país, como son el propio AQMI, el Frente de Liberación de Macina (facción maliense de Ansar Dine), MUJAO o al Morabitoun (cuyo líder es el argelino Mohktar Belmohktar, más conocido como “el tuerto” o “Mr. Marlboro”). A estos grupos, habría que sumarles dos nuevos de creciente creación: el Estado Islámico del Gran Sahara (afiliado al Dáesh y perpetrando sus primeros ataques a finales de septiembre) y Ansarud Islam (brazo armado de Ansar Dine en Burkina Faso, aunque interviene de la misma forma en Mali). Esta amalgama de siglas y nombres representan el avispero en el que se ha convertido el país en los últimos años, siendo sin duda uno de los mayores epicentros de la fenomenología yihadista tanto para el presente como en el futuro.

Atendiendo al ámbito geográfico, los datos recogidos durante este mes concluyen que el terrorismo yihadista ha estado presente en veintidós países: Irak, Siria, Afganistán, Pakistán, Yemen, Líbano, Jordania, Egipto, Libia, Mali, Nigeria, Chad, Burkina Faso, Camerún, Somalia, Kenia, Filipinas, Malasia, Indonesia, Rusia, Turquía y Alemania.

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La región de Oriente Medio sigue siendo la más afectada por los atentados islamistas, debido principalmente a la presencia de Dáesh, los grupos talibán y en menor medida Al Qaeda. La coyuntura de inestabilidad política que asola la gran mayoría de estos países se convierte en el caldo de cultivo idóneo para el surgimiento, la supervivencia y la evolución de este tipo de grupos. Este mes se ha producido la liberación de Alepo a cargo de las fuerzas gubernamentales de Assad con ayuda de sus aliados y con toda probabilidad el foco se centre ahora en la ciudad de Idlib, ya que gran parte de los llamados grupos rebeldes se dirigen hacia allí. No hay que olvidar que entre la amplia variedad de estos grupos opositores al régimen se encuentran organizaciones yihadistas como Jahbat Fatah al Sham, que hasta hace unos meses era el Frente al Nusra, brazo de Al Qaeda en Siria.

En la tabla 3 se observa que la mitad norte de África supone el otro gran epicentro de actividad del terrorismo islamista. Esta zona es un auténtico hervidero de grupos salafistas que tienen una importante presencia a escala local y regional. Antes ya se ha citado la situación en Mali y en Nigeria. No obstante, en Somalia se encuentra al Shabaab, la organización yihadista referente en el Cuerno de África, mientras que en el Magreb preocupa la situación en Libia, a pesar de la derrota militar del Dáesh en Sirte que le ha obligado a abandonar posiciones y a retirarse al sur del país, considerado como zona de refugio. Habrá que ver si este repliegue es parte de una estrategia de reorganización para realizar una ofensiva con mayor capacidad o es síntoma de su debilidad. En cualquiera de los casos, se espera que Libia se convierta en el nuevo punto de acogida tanto de los yihadistas del Dáesh que actualmente se encuentran en Siria e Irak intentando evitar el derrumbe de su califato como de los futuros combatientes extranjeros que quieran unirse a su proyecto.

En cuanto a la situación en Europa, este mes se ha vuelto a producir un atentado en una de las grandes capitales. A finales de 2015 fue París, en marzo del año siguiente Bruselas y ahora le ha tocado el turno a Berlín. Con el atentado en el mercado navideño mediante el uso de un camión que acabó con la vida de doce personas, ya son cinco grandes capitales europeas las que han sido víctimas de un ataque islamista en lo que llevamos de siglo, tras los atentados anteriores de Madrid en 2004 y los de Londres en 2005. A todos ellos habría que sumar otros atentados por el resto de distintas ciudades, como por ejemplo el atentado de Niza en julio pasado. A pesar de ello y de la situación actual en la que se percibe un clima social de persistente amenaza, el problema del terrorismo yihadista en suelo europeo debe ser afrontado desde una óptica realista, ya que un análisis sobredimensionado del fenómeno puede conllevar a tomar medidas desproporcionadas que no se ajustan a la necesidad del momento, creando así un problema mayor.

