El transporte aéreo como objetivo yihadista

Repaso a las principales tramas terroristas, exitosas o frustradas, que han puesto en jaque la seguridad desde los años noventa.

El pasado viernes 4 de agosto el Gobierno australiano reveló más detalles acerca de la operación policial que permitió desmantelar una trama terrorista que pretendía atentar contra un vuelo de Etihad Airways cuya ciudad de origen era Sídney. Los detalles de la investigación hechos públicos en la rueda de prensa, señalan que los componentes para montar el artefacto explosivo improvisado (IED) fueron enviados a través de correo y vía aérea por miembros del Dáesh. Una vez recibidos los diferentes elementos por los terroristas detenidos, éstos recibían guía y asistencia remota por parte de un miembro destacado del Dáesh para poder llegar a ensamblar todos los componentes y terminar la fabricación del artefacto explosivo. La trama fue desmantelada por las autoridades australianas con la detención de dos individuos acusados de cometer actos terroristas. La investigación policial se inclina por el PETN como componente explosivo usado en la fabricación del IED. El PETN ha sido usado varias veces por terroristas yihadistas en tramas que tenían como objetivo la aviación comercial y de transporte de carga.

En las sociedades abiertas y globalizadas en las que vivimos, el hecho de acudir al aeropuerto a tomar un avión para ir a un destino ya sea por propósitos vacacionales, laborales o de otra índole, no supone ningún hito y es una actividad plenamente integrada en nuestro día a día. El volumen de mercancías y pasajeros que mueve la industria de la aviación de manera anual es ingente y cuesta imaginarse hoy en día, un mundo sin la posibilidad de conectarnos y de movernos entre diversos puntos de la geografía mundial en tan solo unas horas. Estas características convierten a la industria aérea en un objetivo tentador a ojos de los terroristas. El último intento de Dáesh se suma a las tramas, exitosas o frustradas, que el terrorismo yihadista ha tratado de perpetrar desde la década de los noventa con la aviación como escenario.

De acuerdo con la definición de terrorismo de Fernando Reinares, resulta sencillo comprender la obsesión del terrorismo yihadista con atentar contra el transporte aéreo, puesto que el impacto que producen estas acciones es enorme a diferentes niveles (pérdida de vidas humanas, pérdidas económicas, efectos psicológicos difícilmente cuantificables, etc.), y además siempre suponen un éxito para los grupos terroristas en términos de publicidad, prestigio y posición de poder. La definición es la siguiente: “Conjunto de acciones violentas que generan, en un determinado agregado de población, efectos psíquicos desproporcionados respecto a sus consecuencias materiales y que tiene como fin condicionar las actitudes de dicho colectivo social y orientar sus comportamientos en una determinada dirección”.

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Imagen de la cabina del Boeing 747 de PAL después de la explosión.

Más allá de los atentados del 11-S, la obsesión yihadista con el transporte aéreo se ha visto reflejada en numerosas tramas terroristas a lo largo de los años. Una de las más destacadas fue la llamada trama “Bojinka”, en la que los terroristas Khalid Sheikh Mohammed y su sobrino Ramzi Yousef, a través de un sofisticadísimo plan terrorista con diversas fases, pretendían hacer explotar once aviones comerciales norteamericanos sobre el Pacífico. Antes de que la trama fuera desbaratada, Ramzy Yousef fue capaz a modo de ensayo de colocar una bomba en el vuelo 434 de Philippine Airlines el 11 de diciembre de 1994. El explosivo acabó con la vida de un joven japonés e hirió a diez personas. El avión pudo realizar un aterrizaje de emergencia y los daños no fueron más graves debido a la configuración de los asientos y la disposición del explosivo.

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Uno de los zapatos de Richard Reid que contenía el explosivo.

Otro atentado frustrado fue el del terrorista Richard Reid, también conocido como el terrorista del zapato. Unos meses después del 11-S, Richard Reid tomó un vuelo desde París con destino Miami. Por suerte, fue incapaz de activar el explosivo que llevaba (PETN) y el avión pudo aterrizar sin consecuencias.

En 2009, Umar Farouk Abdulmutallab estuvo muy cerca de provocar una explosión fatal en el vuelo 253 de Northwest Airlines con origen en Ámsterdam y destino Detroit. El terrorista perteneciente a Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP), contó con un artefacto explosivo cuyo elemento principal era nuevamente el PETN. Este artefacto fue construido por el destacado y peligroso miembro de AQAP, Ibrahim al-Asiri, al cual fuerzas policiales y servicios de inteligencia de numerosos países señalan como un destacado experto en materia de explosivos. La innovación e imaginación de éste terrorista le llevó en 2009 a realizarle a su hermano un implante quirúrgico de un dispositivo explosivo con el que se atentó contra el Príncipe saudí, Muhammad bin Nayef.

En 2010, una nueva trama terrorista fue desbaratada. Esta vez fue providencial la actuación de la inteligencia saudí para evitar el desastre. Otra vez el miembro de Al Qaeda en la Península Arábiga Ibrahim al-Asiri construyó unos artefactos explosivos que iban dentro de cartuchos de tóner para impresoras y cuyo elemento principal era nuevamente el PETN. Los explosivos que fueron introducidos en aviones de transporte de mercancías en Yemen, debían explotar sobre alguna ciudad norteamericana —los paquetes iban dirigidos a sinagogas de Chicago—. Los artefactos explosivos fueron localizados en sendos aviones en Dubai (Emiratos Árabes Unidos) y en Leicestershire (Reino Unido). En 2012 un nuevo complot terrorista de AQAP contra aviación comercial norteamericana fue frustrado debido a que el terrorista seleccionado para llevar a cabo la operación resultó ser un agente doble que trabajaba para la inteligencia saudí y británica. De este modo, las autoridades pudieron analizar el artefacto explosivo de manera minuciosa.

