Marruecos, el vecino de abajo

Desde el atentado en La Rambla, Marruecos se ha esforzado en marcar el perfil de socio leal a España, al tiempo que la prensa oficialista rechaza cualquier responsabilidad del país sobre los culpables de los ataques. 

España no ha descubierto precisamente la amenaza yihadista en agosto de 2017. Antes de los atentados de Cataluña existió el mayor ataque en suelo europeo, el 11-M de Madrid en 2004. Y, antes incluso, en 1985, hubo un primer atentado, el del restaurante El Descanso en Madrid. Lo ocurrido en Barcelona y Cambrils, sin embargo, sí pone de manifiesto una tendencia muy relevante que ya se ha visto en otros atentados recientes en suelo europeo: la totalidad de componentes de la célula terrorista y, especialmente, su cerebro Abdelbaki Es Satty o son de Marruecos o tienen orígenes familiares en ese país. Ello contrasta con que de los dos centenares de detenidos en España desde 2013 el 40% tenían la nacionalidad marroquí, tantos como españoles, por cierto.

¿Qué le ocurre al vecino de abajo? Una fuente próxima al Gobierno marroquí es tajante al rechazar cualquier tipo de connivencia del Reino alauí con el yihadismo: “Si nosotros abrimos la puerta, esto se os llena de terroristas”. Marruecos se rambla bcnpresenta como socio leal de la Unión Europea y especialmente de España contra el terrorismo. Estados Unidos, en efecto, da carta de naturaleza a esos esfuerzos en su reciente informe (publicado en julio) sobre la situación del terrorismo en el mundo. “Marruecos tiene una amplia estrategia contraterrorista que incluye medidas de vigilancia, cooperación a nivel regional e internacional y políticas contra la radicalización. El Gobierno ha tratado este asunto como una prioridad desde que el país sufrió los atentados de Casablanca en 2003 y ese esfuerzo se ha mantenido después de ataques en 2007 y 2011. En 2016 [año al que se refiere el informe] los esfuerzos de Marruecos contra el terrorismo han mitigado de manera efectiva el riesgo de atentados, si bien el país continúa bajo amenaza, mayormente por la existencia de pequeñas células extremistas independientes, la mayoría de las cuales aseguran estar inspiradas o afiliadas a Daesh”. En cifras, en 2016 las fuerzas de seguridad de Marruecos desarticularon 18 células y arrestaron a 161 personas (en España, por ejemplo, fueron 76).

Una fuente próxima al Gobierno marroquí es tajante al rechazar cualquier tipo de connivencia del Reino alauí con el yihadismo: “Si nosotros abrimos la puerta, esto se os llena de terroristas”

Estados Unidos, Francia y la propia España han mostrado mucho interés en la voluntad de Rabat de formar a los imames que predican en mezquitas de Europa frecuentadas por sus emigrantes y musulmanes de otras nacionalidades. Algunas estadísticas hablan de 50.000 predicadores formados en Marruecos, varios miles de los cuales estarían ejerciendo en Europa. Ese informe de Estados Unidos da veracidad a estas cifras.

Esta fórmula es un ‘win-win’ para ambas partes. En una religión que carece de un Vaticano que marque la pauta y de seminarios que profesionalicen a los imames (en Euskadi algunas mezquitas contratan personal a través de Lanbide, el servicio público de empleo), Europa gana predicadores de una rama moderada del Islam suní frente a la presión de países como Arabia Saudí, que riega con millones la expansión de su Islam, mucho más rigorista y proclive a la radicalización (con Irán, chií, ocurre lo mismo en menor medida). De hecho, uno de los asuntos más comentados esta semana tras conocer el perfil del imam de Ripoll ha sido precisamente el de exigir algún tipo de certificado de aptitud a los líderes de las comunidades islámicas.

A cambio, Marruecos refuerza la figura de su monarca, que es a la vez líder religioso del país (salvando las distancias, como ocurre con Isabel II en la Iglesia anglicana). Esta necesidad se explica por la conocida la pugna en toda Europa con grupos opositores marroquíes que no aceptan esa unidad entre el monarca y la religión. La batalla busca hacerse con el control de mezquitas. El grupo islamista (que no yihadista) Justicia y Caridad o Justicia y Espiritualidad, alegal en Marruecos, ya ha logrado imponer su visión particular del Islam en algunos templos de España. En Euskadi, por ejemplo, aterrizaron en Eibar o Rentería e incluso plantearon una Universidad islámica con sede en Gipuzkoa. Y los movimientos continúan, con las protestas del Rif también como escenario.

Marruecos, cuyos servicios secretos en España son mucho más activos de lo que pueda parecer, ha desplegado desde el 17 de agosto una intensísima actividad para marcar este perfil de socio leal y para organizar actos de repulsa contra el terrorismo en muchas ciudades de España. Las condenas las ha encabezado la Casa Real alauí y este trabajo se ha completado con algunas detenciones en suelo marroquí relacionadas con los atentados.

Si Ripoll, Cataluña o España no fueron capaces de detectar este proceso, ¿tendría que haberlo hecho Marruecos?

Pero estos hechos no pueden ocultar que unos 4.000 marroquíes se han sumado como ‘foreign fighters’ a la ‘guerra santa’ en Oriente, más de la mitad de los cuales eran emigrantes en países europeos como Francia o Bélgica. Sólo Arabia Saudí y Túnez le superan. Estos días también han llegado a España titulares confusos sobre el indulto a presos salafistas, aunque según Efe los perdonados lo fueron por haber rechazado el extremismo y, sobre todo, por aceptar al Rey como líder espiritual. Se trata de una suerte de ‘vía Nanclares’ llamada ‘Musalaha’ (‘reconciliación’).

El periodista Ignacio Cembrero, profundo conocedor de la realidad marroquí, citó varios artículos de la prensa oficialista en la que cual se rechazaba cualquier responsabilidad en la radicalización de los terroristas de Cataluña. El argumento: si Ripoll, Cataluña o España no fueron capaces de detectar este proceso, ¿tendría que haberlo hecho Marruecos? En el fondo de este debate late la realidad de esas segundas generaciones de la inmigración, la de adolescentes que han hecho toda su vida en Europa pero que siguen sin ser sentirse europeos.

*Iker Rioja Andueza es periodista de eldiario.es en el País Vasco y experto profesional en Seguridad Ciudadana y Criminología por la UNED