


Inmediaciones de Golders Green Road (Londres) donde fueron apuñalados dos miembros de la comunidad judía en un ataque reivindicado por HAYI. Imagen: Lucy North – PA Images.
1. Análisis
A lo largo del mes de abril se ha producido una continuidad de acciones violentas de carácter antisemita en distintas ciudades europeas que, al igual que ya ocurrió durante marzo, fueron reivindicadas por la opaca organización Harakat Ashab al-Yamin al-Islamiyya (HAYI). Solo durante el último mes, este grupo de orientación chií se atribuyó cerca de una decena de ataques en países como Países Bajos (caso de estudio #7), Alemania (#17) o Macedonia del Norte (#19). No obstante, el escenario donde las acciones de HAYI han mostrado una mayor recurrencia ha sido el Reino Unido y, especialmente, la ciudad de Londres.
Como muestra de ello, entre los días 15 y 18 de abril HAYI reivindicó cinco ataques en la capital inglesa, todos ellos dirigidos contra comunidades judías, sinagogas y símbolos de Israel en el extranjero. Hasta ese momento, las acciones del HAYI se habían caracterizado por un perfil relativamente bajo, consistente en actos poco sofisticados, más próximos a episodios de violencia callejera o sabotaje y con consecuencias limitadas principalmente a daños materiales. Sin embargo, durante esos días la organización difundió un comunicado a través de sus canales de propaganda en el que anunciaba el inicio de una “segunda fase de operaciones”, asegurando que daría un paso más en su estrategia operativa. Con ello, HAYI manifestaba su intención de ejecutar ataques de mayor sofisticación y alcance.
La amenaza no tardó en materializarse. Apenas unas horas después de la publicación de dicho comunicado, se produjo un supuesto ataque con dron contra la embajada israelí en Londres. Según afirmó HAYI, la acción se habría llevado a cabo mediante el empleo de “materiales radiactivos y sustancias cancerígenas” (#27). Como medida preventiva, Scotland Yard acordonó y cerró temporalmente los jardines de Kensington, situados en las inmediaciones de la embajada, además de iniciar una investigación sobre el incidente. Tras el acordonamiento de la zona y durante la investigación fueron halladas varias botellas con polvo en su interior que, finalmente, resultó ser inocuo para la salud.

Imagen del dron supuestamente utilizado por HAYI para cometer el ataque sobre la embajada israelí en Londres. Imagen: Telegram.
Días después de este incidente tuvo lugar también en la capital británica el apuñalamiento de dos personas en el entorno de Golders Green Road, barrio con una importante presencia de población judía (#35). El agresor, armado con un cuchillo de grandes dimensiones, fue detenido pocos minutos después del ataque, que las autoridades británicas calificaron como un acto terrorista. Las investigaciones posteriores confirmaron que el atacante, un ciudadano británico de origen somalí, contaba con antecedentes por violencia y padecía además graves problemas de salud mental. No obstante, el aspecto más relevante trascendió posteriormente, cuando las autoridades revelaron que este individuo había sido derivado en 2020 al programa Prevent de contraterrorismo, aunque el caso fue archivado meses después al no detectarse entonces indicadores especialmente preocupantes.
Este apuñalamiento fue posteriormente reivindicado por HAYI mediante un nuevo comunicado. Sin embargo, y a diferencia de ataques anteriores, en esta ocasión el grupo no aportó ningún elemento o información adicional que permitiera concluir que la acción hubiera sido realmente dirigida o coordinada por la organización. Todo apunta, por tanto, a una maniobra oportunista destinada a capitalizar otra acción de carácter antisemita cometida en territorio europeo. En cualquier caso, y del mismo modo que ocurrió durante los últimos años con numerosos atentados reivindicados por Daesh bajo dinámicas similares, la posibilidad de que HAYI logre incentivar una oleada de ataques de imitación contra objetivos judíos o israelíes constituiría probablemente el mayor éxito estratégico al que puede aspirar el grupo, con independencia de que dichas acciones hayan sido efectivamente planificadas o instruidas por la organización.