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Los objetivos contra los que se ha atentado durante este mes mantienen la doble vertiente de los meses anteriores, con ataques tanto hacia la población civil como con una finalidad política y militar. Resulta fundamental para las distintas organizaciones terroristas no priorizar su atención contra los ciudadanos, debido a que es necesario su respaldo para su supervivencia. Sin embargo, se puede observar que especialmente Dáesh ejecuta atentados altamente letales contra colectivos civiles, ya que a nivel ideológico, todos aquellos que sean contrarios a sus planteamientos son susceptibles de convertirse en víctimas, incluyendo las propias comunidades suníes y la población que vive bajo su autoridad. Aun así, la falta de liderazgo dentro del mundo suní ha permitido que el líder de Dáesh, Abu Bakr al Baghdadi, no haya encontrado ningún tipo de oposición y gracias a su autoridad y carisma se haya convertido en el baluarte para muchos musulmanes de esta rama religiosa del islam.

Por otro lado, la presión que ejercen las distintas fuerzas gubernamentales hacia los militantes de los grupos islamistas tiene como respuesta el aumento de los atentados contra soldados, policías y otros miembros de las fuerzas de seguridad. Esta es la forma que tienen las organizaciones terroristas de hacer ver a las autoridades y a la población en general su capacidad y potencial, mientras que por otro lado merman las fuerzas enemigas y ayuda a subir la moral de los propios combatientes. Sin embargo, en este punto es importante tener en cuenta el hecho de que del mismo modo que el uso de la violencia contra la población civil puede generar rechazo, en el caso de los objetivos militares y políticos puede provocar una respuesta mayor por parte de las fuerzas de seguridad, siempre que se disponga de los medios adecuados y la voluntad de hacerlo.

En cuanto a los ataques producidos contra objetivos religiosos es preciso señalar el atentado sucedido en la capital egipcia el día 11 en el que perdieron la vida 23 feligreses tras inmolarse un individuo en el interior de una catedral cristiana copta.

No sería oportuno acabar este apartado sin comentar el aumento de atentados perpetrados por grupos talibanes en Afganistán contra distintos políticos y miembros del parlamento, como son los ejemplos del día 21 en Kabul donde un individuo asaltó la casa de un parlamentario, acabando con la vida de toda su familia o el día 23, cuando un terrorista en la misma ciudad se inmola en un coche bomba con el objetivo de asesinar a otro miembro del parlamento afgano. En el momento en el que se escribe este análisis ya se ha producido a inicios de enero nuevos atentados de la misma índole, por lo que su conjunto será estudiado en la próxima publicación.

Conclusiones

La investigación realizada en el mes de diciembre por el Observatorio de Atentados Yihadistas arroja 113 casos de estudio en los que han fallecido 823 personas. En ambos casos se reducen los números respecto a noviembre, más significativamente en el caso de las víctimas, que se han reducido en un 30 por ciento por la menor letalidad de la actividad terrorista.

La puesta en práctica de la ideología salafista yihadista ha estado presente en 22 países, con un mayor protagonismo en Oriente Medio y la mitad norte de África, como ya viene siendo costumbre. No obstante, Europa y el sureste asiático tampoco han escapado a varios atentados islamistas perpetrados en dichas regiones.

Dáesh continúa siendo el mayor exponente de esta amenaza, a pesar de estar cada vez más presionado por las distintas fuerzas que le están haciendo retroceder irremediablemente en todos aquellos territorios que no hace mucho tenían una extensión similar a la de Gran Bretaña. Actualmente se encuentran en una clara posición defensiva, aunque aprovechan cada oportunidad para ocupar de nuevo ciudades que ya fueron suyas, como es el caso de la milenaria Palmira. Sin embargo, las previsiones desde la propia organización no son buenas y desde sus medios ya se está concienciando a sus seguidores de la derrota que está por llegar. La pérdida de la ciudad libia de Sirte y próximamente de Mosul es la plasmación gráfica de esa derrota militar, que se intenta tapar con actos como el sucedido en Berlín, en el que todos los europeos volvemos a ser conscientes de que la lacra del terrorismo yihadista que emana de Dáesh también nos afecta.

Esa misma realidad que vemos lejana en otros casos, como está sucediendo con organizaciones como Boko Haram, AQMI o Al Shabaab en el centro y norte de África, puede acabar por convertirse en las futuras amenazas para la seguridad global. Por ello, es fundamental que no se escatimen esfuerzos en combatir al terrorismo en estos países simplemente por el hecho de que no suponen un riesgo para nuestros intereses en la actualidad. Quién sabe si en un futuro cercano el fenómeno yihadista a nivel global va ligado a uno de estos grupos.

 

*El Observatorio de Atentados Yihadistas es una investigación de Carlos Igualada (@carlos_igualada) para el grupo de análisis Baab al Shams y el Observatorio Internacional de Estudios sobre el Terrorismo (OIET).