El desafío securitario del “pandiyihadismo” en Trinidad y Tobago

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El grupo denominado “Unrluy ISIS” es uno de los ejemplos más paradigmáticos del “pandiyihadismo” en Trinidad y Tobago. Imagen: redes sociales.

Lennox Philip nació el 19 de octubre de 1941 en un suburbio de Puerto España, la capital del estado caribeño de Trinidad y Tobago. Este ex policía, cuando un predicador egipcio visitó el país en 1969, se convirtió en uno de los primeros conversos al islam en el país. A partir de la década de 1970, ya bajo el nombre de Yasin Abu Bakr, pasó años en Libia como huésped del coronel Gadafi, quien por aquel entonces alentaba a los activistas musulmanes de todo el mundo. Posteriormente regresó a Trinidad y Tobago, y fundó su propia organización: Jamaat-al-Muslimeen, o Partido de los Musulmanes.

El 27 de julio de 1990, Jamaat-al-Muslimeen perpetró un asalto al Parlamento de Trinidad y Tobago con el objetivo de derrocar al entonces primer ministro, Arthur Robinson. Durante seis días se produjeron saqueos y enfrentamientos violentos que dejaron un balance de 24 víctimas mortales. El 1 de agosto de 1990, los asaltantes se rindieron tras negociar con el ejército .

Imagen tomada en 2013 de Lennox Philip /Yasin Abu Bakr (fallecido en 2021), líder de Jamaat-al-Muslimeen. Imagen: Miami Herald.

Más de dos décadas después, en julio de 2016, se publicó una entrevista en la que un ciudadano trinitense, Shane Crawford, criticaba la insurrección de Jamaat-al-Muslimeen. A su juicio, se rindieron rápidamente, «apostataron» y participaron en «la religión de la democracia», demostrando no seguir la metodología correcta de la yihad.

El medio que reprodujo estas declaraciones fue el número 15 de Dabiq, revista de referencia del entonces muy potente aparato propagandístico de Daesh. El entrevistado había viajado más de 9.500 km con su familia para operar, bajo el nombre de Abu Sa‘d atTrinidadi, como francotirador de Daesh en el teatro de combate sirio. En 2017 fue eliminado mediante un ataque estadounidense con drones.

Imagen de Shane Crawford/ Abu Sa‘d at‑Trinidadi en el número 15 de la revista Dabiq.

Este individuo fue uno de los numerosos ciudadanos trinitenses que viajaron a Irak y Siria para unirse al califato entre 2013 y 2018. Estimaciones gubernamentales sitúan esta cifra en 130, mientras que fuentes de los servicios de seguridad la elevan a cerca de 240. De esta manera, a nivel macro, el país ostentaría la tasa per cápita de reclutamiento yihadista más elevada del ámbito occidental, ya que la nación caribeña tiene entre 1,3 y 1,4 millones de habitantes con una minoría musulmana de aproximadamente el 5% de la población.

Un estudio del Caribbean Investigative Journalism Network (2019) realizado sobre 70 «emigrantes» revela datos singulares: una notable composición familiar donde el 34% eran hombres, el 23% mujeres y el 43% menores de edad. Asimismo, la edad promedio de los adultos rondaba los 34 años —una década por encima de la media observada en otros contingentes occidentales— y el 43% del total eran conversos al islam. Además, el 100% de los «viajeros» operaba dentro de una misma red social e interpersonal interconectada, lo que descarta la radicalización aislada.

La captación (casi el 70% del total) estuvo altamente centralizada en la mezquita Umar Ibn Khattab (Río Claro) dirigida por el imán Nazim Mohammed, uno de los participantes en el intento de golpe de estado de 1990. En torno a 15 miembros de su familia formaron parte del contingente que abandonó el país para integrarse en las filas del Daesh. El resto provenía de entornos de otras mezquitas de orientación salafista, específicamente Masjid Al Khaleefa, Masjid Da’Watil Haqq y Nur E Islam.

En un exhaustivo trabajo de Simon Cottee (2019) se recogen interesantes datos sobre el perfil de los «emigrantes» trinitenses. Contemplados desde la intersección entre las dinámicas locales y globales, destaca el papel fundamental de las conexiones interpersonales y las redes sociales en los procesos de radicalización y movilización. Para el autor, los vínculos de amistad, familia, vecindad y pertenencia religiosa facilitaron la circulación de ideas que derivó en la legitimación del proyecto del califato yihadista. De esta forma, contempla el reclutamiento como un proceso social en el que las influencias interpersonales y las estructuras relacionales van de la mano en igualdad de importancia con el entorno cercano de los desplazados.

Según Human Rights Watch, desde 2019, más de 90 nacionales de Trinidad y Tobago, incluyendo al menos 50 niños, fueron detenidos en el noreste de Siria por su presunta vinculación con Daesh. Ninguno de ellos fue acusado formalmente de delito alguno ni compareció ante un juez.  En este contingente también hay muchas mujeres. A pesar de numerosas promesas de repatriación, en Trinidad y Tobago solo aceptaron, en abril de 2025, el retorno de dos menores. La mayoría de los detenidos trinitenses son niños que nunca eligieron vivir en el califato yihadista, sino que fueron llevados a Siria por padres que buscaban unirse al proyecto de Daesh. Asimismo, al menos una treintena de ellos nacieron directamente bajo el califato yihadista sirio-iraquí.