El desafío que plantean las acciones reivindicadas por HAYI en términos de seguridad europea, especialmente en relación con la protección de comunidades judías e intereses israelíes en el extranjero, también tiene una importante dimensión jurídica. De hecho, los distintos países afectados están abordando estos incidentes desde perspectivas legales diferentes. Mientras que Alemania o Francia mantienen la línea de investigar algunos de los ataques atribuidos al grupo pro-iraní HAYI como posibles actos terroristas, en el Reino Unido todas las acciones, a excepción del reciente apuñalamiento en Londres, han sido calificadas como delitos de odio. Resulta significativo, sin embargo, que haya sido precisamente el Reino Unido el primer país en elevar su nivel de amenaza terrorista como consecuencia de esta oleada de ataques antisemitas registrada en Europa durante los dos últimos meses. La decisión de incrementar el nivel de alerta a “grave” el último día de abril, lo que implica una alta probabilidad de atentado a corto plazo, supone además un cambio relevante, ya que el país había permanecido estabilizado durante los cuatro años anteriores en un nivel de amenaza “sustancial”.

Imagen difundida en redes sociales por las autoridades británicas anunciando el incremento del nivel de amenaza terrorista. Imagen: Redes sociales.
De cara a los próximos meses, será fundamental observar la evolución de la guerra en Irán para determinar si una eventual desescalada regional se traduce también en una reducción de las acciones antisemitas en Europa o si, por el contrario, HAYI decide aprovechar la actual ventana de oportunidad y notoriedad para trasladar su foco de interés a otros escenarios, como Líbano o Gaza. Todo ello con el objetivo de continuar justificando e incentivando acciones contra intereses judíos e israelíes como respuesta a las atrocidades que, según la propia organización, Israel estaría cometiendo contra la población civil, tal y como ya expusieron en el primer comunicado con el que se dieron a conocer públicamente.
Cambiando de escenario, el otro gran acontecimiento sobre el que conviene centrar la atención es Mali. A finales de abril, el país experimentó una de las mayores escaladas de violencia de los últimos años cuando terminó por materializarse formalmente la alianza entre grupos yihadistas vinculados a la rama regional de Al Qaeda que opera bajo las siglas de JNIM y facciones rebeldes tuareg del Frente de Liberación del Azawad (FLA). Esta coalición lanzó una ofensiva coordinada contra la junta militar que gobierna el país mediante una operación cuidadosamente planificada y desarrollada desde varios frentes, cuyo principal objetivo consistía en ocupar enclaves estratégicos que permitieran consolidar el control insurgente sobre amplias áreas del norte del territorio. En este sentido, resultó especialmente prioritario tanto el control de Kidal como el de las rutas de comunicación y tráfico de personas y suministros.
La magnitud de la ofensiva quedó reflejada en el asesinato de Sadio Camara, ministro de Defensa maliense, durante una acción ejecutada en la capital del país. El ataque, llevado a cabo por varios terroristas, consistió en la detonación de un vehículo conducido por un terrorista suicida en las inmediaciones de la residencia del ministro, seguida de una incursión armada por parte de otros combatientes en el interior de la vivienda, quienes asesinaron tanto a Sadio Camara como a varios de sus familiares.

Imagen de archivo de Sadio Camara, ministro de Defensa maliense asesinado en un ataque sobre su residencia. Imagen: APA News.
Esta compleja ofensiva lanzada por JNIM y el FLA desencadenó intensos enfrentamientos entre las fuerzas gubernamentales y las milicias insurgentes, provocando numerosas bajas tanto militares como civiles, además de una grave crisis de seguridad en varias regiones del país. La simultaneidad y coordinación de los ataques demostraron un elevado grado de cooperación entre actores armados que, aunque históricamente habían mantenido agendas diferenciadas, compartían una oposición común al gobierno central y ya habían mostrado señales previas de colaboración y entendimiento informal.
