La estrategia antiterrorista de Marruecos

Miembro de la unidad  antiterrorista marroquí en 2015. Fuente: Abdeljalil Bounhar/AP/SIPA.

Miembro de la unidad antiterrorista marroquí en 2015. Fuente: Abdeljalil Bounhar/AP/SIPA.

 

El éxito del modelo de Marruecos en la lucha contra el terrorismo le ha dado un prestigio regional e internacional, que inspira a muchos países. Desde los ataques terroristas de 2003 de Casablanca, Marruecos se ha unido a la lucha internacional contra el terrorismo y la radicalización. Para este fin, se han establecido varias políticas y reformas en materia de seguridad, práctica religiosa y situación socioeconómica.

Desde los atentados de Argana en Marakech en el 28 de abril de 2011 Marruecos se encuentra a salvo de los atentados terroristas. Según el Índice Global del Terrorismo del Instituto For Economics and Peace 2018, Marruecos se sitúa en el puesto 132 en cuanto al impacto del terrorismo. Un puesto calificado por el mismo índice de muy bajo riesgo. El mismo instituto sitúa a Marruecos en su informe sobre la Paz Global 2019 en el puesto 90, que es a su vez un índice favorable.

No obstante, lo que preocupa a los responsables marroquíes y a la comunidad internacional es el elevado número de combatientes marroquíes en las filas de los grupos terroristas, como Daesh y la circulación de nombres de marroquíes en los atentados terroristas en el mundo. A pesar de los esfuerzos establecidos, el reclutamiento de jóvenes en las filas de grupos terroristas nunca se ha detenido. Según el Índice Global del Terrorismo de 2017 del Instituto for Economics and Peace, los terroristas de nacionalidad marroquí ocupaban en 2015 la séptima posición entre las diez nacionalidades que formaban los grupos terroristas de Daesh en Irak y en Siria, con un número de terroristas situado entre 1.500 y 2.000.

La estrategia antiterrorista marroquí no cesa de recibir los elogios de la comunidad internacional. Su eficacia le ha convertido en un actor internacional clave en la lucha contra el terrorismo. En general, la estrategia marroquí antiterrorista se basa sobre los programas públicos de prevención y lucha contra la radicalización y el terrorismo, lanzados a partir de 2003 justo después de los atentados terroristas de Casablanca. Según el discurso oficial del Ministro del Interior Mohamed Hassad durante la apertura de la 32ª sesión del Consejo de Ministros del Interior Árabes en Argel en marzo de 2015, se trata de una estrategia integrada y multidimensional, que abarca principalmente el refuerzo de las medidas de seguridad, la reestructuración del campo religioso, la actualización del arsenal jurídico y el apoyo social para el desarrollo.

Desde la revelación de la estrategia antiterrorista, Marruecos opta por revelar y hacer público informes sobre los resultados obtenidos. En este sentido, según las últimas informaciones reveladas por la Oficina Central de Investigaciones Judiciales (BCIJ, en sus siglas en francés), entre 2002 y 2019, Marruecos había desmantelado 199 células terroristas vinculadas principalmente a Daesh. El número de las células activas se ha ido decreciendo. En 2015 Marruecos había desmantelado 21 células, 19 en 2016, 9 en 2017, 8 células en 2018 y 8 a principios de 2019. Estas operaciones condujeron al arresto de 902 personas, incluidas 14 mujeres y 29 menores.

Las mismas fuentes revelan que el número de marroquíes en Siria hasta 2019 era 1669 combatientes, de los cuales 931 se han unido a las filas de Daesh. 225 de ellos tienen antecedentes penales relacionados con el terrorismo. 239 personas regresaron a Marruecos, mientras que 645 combatientes perdieron la vida en la zona sirio-iraquí, principalmente durante ataques suicidas. Según las mismas fuentes, las operaciones antiterroristas han impedido 361 actos de terrorismo, cuyos objetivos principales eran atacar algunos sitios sensibles del Reino. Estas cifras reflejan la gravedad de la amenaza terrorista sobre Marruecos y el papel crucial que está jugando las autoridades en la lucha contra el terrorismo.

El éxito de la estrategia antiterrorista marroquí puede explicarse por varias razones que son de orden político, social y de seguridad. Pero el elemento clave que no se puede despreciar es que Marruecos no es el objetivo estratégico mayor de los grupos terroristas. Según las declaraciones de varios grupos terroristas como Daesh y Al Qaeda, el objetivo principal es buscar vengarse de la implicación de los Estados – sobre todo de Occidente- en los asuntos internos de los países musulmanes y árabes, a través la perpetración de atentados de gran envergadura. La política exterior neutral de Marruecos ante los conflictos en el mundo árabe y musulmán le permite permanecer fuera del foco de atención de los grupos terroristas. Otra razón no menos importante es que los grupos terroristas prefieren instalarse en las zonas inestables. No obstante, la estabilidad de Marruecos le deja fuera del alcance de esos grupos.

El factor sociológico es también clave. La sociedad marroquí rechaza e incrimina a las ideologías extremistas. Esto se debe por un lado a la práctica moderada del islam de los marroquís, y por otro lado al control del Estado y la reconstrucción del campo religioso, así como el papel de los medios de comunicación.

A estos factores se añade sin lugar a duda el factor esencial que son las medidas de seguridad establecidas. En este sentido, los servicios de inteligencia marroquíes juegan un papel clave. Los expertos en la materia coinciden en considerar que la fuerza de este organismo se debe a su línea de conducta fiel a la implicación del factor humano, a través la colaboración de “moqadems” (auxiliares de la autoridad) y la colaboración de los ciudadanos también. La información recopilada por estos representa aproximadamente el 70% de la información total.

A nivel internacional, Marruecos se apoya en su red. De hecho, el Reino mantiene estrechas relaciones con los países del Golfo. Además, sus informantes en África y en Europa le ofrecen informaciones muy útiles sobre las actividades de las mezquitas, los marroquíes sospechosos de radicalismo, los que mantienen relaciones con grupos radicales o con fines políticos, así como informaciones sobre el movimiento de los presuntos terroristas.

Los resultados positivos logrados y el reconocimiento internacional de la estrategia antiterrorista marroquí deben coronarse con la redacción de una estrategia antiterrorista oficial y pública. La estrategia marroquí no existe en forma de documento oficial y único. Es a través de los discursos y entrevistas de los responsables que podemos deducir las grandes líneas de esa estrategia. Esta realidad es una laguna en sí que crear confusión e incoherencia. Actuar sin una estrategia oficial y actualizada que especifique los objetivos, la visión, los planes de acción y la forma de coordinación entre las instituciones es un obstáculo que afecta la eficiencia y la eficacia de la estrategia. Así, la redacción de una estrategia oficial subsanará estas lagunas, y facilitará las respuestas en el futuro como ayudará a sensibilizar los ciudadanos de la gravedad y consecuencia del terrorismo sobre el país como hacia los presuntos terroristas. Pero, sobre todo, permitirá a Marruecos consolidar su papel de líder regional e internacional así como interlocutor indiscutible en materia de seguridad*.

*La versión extendida de este trabajo será publicada próximamente.

Anass Gouyez Ben Allal

Doctor en Derecho y Ciencia Política por la Universidad Autónoma de Madrid