Vídeo elaborado por la CNN en la que simula el explosivo del tóner de impresora. Las partes sensibles han sido eliminadas.

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Imagen del supuesto IED usado por Dáesh en el atentado contra el Metrojet.

Más recientemente, en 2015, el vuelo 9268 de Metrojet que operaba entre Sharm el-Sheikh y San Imagen del supuesto IED usado por Dáesh en el atentado contra el Metrojet.Petersburgo explotó en pleno vuelo matando a sus 224 ocupantes. Las investigaciones posteriores apuntaron a un atentado terrorista como la causa de la explosión. Dáesh reivindicó el ataque, llegando a mostrar en el extinto medio propagandístico Dabiq, la apariencia del IED que hizo explosión dentro del avión comercial ruso. Las investigaciones posteriores apuntaron a un mecánico de EgyptAir como el responsable de haber introducido el IED dentro del avión.

Para terminar este breve repaso sobre algunas de las tramas más destacadas del terrorismo yihadista contra el transporte aéreo de personas o mercancías, hay que hacer una mención a la explosión en febrero de 2016 que sufrió en pleno vuelo el Daallo Airlines 159 que volaba desde Mogadiscio (Somalia) a Yibuti (República de Yibuti). El artefacto que iba oculto en un ordenador portátil hizo explosión a una altura en la que el avión no había alcanzado la altitud de crucero, siendo el factor clave que evitó una fatalidad mayor. La explosión abrió un agujero en el fuselaje del aparato a través del cual fue succionado el terrorista suicida, Abdullahi Abdislam Borleh, siendo el único muerto a causa del incidente. El atentado fue reivindicado por Al-Shabaab.

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Imagen en tierra del avión de Daallo Airlines en la que se puede apreciar el agujero en el fuselaje producido por la explosión.

A medida que los artefactos de los terroristas se iban haciendo más complejos, la tecnología en materia de seguridad avanzaba y se invertía mucho dinero por parte de las autoridades para garantizar la seguridad del transporte aéreo. Numerosos protocolos se revisaban tras las diversas tramas terroristas (frustradas o no) para mejorar los estándares de seguridad, así como se introducían otros nuevos. La tecnología en detección y trazabilidad de los explosivos es puntera, muy avanzada y complicada de vulnerar. Sin embargo, la comunidad de inteligencia y seguridad tiene motivos para la preocupación y algunos de esos motivos son deducibles de las tramas terroristas que se han recogido en este artículo.

Hay una serie de aspectos que deben ser apuntalados para mejorar la seguridad integral de la industria aérea (e incluso exportar esas medidas de seguridad a otros ámbitos que hemos visto que también son objetivos terroristas). Es preocupante la endeblez y vulnerabilidad que ha demostrado sufrir el transporte aéreo de mercancías, habiendo sido quebrada su seguridad varias veces. A su vez, preocupa también el avance y complejidad de los artefactos explosivos alojados en dispositivos electrónicos. A raíz de una operación de las fuerzas especiales norteamericanas en Yemen, se pudo recolectar abundante información sobre Al Qaeda en la Península Arábiga que llevó a las autoridades norteamericanas a prohibir que pasajeros de 10 aeropuertos de Oriente Medio y Norte de África pudieran llevar consigo en cabina dispositivos electrónicos como ordenadores portátiles o iPads. La medida fue adoptada también por Reino Unido.

Por último, otros dos factores han de ser también tenidos en cuenta por las autoridades para evitar este tipo de atentados. Los medios de seguridad con los que se cuentan en aeropuertos de países en vías de desarrollo; y la amenaza que supone que un trabajador del aeropuerto pueda ser captado y radicalizado para actuar de facilitador del atentado. Esta última opción contempla otras variables como ser amenazado, extorsionado u obligado de cualquier forma a actuar de la manera que el grupo terrorista quiera.

Hay ejemplos de este tipo vulnerabilidades de la seguridad en cada uno de los atentados culminados o desbaratados a lo largo de estos años. La trama truncada de Sídney vuelve a poner a las autoridades en alerta, Dáesh sigue siendo capaz de planificar atentados de alta complejidad y potencial mortal elevado, además muestra sus capacidades logísticas e imaginación perversa al enviar elementos sueltos vía aérea y luego proporcionar la asistencia para el montaje del artefacto explosivo desde territorio sirio, volviendo a dejar patente cierta vulnerabilidad de la seguridad en la industria aérea de transporte de carga.

La obsesión yihadista con el transporte aéreo es una amenaza real y mientras que las autoridades gubernamentales, fuerzas policiales y servicios de inteligencia y seguridad hacen una gran labor frustrando la inmensa mayoría de las tramas y anticipándose a la amenaza, se deben invertir esfuerzos en aquellas áreas más grises que han dejado entrever alguna ligera vulnerabilidad y que pueden ser aprovechadas por los terroristas para la consecución de sus objetivos.

*Álvaro H. de Béthencourt es investigador del OIET y especialista en análisis del terrorismo yihadista, insurgencias y movimientos radicales.