Análisis de la actividad yihadista en el Magreb y el Sahel occidental en junio de 2018

El atentado terrorista más importante perpetrado durante el mes de junio, no por su envergadura, sino por su aspecto simbólico, es sin duda el ataque al cuartel general del G5 del Sahel en Malí. Nunca antes se había producido un atentado en el corazón de esta fuerza militar puesta en marcha en 2017 y formada exclusivamente por países africanos (Burkina Faso, Malí, Mauritania, Níger y Chad) para luchar contra el yihadismo en la región. JNIM, grupo en la órbita de Al Qaeda y liderado por Iyad Ag Ghali, uno de los terroristas más buscados del Sahel, reivindicó el atentado suicida que dejó al menos tres muertos.

La cercanía del ataque a la reunión en Mauritania de los presidentes del G5 con su homólogo francés, Emmanuel Macron, tampoco parece casual. En teoría, la fuerza africana está destinada a hacerse cargo de la Operación Barkhane de las Fuerzas Armadas francesas en el Sahel y, en definitiva, a independizarse de la injerencia extranjera. Sin embargo, la falta de financiación sigue siendo un problema para el que, por lo general, los mandatarios africanos suelen recurrir a la interdependencia geopolítica. “El Sahel es la frontera con Europa: es un escudo”, ha señalado con anterioridad el nigerino Mahamadou Issoufou, actual presidente del G5 Sahel.

El ataque se enmarca en un clima de inseguridad creciente por el yihadismo, el bandolerismo, las milicias y los conflictos intercomunitarios que sobrepasan las fronteras de Malí. Prueba de ello es el ataque yihadista en Boni (Malí) del día 9 de junio en el que murieron dos soldados, el triple atentado suicida del día 4 en Níger o las muertes de 32 civiles de etnia peul en la región de Mopti atribuidas, según sus vestimentas, a los “cazadores”, también llamados “Dozo”. Sobre este mismo tema incide un reciente informe de International Crisis Group, que reclama tanto a los gobiernos como a potencias extranjeras que no acentúen todavía más estos antagonismos locales.

Aunque Boko Haram fue técnicamente derrotado en 2015, según el presidente de Nigeria su presencia todavía es más que notable en el norte del país, con el Estado de Borno como epicentro de una crisis que va en aumento. De hecho, continúan llevando a cabo ataques terroristas de gran envergadura e incluso realizan ya atentados en países vecinos como Camerún. Coincidiendo con la celebración del fin de Ramadán, el mes sagrado para los musulmanes, el día 17 el grupo terrorista perpetró un doble atentado suicida en el que murieron unas 43 personas. Los ataques a pueblos y fuerzas de seguridad se suceden, como el del día 18 en el que murieron nueve soldados. A su vez, el Ejército también realiza operaciones victoriosas, como el rescate durante el mes de junio de 181 personas, en su mayoría niños.

Por su parte, Libia vuelve a ser otro gran foco de violencia. El país sigue dividido en tres Gobiernos: dos en Trípoli, uno de ellos respaldado por la ONU, y otro en Tobruk. En esta amalgama de actores las milicias armadas, así como la rama libia del Daesh, operan con impunidad. Lo más relevante a lo largo del mes es que las fuerzas del mariscal Jalifa Hafter, que encabeza el Ejército leal al Gobierno del este, se han hecho con el control de la ciudad de Derna, que llevaba bajo asedio más 30 días. En este escenario se han sucedido atentados y arrestos de tintes yihadistas como el ataque a la comisaría del día 2, reivindicado por el Daesh, o las dos explosiones de coches bomba del día 12. Asimismo, destaca la presencia de Estados Unidos en la zona, que ha comunicado varias operaciones exitosas que han acabado con la vida de al menos cinco terroristas.

En cuanto a Túnez y Argelia, en ambos países se ha producido un número considerable de arrestos. En total han sido 28 detenciones, muchas de ellas originadas gracias a rendiciones de los supuestos terroristas que deciden ponerse a disposición de las autoridades y entregar sus armas. El grupo yihadista Jund al-Khilafa atacó en el monte tunecino Djebel Chambi al pastor Mohamed Griri, que falleció un día después a consecuencia de las heridas.

Como viene siendo habitual, Marruecos ha centrado sus esfuerzos en fortalecer los lazos de cooperación tanto con países occidentales como africanos. Prueba de ello es la organización de la cumbre de la Coalición Mundial contra el Estado Islámico, a la que también asistió EEUU y en la que el ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita, ha asegurado que hay al menos 10 000 yihadistas en el continente. Asimismo, vale la pena destacar el viaje a Nigeria de Mohammed VI o la visita oficial del ministro de Interior español, Grande-Marlaska, a Rabat, en la que ha subrayado el “elevado grado de interlocución y de confianza mutua” entre los departamentos de ambos países y ha valorado de forma positiva las más de 20 operaciones conjuntas que se han realizado desde 2014. Además, este mes se ha anunciado la creación del grupo cuatripartito de fiscalías antiterroristas, formado por Marruecos, Francia, Bélgica y España, para agilizar la cooperación judicial.