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Prólogo
Aina Calvo Sastre, Secretaria de Estado de Seguridad del Ministerio del Interior
Desde finales del siglo XX y, con especial intensidad, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, el terrorismo yihadista se ha consolidado como una de las principales amenazas para la seguridad internacional, la estabilidad regional y la convivencia democrática. No se limita a la violencia visible de los atentados: es un fenómeno de naturaleza compleja que exige marcos de análisis amplios, multidisciplinares y sostenidos en el tiempo.
Conviene, por tanto, abordarlo como un reto estratégico que combina un núcleo ideológico de inspiración yihadista —como mecanismo de legitimación interna— con estructuras operativas capaces de adaptarse continuamente a los cambios tecnológicos y sociales. Esa plasticidad les permite redefinir métodos, ajustar su radio de acción según el contexto y maximizar su impacto, garantizando así su persistencia y relevancia en el panorama global.
Comprender esa base doctrinal obliga a detenerse en el concepto de yihadismo: un constructo ideológico que articula una reinterpretación radicalizada, excluyente y beligerante del islam, empleada como marco para legitimar el uso sistemático de la violencia con fines políticos y estratégicos. Al tener la capacidad de ofrecer una narrativa y justificación teológica, el yihadismo funciona como vector de movilización y cohesión de actores violentos no estatales.
Sobre ese armazón doctrinal se han desarrollado organizaciones que explotan diversos factores sociales y psicológicos para ampliar su capacidad de atracción y proyección operativa.
Al Qaeda, el Estado Islámico y sus múltiples filiales han construido narrativas que capitalizan frustraciones, agravios reales o percibidos y dinámicas de exclusión. La difusión global de estas narrativas a través de internet, redes sociales y plataformas de mensajería ha multiplicado su influencia y ha posibilitado que individuos radicalizados actúen sin conexión orgánica con células formales, lo que incrementa la imprevisibilidad de los ataques.
Como consecuencia de esta expansión multinivel, los efectos del terrorismo de etiología yihadista no se limitan al plano estrictamente securitario; sino que inciden de manera profunda en múltiples dimensiones de la realidad global.
A todo ello se suma que la combinación de atentados, la persistencia de conflictos armados en los que operan grupos yihadistas y el uso sistemático de la violencia para controlar territorios, ha generado un impacto duradero y devastador en regiones como el Sahel, Oriente Medio, Asia Central y el Sudeste Asiático; al mismo tiempo que otros países afrontan el reto de prevenir procesos de radicalización local, fortalecer la resiliencia social y reducir la vulnerabilidad de determinados colectivos.
Tal y como recoge la Estrategia Nacional contra el Terrorismo (ENCOT-23), comprender y abordar este complejo fenómeno es hoy una prioridad compartida por los Estados, las organizaciones internacionales, el mundo académico y la sociedad civil, que debe integrar, de manera central, a quienes han sufrido más directamente sus consecuencias: las víctimas del terrorismo. Su papel es esencial para la memoria, la justicia y la consolidación de sociedades resilientes frente al extremismo violento.
Las víctimas aportan una perspectiva irreemplazable porque representan, de forma directa y tangible, la negación de la violencia terrorista. Sus testimonios desactivan la glorificación del martirio y la supuesta justicia de las acciones yihadistas. En contextos donde la polarización tiende a aumentar tras un atentado, su voz introduce una reflexión colectiva que favorece la empatía, la cohesión social y la resistencia frente al discurso del odio.
En esta línea, desde 2017 el Ministerio del Interior desarrolla el proyecto “Memoria y prevención del terrorismo”, que combina materiales didácticos con la apertura de las aulas a víctimas para que trasladen su testimonio al alumnado. Con ello se fomenta el rechazo a la violencia y al odio, se humaniza a las víctimas y se sensibiliza a los jóvenes frente a los extremismos y la radicalización.
A lo largo de 2025, más de 8.000 alumnos de 81 centros educativos de 9 comunidades autónomas participaron en esta actividad, lo que supone un incremento cercano al 20% respecto al año anterior.
El papel de las víctimas también es decisivo en términos de justicia y reparación. El derecho internacional y las legislaciones nacionales han establecido marcos para indemnizaciones y para la asistencia psicológica, sanitaria y de rehabilitación. Pero la reparación no es únicamente material; implica encuadrar a las víctimas en una arquitectura más amplia que abarque medidas de memoria, dignidad, justicia y verdad.
A la luz de lo expuesto, este prólogo aspira a contextualizar la magnitud del desafío global que representa el terrorismo yihadista y subrayar la necesidad de mantener un enfoque integral que combine medidas de seguridad con estrategias de desarrollo, educación, inclusión social y fortalecimiento institucional, orientadas a la prevención de la radicalización, la protección de los derechos fundamentales, la promoción de la diversidad cultural y religiosa y el rechazo inequívoco de cualquier forma de violencia ideológica.
