Turquía y la amenaza terrorista: Turquía en la encrucijada

Turquía no tiene un papel fácil en la lucha contra el terrorismo. Por poner un ejemplo con cifras que nos den una idea de la magnitud del problema, cerró el año 2016 con más de treinta acciones terroristas que causaron la muerte de más de 300 personas. Por otra parte, ese mismo año Turquía sufrió un violento intento de golpe de Estado en el mes de julio que se saldó con casi 300 víctimas mortales más, lo que desató una ola de represión posterior que se materializó en la purga de cientos de miles de funcionarios, políticos, académicos y periodistas de un amplio espectro político por todo el país. Por si fuera poco, la economía turca ha entrado en una espiral depresiva de resultado incierto. La situación es ciertamente convulsa y, en medio de esta situación, el Gobierno ha optado por emprender una huida hacia adelante y dar un giro a la orientación política seguida hasta entonces, algo que afecta a los pilares básicos del propio Estado turco. En este contexto, las medidas excepcionales tomadas como consecuencia de la declaración del estado de emergencia por las autoridades turcas, otorgando extraordinarias facultades a los agentes de seguridad, no parece que hayan servido para contener la amenaza terrorista.

Turquía ha sido desde hace décadas el blanco elegido por un sinfín de organizaciones terroristas de muy diverso signo para llevar a cabo sus acciones. Esto ha sido debido en parte a su privilegiada posición estratégica; a caballo entre Europa y Asia, constituye un punto neurálgico y un cruce de rutas de personas y de mercancías. También por su cercanía al mundo árabe y la convulsa región de Oriente Medio y la peculiaridad de su composición social, un complejo entramado de etnias, culturas y tendencias religiosas. Ya en los años setenta, Turquía sufrió la acción de grupos terroristas que abanderaban la causa armenia como el Ejército Secreto Armenio para la Liberación de Armenia (ASALA) y los Comandos de Justicia del Genocidio Armenio (JCAG), que justificaban sus acciones como represalias por el genocidio armenio.

Siguiendo con la categorización del terrorismo que elaboró el profesor David C. Rapoport en su obra “Las Cuatro Olas del Terrorismo Moderno” , les sigue el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), grupo de ideología marxista-leninista impregnada con fuertes notas de nacionalismo kurdo, con su aparición en escena en 1978. Por último, Turquía ha sufrido como gran parte de los países del mundo el azote del terrorismo yihadista globalizado, especialmente el de la organización terrorista Daesh en los últimos años, con importantes ramas locales asentadas a lo largo de su territorio y otros grupos que actúan bajo el pretexto de la religión. En el presente artículo, haré un repaso de las principales organizaciones terroristas que operan en la actualidad en Turquía agrupadas según las categorías que utilizan las propias autoridades turcas: grupos separatistas, grupos de izquierda radical y grupos que utilizan la religión como elemento de lucha. Finalmente, daré algunas pinceladas sobre la dirección de la lucha antiterrorista que ha seguido el estado turco.

El principal grupo armado que opera en Turquía, cuyas acciones han tenido más repercusión internacional, es el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (en kurdo, Partiya Karkerên Kurdistan, PKK; en turco, Kürdistan İşçi Partisi). Nacido como un partido político tras el golpe militar de 1980 propiciado por el general Kenan Evren, su líder y fundador Abdullah Öcalan buscó refugio en la vecina Siria aprovechando las desavenencias que existían entre ambas naciones. Oficialmente, en el año 1984 iniciaron una lucha armada contra el Estado turco que ha causado más de 45.000 víctimas mortales hasta la actualidad. La amenaza por parte de Turquía de invadir Siria propició que Öcalan tuviera que abandonar este último país y comenzar un periplo internacional hasta su captura en Kenia y posterior encarcelamiento en el año 1999. Las posiciones ideológicas iniciales de este grupo han evolucionado hacia lo que se denomina en el entorno de la organización como “confederalismo democrático”. Constituye toda una propuesta programática que aspira a alcanzar una confederación de estructuras autónomas que trasciendan las propias fronteras turcas diseminadas por los Estados donde se asienta la población kurda (Turquía, Siria, Irán e Iraq), con el objetivo de incidir en esos territorios. Para ello, se creó con carácter instrumental la Confederación de los Pueblos del Kurdistán (en kurdo, Koma Civakên Kurdistan, KCK), que sirve de paraguas para todas las franquicias externas a Turquía y afines al PKK. La presencia del PKK en estos territorios fronterizos con Turquía es de vital importancia para su subsistencia, ya que son utilizados como “santuarios” desde los que poder moverse con relativa facilidad a ambos lados de la frontera. Las autoridades turcas consideran también a las organizaciones sirias afines al PKK como grupos terroristas con fuerte vinculación al mismo a saber; el Partido de la Unión Democrática (PYD) y su rama militar, las Unidades de Protección Popular (YPG). La cuestión se complica aún más si tenemos en cuenta que estas dos últimas organizaciones colaboran estrechamente con Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo en el área.

