El impacto del yihadismo en la “industria” del secuestro en Nigeria

Analysis of Far-Right Violence Extremism – September 2026
27/10/2026

Evidencias cuantitativas sobre los secuestros en Nigeria.  Fuente: Elaboración propia (I.A. Grok) a partir de SBM Intelligence.  

El impacto, en cifras, de los secuestros en Nigeria. Fuente: Elaboración propia (I.A. Grok) a partir de SBM Intelligence.

Chibok, estado de Borno (Nigeria). 14 de abril de 2014. Un total de 276 estudiantes fueron secuestradas por integrantes del grupo yihadista Jamā’at Ahl al-Sunnah li-l-Da’wah wa-l-Jihād (Grupo Comprometido a Propagar las enseñanzas del Profeta y el Yihad-JAS), también conocido por la expresión en hausa-fulani Boko Haram (traducido literalmente como “la educación occidental es un pecado”). Poco después de la perpetración del secuestro, 60 niñas consiguieron zafarse de sus captores. Del resto de las menores, 21 recuperaron la libertad en octubre de 2016 y otras 82 en mayo de 2017 como resultado de unas negociaciones auspiciadas por Suiza. Según un informe elaborado por The Wall Street Journal, el primer grupo de menores fue liberado por Boko Haram tras haber recibido un pago de un millón de dólares al que habría que sumar otros dos millones de dólares —más la libertad de cinco comandantes de Boko Haram— abonados para que fuese liberado el segundo contingente de rehenes. 

 Años más tarde, el 19 de febrero de 2018, yihadistas disfrazados de militares secuestraron a 111 alumnas de la Dapchi Girls Science and Technology College, en el estado nigeriano de Yobe. En esta ocasión, el acto delictivo fue ejecutado por una facción disidente de Boko Haram subordinada a Daesh bajo la denominación de Wilāyat Gharb Ifrīqīyyah (Provincia de África Occidental o ISWAP). Apenas tres meses más tarde, los secuestradores pusieron en libertad a las niñas en la misma ciudad en la que fueron raptadas. El entonces ministro Alhaji Lai Mohammed, declaró que la liberación de las escolares había sido «incondicional» y que «ningún dinero cambió de manos». Pese a las manifestaciones gubernamentales, hay indicios de un pago de cinco millones de dólares —más la excarcelación de otros cinco comandantes yihadistas— para materializar la puesta en libertad de las menores, aunque no de todas. Cinco murieron en cautiverio, y una sexta, Leah Sharibu, permaneció cautiva por su negativa a renegar del cristianismo y convertirse al islam. A día de hoy, Leah Sharibu permanece en manos de sus captores.  

A la luz de estos ejemplos, se entiende que en Nigeria la práctica delictiva del secuestro como medio de financiación de organizaciones criminales tanto convencionales como de inspiración yihadista es algo recurrente. Atinente a esto último, en agosto de 2026, SBM Intelligence hizo público un informe titulado «The Capture of Nigeria’s Kidnap Economy: How one terrorist group collected 90% of Nigeria’s ransom payments in a single year». El documento, con datos actualizados hasta el 30 de junio de 2026, analiza de manera cuantitativa y cualitativa la «industria» del secuestro en Nigeria en el periodo comprendido entre julio de 2025 y junio de 2026. 

Portada del informe publicado sobre la industria del secuestro. Imagen: SBM Intelligence.

 En el ciclo anteriormente citado se registró un total de 1.713 acciones relacionadas con las detenciones ilegales: 1.411 secuestros y 302 operaciones securitarias relacionadas con los mismos. Un total de 7.825 personas fueron secuestradas, lo que representa un incremento del 66% en el número de víctimas en comparación con el ciclo anterior, en un contexto que provocó 1.142 víctimas mortales: 895 civiles, 68 integrantes de fuerzas de seguridad y 179 secuestradores. 

Los delincuentes exigieron cerca de 15,1 millones de euros (el informe expresa las cantidades en nairas, la moneda nigeriana) de los que percibieron finalmente unos 5,06 millones de euros, lo que elevó la tasa de recaudación al 34%, frente al 5,35% registrado en el periodo anterior, lo que supone un considerable incremento. 

En la categoría de «secuestradores no afiliados» (que incluye a bandas criminales y delincuencia común), en un total de 146 acciones fueron exigidos 8,78 millones de euros, de los que finalmente recaudaron 468.000 euros, lo que representa un «porcentaje de éxito» del 5,3% del total. Otros actores, entre los que se incluye ISWAP, representaron menos del 1% combinado de la demanda y el pago de rescates. Por el contrario, la organización yihadista Boko Haram y células afiliadas concentraron el 90% de las cantidades desembolsadas en Nigeria para rescatar a personas secuestradas: unos 4,6 millones de euros fueron obtenidos en tan solo dos acciones delictivas: 

  1. Papiri, estado de Níger (Nigeria). 21 de noviembre de 2025.  Una acción terrorista atribuida a Boko Haram derivó en el secuestro de 313 escolares y 12 integrantes de la plantilla de St. Mary’s School, una institución católica, fueron raptados por individuos armados. Hasta la fecha, ha sido el secuestro de mayor envergadura de Nigeria y se saldó con un pago a los raptores de unos 1.334 millones de euros. 
  2. Ngoshe, estado de Borno (Nigeria). 6 de marzo de 2026. Un grupo de yihadistas armados atacó una base militar de la localidad para después disparar de forma indiscriminada contra la población civil y provocar incendios tanto en las instalaciones militares como en domicilios particulares y locales comerciales. Poco tiempo después, Boko Haram difundió un vídeo en el que se responsabilizaba tanto del ataque como del secuestro de 416 personas (principalmente mujeres y niños). Según SBM Intelligence, para la liberación de los secuestrados fue necesario un desembolso de unos 3.335 millones de euros.

Los datos reflejados en el informe ponen, negro sobre blanco, una imagen descarnada del deficiente panorama securitario de Nigeria. En lo relativo al terrorismo yihadista caben contemplar dos posiciones antitéticas: ISWAP reduce la práctica del secuestro a una actividad marginal, tal vez alejando su accionar violento de la población civil –en lo referente a las detenciones ilegales– en una suerte de ganar «corazones y mentes» para la «provincia califal». Por su parte, Boko Haram parece otorgarle un importante lugar en su estrategia. Buen ejemplo de ello es la capacidad para raptar en un relativamente breve periodo de tiempo a contingentes humanos que se cuentan en centenares. Esto último evidencia notables capacidades: 1) humanas, es decir, de militantes para llevar a cabo labores de secuestro y de custodia; 2) logísticas, para desplazar, ocultar y alimentar a los rehenes; y 3) negociadoras, con el fin de recaudar también en un corto lapso temporal importantes cantidades de dinero.