Partiendo de ese marco, el Anuario del terrorismo yihadista del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo (OIET) vuelve a presentarse como una obra de interés para comprender la evolución del fenómeno a escala internacional, regional y nacional, así como los desafíos que de ella se desprenden. Para orientar la lectura, conviene precisar brevemente la naturaleza y el alcance de las contribuciones que lo integran.
El contenido de los capítulos que integran esta obra responde al análisis, la interpretación y la opinión de sus autores, construidos desde sus respectivas trayectorias y campos de especialización. Estas perspectivas pueden no coincidir necesariamente con los criterios o valoraciones de profesionales dedicados al ámbito de la seguridad pública; sin embargo, creo firmemente que la aportación de expertos provenientes de otros sectores enriquece el debate, amplía el enfoque y permite abordar los retos actuales desde miradas complementarias y siempre bienvenidas.
Con este marco metodológico y plural, esta edición se abre con el capítulo de Carlos Igualada —director del OIET y coordinador de la obra—, que analiza las tendencias y las dinámicas globales de la actividad terrorista de inspiración yihadista. Entre otros aspectos, subraya la instrumentalización de los conflictos en Oriente Medio por parte de las organizaciones terroristas, la continuidad de un modelo de terrorismo de bajo impacto en los países occidentales y la creciente desestabilización de África Occidental a raíz de la actividad yihadista.
En la misma línea, Ana Aguilera sostiene que África Occidental se ha consolidado como la región más inestable del mundo en términos de amenaza terrorista. En este escenario, la rama local de Al Qaeda (JNIM) continúa siendo la organización más letal tras haber puesto en jaque a las administraciones de las tres juntas militares que gobiernan Mali, Níger y Burkina Faso. A su vez, las dos franquicias del Estado Islámico —en la Provincia del Sahel (EI‑Sahel) y en África Occidental (ISWAP)— mantienen una tendencia ascendente en poder y expansión.
Por su parte, Iñaki Méndez, en el capítulo dedicado al Sudeste Asiático, explica que, pese a la aparente calma que predomina en la mayoría de los países de la región, la amenaza de los grupos yihadistas que llevan décadas operando no ha desaparecido. Esta persistencia se mantiene incluso a pesar de los avances logrados en los últimos años gracias a las operaciones de lucha contraterrorista.
En cuanto al caso español, el cuarto capítulo —también firmado por Carlos Igualada— ofrece una radiografía del estado actual del terrorismo y de la respuesta contraterrorista en nuestro país. Analiza, por un lado, las operaciones policiales contra el terrorismo de etiología yihadista y perfila de manera exhaustiva a las personas detenidas en 2025 por su implicación en actividades yihadistas en España; y, por otro, identifica los principales desafíos, entre los que destacan el riesgo de atentados cometidos por actores solitarios y el auge de la radicalización de menores a través de las nuevas tecnologías.
El siguiente capítulo, de Javier Yagüe, aborda el uso de los avances tecnológicos por parte de las organizaciones yihadistas, llegando a la conclusión de que, a pesar de que tratan de imponer una visión propia de otros tiempos, no son ajenas a la innovación, la cual utilizan en su beneficio para aproximarse a sus objetivos. Estas organizaciones evolucionan y se adaptan al presente y al futuro tecnológico, adoptando un enfoque dinámico sobre los nuevos desarrollos.
El sexto capítulo, escrito por Daniel Pérez García, profundiza en la radicalización recíproca. Examina la convergencia entre la propaganda yihadista y la de extrema derecha, señalando elementos compartidos —nostalgia, amenaza y utopía de pureza— y la explotación de áreas comunes como la hipermasculinidad, el martirio y la rebelión. El análisis subraya el uso de medios digitales, memes y estética de gaming para descontextualizar la violencia y presentarla como empoderamiento y respuesta extremista ante la decadencia social, convirtiendo estos recursos en palancas de promoción del extremismo entre la juventud alienada.
Finalmente, la obra se cierra con un capítulo centrado en las víctimas del terrorismo. En esta ocasión, las investigadoras Inés Gaviria y Maria Cantó analizan cómo el genocidio en Gaza ha sido instrumentalizado por diversos grupos yihadistas dentro de su narrativa de justificación de la violencia. Concluyen que esa instrumentalización ha generado dos efectos profundamente dañinos: por un lado, la legitimación del terrorismo, con el consiguiente riesgo de un aumento de atentados y de nuevas víctimas; y, por otro, el borrado y la desatención hacia las víctimas del propio genocidio, así como hacia las víctimas de los atentados del 7 de octubre de 2023 en Israel.
Como podrá comprobar el lector, el Anuario del terrorismo yihadista 2025 ofrece una visión multidisciplinar de las dinámicas y tendencias actuales del movimiento yihadista global. Tanto quienes ya conocen la materia como quienes se acercan por primera vez encontrarán en estas páginas una herramienta útil para comprender un fenómeno que sigue teniendo un impacto relevante en nuestra realidad.