Análisis de la actividad yihadista en el Magreb y el Sahel en agosto de 2018

El 12 de agosto (caso de estudio #25) tuvo lugar un acontecimiento inédito: varios solados nigerianos paralizaron un aeropuerto en el Estado de Borno, disparando al aire para protestar contra las condiciones laborales y la falta de medios. No era la primera vez que protestaban, pero nunca habían llegado tan lejos. El suceso llegó a las portadas de los periódicos y el Mayor General Abbah Dikko, el nuevo comandante de la Operación Lafiya Dole, habló de disciplinar a los insurrectos. Si bien se trata de un episodio aislado, representa el estado de la moral de un Ejército que lleva desde 2009 luchando contra la insurgencia de Boko Haram y que, a pesar de las repetidas ofensivas militares, sigue controlando aldeas y zonas rurales y que, en definitiva, continúa protagonizando uno de los conflictos más mortíferos del mundo, según hemos podido comprobar en el seguimiento realizado desde el Observatorio durante agosto, mes en el que, por otra parte, se ha registrado un descenso significativo de la actividad yihadista en el Magreb y el Sahel Occidental si la comparamos con la de julio (77 víctimas frente a 290).

Al norte, los ataques suicidas y ofensivas de Boko Haram, especialmente de la facción afiliada al Daesh. Más al sur, los enfrentamientos entre pastores desplazados y agricultores. En conjunto, el Ejército nigeriano tiene trabajo por delante y no cabe duda de que en ocasiones sus soldados se puedan sentir sitiados.  “Vuestro sacrificio no será en vano”, dijo este mes Tukur Buratai, jefe del Estado Mayor del Ejército de Nigeria, a los soldados heridos durante una visita a un hospital en Borno, la región más castigada y en la que la emboscada del 08 de agosto (#18) y el ataque a la base militar de Zari del día 30 (#48) demuestran que los militares siguen siendo a día de hoy objetivo prioritario para el grupo yihadista. Sin duda, el Ejército responde, con sus propias emboscadas y bombardeos como los del 03 (#06) y 20 de agosto (#32), pero todavía no ve cumplidas las repetidas afirmaciones del Gobierno, incluso de este mismo mes y en boca del propio Butarai, de que el grupo terrorista está a punto de ser derrotado. Por su parte, la ONU expresa cada mes su preocupación por la población civil, en especial por la que vive en la zona del lago Chad, donde las graves carencias causadas por la mala gestión de los recursos naturales han creado un caldo de cultivo especialmente atractivo para los yihadistas, que se sirven de la extorsión y los secuestros en la zona para financiar sus actividades.

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El siguiente conflicto con mayor actividad tiene lugar en Malí. Allí la actualidad se ha centrado en el presidente, Ibrahim Boubacar Keita (IBK), que ha sido reelegido con el 67,17% de los votos. Las elecciones se han visto marcadas por las afirmaciones más que optimistas de Keita sobre el terrorismo, afirmando que las dificultades “ya quedaron atrás”, algo que la propia prensa del país ha cuestionado al recordar que el 12 de agosto (#24) el presidente de una mesa electoral fue asesinado por terroristas del JNIM, conglomerado yihadista en contra de cualquier proceso democrático. Sobre Keita es notorio que durante su primer mandato, y pese a la presencia de Naciones Unidas y tropas extranjeras, la inseguridad (causada por el terrorismo yihadista y los conflictos intercomunitarios) ha continuado empeorando, trasladándose desde el norte a regiones como Mopti, Segou o Menaka. En agosto se han llevado a cabo dos operaciones francesas de relevancia, en las que destaca la muerte de uno de los comandantes del ISGS (#40).

En cuanto a los países del norte, sobresalen Argelia y Libia. El primero comenzaba el mes con la resaca del atentado cometido el 30 de julio, tras el que continuaron las operaciones militares que, según el Gobierno, mataron al menos a siete terroristas de AQMI en la zona de Skikda (#02). Precisamente esta es una de las regiones que continúan como “formalmente desaconsejadas” por el Gobierno francés, que en el mes de agosto ha publicado un mapa especificando qué zonas tienen peligro (prácticamente todas las fronterizas) y cuáles no. Asimismo, tampoco es aconsejable acudir como turista a Tamanrasset, lugar en el que todos los meses se entregan varios terroristas armados (12 en agosto). A este respecto, vale la pena detenerse en el caso de Sultan Ould Badi (#20). El Ejército publicó el 11 de agosto unas fotografías del antiguo miembro de AQMI, conocido por el narcotráfico y los secuestros, junto a una kalashnikov, una ametralladora y municiones sobre una mesa. Por un lado, la presión militar argelina y francesa pone a estos yihadistas en una situación límite. Por otro, Argelia es de los pocos países que tienen un mecanismo de apoyo a los terroristas, con el fin de conseguir su rendición. La prensa local también habla de una gran campaña de sensibilización pública o la influencia ejercida por jefes tribales o grandes comerciantes de la zona. Sobre Libia, la inseguridad, causada por los gobiernos enfrentados y las muchas milicias que actúan con impunidad, sigue acaparando titulares. Esta violencia persistente también tiene un componente yihadista, en especial de la facción del Daesh que se hace fuerte en el sur del país y que el 23 de agosto (#36) asesinó a siete agentes de seguridad en un control de carretera.

Por último, Marruecos, país que no ha sufrido un atentado desde 2003 pero en el que el terrorismo ocupa buena parte de la actualidad, más aún en este de mes de agosto que ha coincidido con lo ocurrido en la comisaría de Cornellá o el repunte de la inmigración subsahariana. En este contexto, destaca la petición de Abdelhak Jiam, responsable de la lucha contra el terrorismo, de que el país alauita tutele las mezquitas españolas para impedir la radicalización, así como el acceso con pleno derecho a las bases de datos de la Europol. Esta compenetración ya es efectiva en numerosas operaciones policiales e incluso con el CNI en Siria, donde los servicios de inteligencia marroquíes supervisan los interrogatorios. Asimismo, hay que resaltar la reimplantación, doce años después, del servicio militar obligatorio, algo que se puede interpretar como un intento de la monarquía de mantener a la juventud a raya e impedir así protestas como el boicot a empresas con relaciones gubernamentales o el Hirak en el Rif. Por otra parte, el rey Mohammed VI ha indultado a 22 personas condenadas por terrorismo con ocasión de la fiesta nacional (#29).