Atentado terrorista de Izmir: Menores y radicalización en línea

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Comisaría atacada por un menor el pasado 8 de septiembre. Fuente: Daily News.

Comisaría de Izmir atacada por un menor el pasado 8 de septiembre. Fuente: Daily News.

El pasado 8 de septiembre, el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan participaba en la ceremonia de apertura del año académico 2025-2026 en la Escuela Secundaria de Ciencias Sociales Mümtaz Turhan. El inicio de su discurso tuvo un inesperado cariz: «Esta mañana recibimos noticias profundamente impactantes y dolorosas de Izmir. Dos de nuestros policías murieron y otros dos resultaron heridos como consecuencia de un ataque armado contra la comisaría de Balçova Salih İşgören».

El mandatario turco elevó plegarias por el inspector jefe de primera clase Muhsin Aydemir y por el oficial de policía Hasan Akın, ambos asesinados en el ataque, y deseó una pronta recuperación a los agentes heridos, Ömer Amila y Murat Dağlı. Erdoğan concluyó expresando su pésame a toda la policía: «Nuestras más sinceras condolencias a todas nuestras fuerzas de seguridad».

A las 08.50 h. de la mañana (hora local) un individuo con el rostro oculto por un pasamontañas y armado con una escopeta de corredera, se acercó a la garita de vigilancia de acceso a la comisaría de policía de Salih İşgören, en el barrio de Çetin Emeç, distrito de Balçova. Allí abrió fuego contra el agente que se encontraba en el lugar (Hasan Akın) que resultó muerto. Tras oír los disparos acudieron otros efectivos, produciéndose un tiroteo en el que falleció otro agente (el inspector Muhsin Aydemir). También fueron heridos otros dos policías y un civil.

El agresor fue detenido. Las autoridades facilitaron sus iniciales (E.B.) y su edad: 16 años.

Imagen del atacante. Fuente: Serbestiyet.

Poco antes del atentado, el atacante había dejado un mensaje en el perfil de Instagram «1Muvahhid99» que comenzaba afirmando: «Pronto realizaré el istishhad [ataque suicida planificado] y seré martirizado, si Dios quiere». También habló de la opresión de los musulmanes y amenazó abiertamente con una «masacre».

Además, citó una frase del ex «califa» de Daesh, Abu Bakr al-Baghdadi,  en la que decía «Turquía es ahora el objetivo de estos ataques». En su último mensaje antes del atentado, instó a la yihad afirmando que su motivación radicaba en la «opresión de los musulmanes en todo el mundo» por lo que era «necesario que alguien tome medidas contra estos opresores»

Imagen del perfil de 1Muvahhid99. Fuente: Instagram.

El gobernador de Esmirna, Süleyman Elban, declaró que el atacante no tenía antecedentes penales, pero que el incidente, así como las publicaciones en redes sociales, se estaban investigando a fondo. Por su parte, el ministro de Justicia, Yılmaz Tunç, informó que un equipo especial, compuesto por dos fiscales adjuntos y seis fiscales, había sido asignado para investigar el ataque y que no solo se estaba investigando al autor de los hechos, sino también los posibles vínculos que este pudiera tener.

Posteriormente, efectivos del Departamento Antiterrorista de Izmir detuvieron a un total de 27 sospechosos, entre ellos el ciudadano iraní Khaleg Nooriborojerdi, menor de edad, quien se cree que era un contacto, y los progenitores del atacante. Las escopeta empleada en el atentado había sido adquirida de manera legal por el padre del menor diez años atrás.

Fuentes antiterroristas también revelaron que en el teléfono móvil incautado al atacante había un emblema de Daesh, así como publicaciones de contenido radical. El padre del menor declaró a los investigadores que este se había radicalizado recientemente y que, pese a sus advertencias, pasaba mucho tiempo frente al ordenador y consultando el teléfono móvil.

A medida que avanzó la investigación se fueron conociendo más detalles. El padre del menor fue el que le enseñó a manejar la escopeta con la que perpetró el atentado mortal, realizando prácticas de tiro y cazando en áreas de la región. El propio padre contó a la policía que desde hacía unos ocho meses su hijo se había vuelto más retraído, hecho que también habían percibido sus amigos, y que, tras haberle sorprendido visionando vídeos de organizaciones terroristas, trataron ellos mismos -padre y madre- de resolver la situación.

Tras el análisis de sus dispositivos los agentes comprobaron que el menor había estado consumiendo gran cantidad de propaganda yihadista en línea, así como instrucciones para la elaboración de artefactos explosivos improvisados. El Departamento Antiterrorista de Izmir constató que la planificación y ejecución del ataque se llevó a cabo inspirándose en el material visionado y que, por el momento, no hay pruebas de que detrás del ataque se encuentre Daesh u otra organización terrorista análoga.

Tal y como se recoge en un informe de The Soufan Center, publicado el pasado 9 de septiembre, la radicalización de jóvenes a través de internet es un problema de alcance global. Ello es debido a que se trata de un «proceso de radicalización que antes se desarrollaba durante meses o años y que ahora suele tardar días o incluso horas, en gran medida debido a la prevalencia de la propaganda extremista breve en línea». «Las redes sociales han permitido a los reclutadores eludir a padres, educadores y miembros de la comunidad que anteriormente podrían haber protegido a jóvenes vulnerables», señala el documento. Asimismo, Jacob Ware sitúa a individuos como el autor de este atentado en la «tercera generación de radicalización en línea». Si la primera generación (1984 a mediados de la década de 2000) empezó a usar las nuevas tecnologías para la difusión propagandística y el contacto a distancia entre individuos, y la segunda generación (mediados de la década de 2000 a finales de la década de 2010) se apoyaba en las grandes redes sociales virtuales como Twitter, Facebook, YouTube e Instagram, esta tercera generación (finales de la década de 2010 hasta la actualidad) amplía e intensifica a su predecesora. Ello es debido a que crea una nueva cultura en línea que prioriza el anonimato sobre la notoriedad, lo que facilita el surgimiento de plataformas como Telegram y Gab, que implementan tanto el cifrado como la privacidad.

De esta manera, el autor autónomo, a priori, no necesitaría de captadores/manipuladores, ya que él mismo puede ser el vehículo de su propia propaganda. Se trataría de una suerte de «terrorismo líquido» que se retroalimenta y ahí es donde radica su peligrosidad. Por su propia esencia, puede pasar de la teoría al atentado en un breve lapso de tiempo, es difícilmente detectable y, por consiguiente, difícilmente neutralizable.

Aplicando a este fenómeno una analogía biológica, cada autor, cada atentado, constituyen en sí mismo una suerte de «virus» el cual, por obra y gracia de internet, puede permanecer latente de manera indefinida hasta que se den las circunstancias favorables para volver a reproducirse y eventualmente mutar en otro tipo de amenaza más letal si cabe.