La ofensiva también puso de manifiesto el progresivo debilitamiento del Estado maliense, especialmente en el norte del territorio, donde las autoridades fueron perdiendo capacidad de control frente al avance de los grupos armados. En diversas zonas septentrionales, las fuerzas gubernamentales se vieron obligadas a replegarse, dejando amplias áreas bajo influencia insurgente y consolidando la percepción de que Bamako atraviesa una de las mayores crisis de gobernabilidad y seguridad de la última década.
Bajo este contexto, el principal interrogante radicaba en determinar si la ofensiva insurgente continuaría hasta intentar provocar la caída del gobierno de Bamako. Sin embargo, por el momento no parece que ese sea el objetivo prioritario de los insurgentes, al menos a corto plazo. Tanto JNIM como el FLA parecen haber concentrado sus esfuerzos en consolidar el dominio sobre el norte del país y asegurar el control de las principales rutas y corredores estratégicos de comunicación. Especialmente para JNIM, hacerse con el control total de Malí supondría asumir una serie de costes políticos, militares y logísticos que podrían terminar comprometiendo la sostenibilidad de su estrategia a largo plazo.
Para terminar, a lo largo del último mes se ha producido al menos un atentado de inspiración yihadista que se ha saldado con la muerte al menos de una persona en un total de 20 países, siendo estos: Siria, Afganistán, Pakistán, Tailandia, Argelia, Mali, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Camerún, Benín, República Democrática del Congo, Somalia, Kenia, Mozambique, Macedonia del Norte, Turquía, Países Bajos, Alemania y Reino Unido.
2. Metodología
La metodología de la presente investigación tiene como base la búsqueda y el análisis de fuentes abiertas, siendo éstas esencialmente noticias de prensa nacionales e internacionales, informes de instituciones gubernamentales, organizaciones no gubernamentales que trabajan sobre el terreno y comunicados emitidos por los propios grupos terroristas (teniendo en cuenta que la información de éstos no siempre es fiable y siendo contrastada previamente). Dichas fuentes son accesibles al lector y pueden ser consultadas a través del enlace adjuntado en los resúmenes que acompañan a los datos extraídos en cada uno de los casos de estudio registrados. No obstante, existen algunas excepciones en las que se ha decidido no añadir el enlace por motivos de sensibilización y respeto a las víctimas, al tratarse de imágenes que no se considera necesario mostrar.
En la sección que hace referencia a la autoría de los atentados, en determinados casos se puede leer “sin confirmar” junto al nombre de la organización terrorista. Esto sucederá en todos aquellos casos donde ningún medio oficial vinculado a la organización autora haya reivindicado dicho ataque. Pese a la falta de esta confirmación, existen vínculos, modus operandi y características comunes con otros antecedentes que pueden ayudar a determinar la autoría, aunque siempre exista el riesgo de equivocarse en el análisis de la información.
El objetivo último de este observatorio es intentar conocer los máximos casos posibles, sabiendo que resulta imposible plasmar todos ellos por la inaccesibilidad de medios o falta de información en determinadas regiones[1]. Debido a esta razón, uno de los criterios que debe reunir un atentado para aparecer en esta investigación es que se produzca alguna víctima, dado el escaso (o nulo) eco mediático que tienen aquellos casos en los que por suerte no se producen muertes, excepto en el caso de países occidentales donde sí se incluyen los atentados que no hayan provocado víctimas, así como aquellos otros que presenten unas particularidades propias que requieran su inclusión. El objetivo último es que los datos representados mes a mes permitan mostrar la evolución del yihadismo desde el punto de vista de las organizaciones terroristas que se encuentran bajo el prisma de la yihad global.
Finalmente, se recuerda, como todos los meses, los criterios establecidos a la hora de contabilizar los casos de estudio:
[1] A partir del 1 de enero de 2024 únicamente se darán a conocer públicamente aquellos casos de estudio dentro de la base de datos del OIET que resulten relevantes para apoyar las ideas expuestas en los análisis mensuales.