Un informe de Gabriel Perkins, publicado en abril de 2026, pone el foco en el riesgo derivado de la fusión entre la ideología yihadista y las pandillas criminales locales. En 2024, año en que el gobierno decretó el Estado de Emergencia, Trinidad y Tobago registró 624 homicidios, de los cuales el 42% fueron relacionados con pandillas. Esta tasa de 40.44 homicidios/100,000 hab. sitúa al país entre los más violentos del Caribe, superando a México (28/100,000) y acercándose a Honduras (41/100,000) en su pico más alto. Grupos de inspiración yihadista y pandillas captaron, y captan, militantes del mismo nicho demográfico: jóvenes desempleados de comunidades marginadas.

Perkins cita como ejemplo de conexión entre ambos espectros un grupo denominado «Unruly ISIS», que, pese a no tener vinculación orgánica alguna con Daesh, ha adaptado el imaginario yihadista de manera performativa en sus mensajes y su estética. Esta organización tuvo su génesis en un grupo denominado «Muslim Gang» a cuyo frente se encontraba Selwyn Alexis, alias «Robocop». Una facción descontenta que acusaba a Alexis de una distribución desigual de los beneficios derivados de actividades ilícitas lo ejecutó y se escindió pasando a operar bajo el nombre de «Unruly ISIS».

Imagen de Dave Junior Nesbit, alias Abdul Malik, presunto líder de «Unruly ISIS» en Chaguanas. Fue ejecutado por individuos armados en su domicilio en 2022. Imagen: The Guardian.

A pesar de la escisión de «Unruly ISIS», «Muslim Gang» compite con «Rasta City» por la primacía en el control de amplias zonas del país. La escisión de «Rasta City» en 2017 generó las pandillas «Sixx» y «Seven», cuya violencia se ha exportado ya a otras islas del Caribe. A estas se suman escisiones menores como «ABG» y «Boombay Gang». La presencia operativa del «Tren de Aragua» de Venezuela, cuyas costas se encuentran apenas unos 11 kilómetros de distancia en su punto más cercano, añade una dimensión transnacional al panorama.

Los grupos violentos trinitenses participan en la distribución y el tráfico de cocaína, principalmente hacia Europa y EE.UU., lo que tiene como peligrosa deriva el incremento del comercio ilícito de armas hacia el país. A consecuencia de ello, ha ido aumentando el número de episodios violentos en los que se emplearon fusiles automáticos de alto calibre. Sobre estas cuestiones, en mayo de 2026, Kamla Persad-Bissessar, primera ministra trinitense, reconoció que el tráfico ilegal en sus distintas variantes, combinado con la actividad de actores armados no estatales, contribuye de manera decisiva a una escalada de la violencia estructural que, hoy por hoy, dista mucho de estar cuanto menos contenida.

Así las cosas, el Departamento de Estado de EE. UU. Actualizó en abril de 2026, una advertencia de viaje de nivel 3 (marzo de 2025) citando expresamente el crimen y el riesgo de terrorismo (por el posible retorno de combatientes extranjeros). El Reino Unido también actualizó sus consejos de viaje en junio de 2026, incluyendo el Estado de Emergencia y los riesgos de terrorismo.

Trinidad y Tobago ha sufrido la violencia de inspiración yihadista tanto de modo endógeno con Jamaat-al-Muslimeen como exógeno, con la «emigración» autóctona hacia el califato yihadista. Esta última es considerada una amenaza latente por el riesgo que entraña la figura de los retornados. Sobre estos últimos, no quitándoles un ápice de potencial peligrosidad, se debería tener en cuenta que la mayoría son mujeres y menores. Tampoco estaría de más recordar que su vuelta al país se encuentra altamente condicionada por factores que van más allá de la mera voluntad de regresar.

Inseguridad, desigualdad, violencia y narcotráfico son factores que perfilan el marasmo securitario en el que se halla sumido Trinidad y Tobago, bajo una especie de punto ciego en el Caribe que corre el riesgo de mutar hacia un estado fallido. Estas circunstancias constituyen un caldo de cultivo ideal para la captación de militantes para las organizaciones armadas de diversa índole que operan en Trinidad y Tobago. El mismo criterio se puede aplicar a individuos o grupos que, actuando de forma mimética, dan a su modus operandi una pátina del imaginario, y la violencia real empleada por Daesh, conformando en ese degradado contexto un vector que bien podría denominarse como «pandiyihadismo». En este término tendría cabida una mezcla de control territorial adornado con mística de terror global que inspira Daesh, aunque alejado de la vinculación jerárquica que emana de la pureza salafista que inspiró a Shane Crawford/ Abu Sa‘d atTrinidadi y a sus correligionarios en el delirio de consecución del califato yihadista.