En la financiación del PKK son determinantes una gran diversidad de actividades ilícitas tales como la extorsión, el contrabando y el tráfico de drogas, así como los ingresos obtenidos a través de las redes de la diáspora kurda, fundamentalmente residente en Europa. Una vez más, se verifica el nexo entre terrorismo y crimen organizado.

A partir del año 2013, gobierno turco y representantes del PKK se sentaron a dialogar una salida negociada del conflicto, hasta que dichas conversaciones colapsaron en julio de 2015 y se reanudó la lucha armada, especialmente en el sureste, y el PKK regresó a las tradicionales tácticas de guerrilla para exportar la “lucha armada” del ámbito rural a las ciudades. A partir del año 2015, el conflicto ha entrado en una fase más letal y se ha cobrado la vida de casi 4000 personas. En la ruptura de las conversaciones de paz, jugó un papel determinante la tibia respuesta del Gobierno turco ante el asedio de la ciudad kurda de Kobane (Ayn al Arab) en la vecina Siria, así como que no permitiera el paso voluntarios kurdos de Turquía para apoyar a sus “hermanos” en la lucha contra Daesh, lo que fue percibido por muchos sectores del nacionalismo kurdos como un espaldarazo al Daesh.

Dentro de la pléyade de organizaciones relacionadas con el PKK existen algunas partidarias de continuar la lucha armada contra el Estado turco, y entre estas se encuentran los Halcones de la Libertad del Kurdistán (en kurdo, Teyrênbazê Azadiya Kurdistan, TAK) no pudiendo establecer a ciencia cierta si se trata de un proxy de la organización matriz o una disidencia en sí misma. Entre las acciones más recientes de este grupo se encuentra el atentado con coche bomba cometido en enero de 2017 en los tribunales de Bayraklı, İzmir.

En su desafío al Estado turco, el PKK ha empleado diversos medios, combinando acciones de guerrilla y tácticas de “hit and run” con acciones terroristas más “clásicas” como atentados con coche bomba o incluso atentados suicidas. El Estado turco sostiene operaciones militares contra el PKK y organizaciones afines en el sureste de Turquía desde hace décadas que se han intensificado a partir del año 2015. Dichas operaciones, enmarcadas en la lucha contra el terrorismo, han despertado la preocupación de la comunidad internacional, tanto por su intensidad como por los serios indicios de que en la misma se han cometido violaciones de derechos humanos.

En otras ocasiones el Estado turco ha delegado la persecución de los grupos insurgentes en fuerzas paramilitares como los “guardias del pueblo” (en turco: Korucular, oficialmente conocidos como “Guardias del Pueblo Temporales Voluntarios – Geçici ve Gönüllü Köy Korucuları), que no es otra cosa que una fuerza armada paramilitar auxiliar de las autoridades turcas que recluta generalmente a miembros de origen étnico kurdo. Turquía ha contado igualmente en esta lucha con el apoyo de otros grupos como los “Lobos Grises” (en turco: Bozkurtlar); organización de extrema derecha con importantes nexos con el principal partido que apoya al gobierno actual, el Partido de Acción Nacionalista. Además, estos grupos, cuya actuación no se caracteriza por ser muy respetuosa con los derechos humanos, tienen importantes nexos con el crimen organizado. Por su parte, el PKK y sus organizaciones afines son culpables de graves abusos y violaciones de derechos humanos y están considerados como grupo terrorista no solo por Turquía, sino también por la Unión Europea y Estados Unidos.

En la segunda categoría de grupos terroristas, me referiré a aquellas que tienen un ideario de extrema izquierda.  En este sentido, la principal y más activa organización es el Partido Revolucionario de la Liberación del Pueblo (en turco Devrimci Halk Kurtuluş Partisi-Cephesi o DHKP-C). Este grupo tiene sus raíces en la organización DEV-SOL (Devrimci Sol, izquierda revolucionaria) creada en 1978 por Dursun Karataş. El grupo se define como como una organización marxista-leninista, anti-norteamericana y anti-OTAN que pretende derrocar el gobierno y sustituirlo por otro de corte socialista. Considerado una organización terrorista tanto por Estados Unidos como por la Unión Europea, su actividad ha bajado bastante en intensidad y notoriedad, en parte debido a la eficacia de la acción policial, aunque en 2016 fue responsable de algún notable incidente terrorista como el ataque a un vehículo de policía en Estambul el 3 de marzo. Un año antes, dos presuntos miembros de este grupo abrieron fuego contra el consulado norteamericano en Estambul. En 2017, este grupo atacó con cohetes la sede del partido gubernamental AKP en una acción con bastante repercusión. En este sentido el grupo suele atacar intereses norteamericanos en Turquía. Sus principales líderes son Musa Asoglu (cumpliendo pena de prisión en Alemania desde 2016), Zerrin Sari (ex-mujer de Dursun Karataş) y Seher Demir Sen.

Siguiendo en este ámbito de la ideología de izquierda, actúa un amplio espectro de grupos menores y menos relevantes de los que caben citar: el Partido Comunista Maoísta de Turquía (en turco: Maoist Komünist Partisi MKP), Partido Comunista Marxista-Leninista (en turco: Marksist-Leninist Komünist Partisi, MLKP), Partido/Frente de la Liberación del Pueblo (en turco: Türkiye Halk Kurtuluş Partisi-Cephesi, THKP-C) o el Partido Comunista de Turquía / Marxista-Leninista  (Türkiye Komünist Partisi/Marksist-Leninist in Turkish, TKP/ML) y su brazo armado, el Ejército de Liberación de los Trabajadores y Campesinos de Turquía ( en turco Türkiye İşci ve Köylü Kurtuluş Ordusu TİKKO), con sede en la vecina Ras al Ayn (Siria). Muchos de estos grupos actúan como células guerrilleras en la región del Kurdistán turco y en la vecina Siria.

Por último, respecto a los grupos que utilizan fundamentalismo religioso radicalizado como principal elemento, me gustaría citar al Hezbollah Turco (Türk Hızbullahı), o Hezbollah Kurdo, que no tiene nada que ver con la famosa milicia libanesa del mismo nombre. La organización, nacida a mediados de los años 80, fue fundada por algunos de los miembros más radicales de la Asociación Nacional de Estudiantes Turcos (Milli Türk Talebe Birliği, MTTB), como Huseyn Velioglu o Isa Altsoy (actual líder), que establecieron su base de operaciones en la librería Ilim de Diyarbakir. Existen fundados indicios para pensar que dicho grupo contó desde un principio con el apoyo y la implicación de diferentes instancias de las autoridades turcas. La actuación de este grupo de corte fundamentalista podría ser útil en la guerra contra la incipiente actividad de la guerrilla marxista del PKK. Algunos expertos apuntan también a conexiones de este grupo con otras organizaciones terroristas como Al Qaeda o incluso gobiernos extranjeros como el de Irán. No obstante, se trata de un grupo terrorista de ideología islamista radical de ámbito doméstico formado principalmente por miembros de etnia kurda, pertenecientes a las capas más desfavorecidas de la sociedad. Sus principales bastiones se encuentran en las ciudades de Diyarbakir, Van, Batman y Mardin. El objetivo último de este grupo es subvertir el orden constitucional en Turquía para imponer una república islámica. El grupo se ha caracterizado a lo largo de su trayectoria por el empleo de métodos brutales de tortura y asesinatos, tomando como objetivos miembros o simpatizantes del PKK, fieles de otras confesiones religiosas o diferentes ramas del islam, así como empresarios que han sido víctimas de secuestro por parte de esta organización para obtener un rescate.

Como ocurre en otros Estados con situaciones socio-políticas conflictivas, Daesh tiene una importante presencia en Turquía. Beneficiado en parte por la fijación del estado turco en su lucha contra el PKK, al comienzo del estallido de la guerra en Siria, Turquía actuó con demasiada tibieza respecto a Daesh y otros grupos yihadistas que combatían a los kurdos en territorio sirio. Daesh ha establecido rápidamente redes en Ankara, Estambul y zonas colindantes a la frontera con Siria. Este y otros grupos yihadistas como Hay´at Tahrir al-Sham (HTS, anteriormente conocido como Nusra) y Ahrar al Sham han visto en Turquía un terreno propicio para la captación de combatientes, en parte debido a la propia identidad religiosa islamista de una gran parte de la sociedad turca. Dicha acción se veía facilitada por el carácter poroso de la frontera entre Turquía y Siria, que permitía el tránsito de combatientes entre ambas naciones con la connivencia, más o menos explícita, de las autoridades fronterizas. Hay que tener en cuenta que entre los años 2014 y 2015 Turquía compartió frontera con importantes zonas de Siria controladas por el Daesh en las provincias de Gaziantep, Sanliurfa y Kilis. Actualmente, la provincia de Hatay comparte frontera con Idlib en Siria, importante bastión de grupos yihadistas en el país.

Según informaciones de las autoridades turcas, existe una importante red de Daesh operando dentro del país, con un comando central de aproximadamente medio centenar de miembros que se mueven en el área de Estambul, Sanliurfa, Gaziantep, Hatay, Batman, Adiyaman y Kahramanmaras. De las células diseminadas por la geografía turca, quizá la más peligrosa sea la de Adiyaman, creada y dirigida en 2013 por Mustafa Dokumaci, responsable de varios atentados suicidas. El grupo recibe el nombre de “Dokumacilar” (tejedores). La mayor parte de los responsables de estos ataques han sido cometidos por ciudadanos turcos relacionados con esta célula, destacando los importantes atentados suicidas de 2015 en Suruc (Sanliurfa) y Ankara, con resultado de más de 130 víctimas mortales entre ambos. Los dos atentados tomaron como objetivo actividades políticas y sindicales de tendencia de izquierdas. Existen otras células locales activas, como la que opera en la ciudad conservadora y de mayoría kurda de Bingol, así como otras en Estambul, Izmir, Konya y Gaziantep.

A pesar del aumento de las actuaciones policiales y las detenciones emprendidas contra personas sospechosas de tener vínculos con Daesh, algunas voces expertas critican la falta de contundencia en el posterior enjuiciamiento de los acusados, así como la excesiva tolerancia respecto de los combatientes que regresan desde Siria. En marzo de 2016, Daesh perpetró un atentado suicida en la ciudad de Estambul, con resultado de 4 muertos y en junio de 2016 atacó el aeropuerto de esta ciudad y asesinó a 44 personas.  En 2017, Daesh volvió a protagonizar algunas acciones notables como el tiroteo del Club Reina, en enero, que causó decenas de muertos, aunque parece estar más conectado con las redes internacionales de esta organización.

Para terminar, no quería dejar de referirme a la polémica designación como grupo terrorista a nivel doméstico del movimiento socio-religioso del autoexiliado clérigo Fethullah Gulen, en mayo de 2016, por parte del Consejo Turco de Seguridad Nacional. El Gobierno turco asevera que la organización del citado clérigo planeó y ejecutó el intento de golpe de Estado de julio de 2016, en el que resultaron muertas más de 240 personas y 2100, heridas. Las autoridades turcas pasaron a denominar a la organización “Fethullah Terrorist Organization” (“FETO”). En virtud de los decretos de emergencia aprobados por el Gobierno después del golpe, cientos de miles de personas fueron apartadas de sus puestos en la función pública y despedidas de sus trabajos por presuntos vínculos con dicha organización. A nivel internacional, aparte del Consejo de Cooperación del Golfo y la Organización de Cooperación Islámica, ningún otro Estado ha secundado dicha declaración.

En definitiva, el panorama que afronta Turquía en la lucha contra el terrorismo y los grupos armados es complicado. Para afrontar con solvencia tan grande desafío debe responder con contundencia ante la actuación de cualquier grupo terrorista, sea de la ideología que sea y tenga interés doméstico o no. Ciertamente, es difícil actuar contra un espectro tan amplio de grupos, y tal vez Turquía desaprovechó el período comprendido entre los años 2013 y 2015 para desactivar el problema kurdo mediante una salida negociada. Por otra parte, su persistencia en la persecución de grupos como el PKK, totalmente legítima por otro lado, unida a otros factores de oportunidad y conveniencia, puede haber permitido a organizaciones como el Daesh asentar sólidas estructuras y redes dentro de territorio turco.

Por último, la utilización instrumental de la lucha antiterrorista en la persecución de otro tipo de delitos o actividades conexas con la política, como la aplicada contra la organización religiosa y social del clérigo Fethullah Gulen, desacredita en gran medida el Estado de derecho. Turquía se encuentra en un momento de profundas transformaciones políticas y sociales y está tratando de encontrar su lugar en el contexto geopolítico y saber si este se encuentra más próximo a Asia o Europa. Por eso hay que acoger con cautela la reciente noticia de la finalización del estado de emergencia al mismo tiempo que en el parlamento se debate una propuesta de reforma de las leyes antiterroristas que sigue otorgando al Ejecutivo importantes prerrogativas en este ámbito. Como indicaba al comienzo, Turquía se encuentra en una encrucijada; en la lucha contra el terrorismo, deberá definir claramente sus prioridades y líneas de actuación y, sobre todo, ajustar estas a la manera de proceder de un Estado de derecho.