Terrorismo de “cuello blanco”. El caso del atentado de Delhi

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Momentos posteriores a la comisión del atentado junto a la fotografía de presuntos terroristas implicados Fuente: TCSS.

Momentos posteriores a la comisión del atentado en Delhi junto a la fotografía de presuntos terroristas implicados. Fuente: TCSS.

Shah Jahan (1628-1658), quinto emperador mogol de la India, estableció su capital en Shahjahanabad (Delhi). En las proximidades de la fortaleza de Salimgarh (edificada por Islam Shah Suri en 1546) mandó erigir un palacio fortificado. Ambas estructuras forman parte del Conjunto del Fuerte Rojo (Lal Qila), muestra representativa del apogeo de la creatividad del arte mogol. Esta circunstancia, unida a que en ese lugar los primeros ministros indios pronuncien sus discursos anuales del Día de la Independencia, hace que sus visitantes diarios se cuenten por miles.

Aprovechando precisamente esa afluencia de visitantes, en torno a las 18:52 hora local (13:52 GMT) del 10 de noviembre de 2025, según informó el comisario de policía de Delhi, Satish Golcha, un Hyundai i20 se detuvo en un semáforo en rojo cerca de la estación de metro e hizo explosión. Las fuerzas de seguridad locales decretaron la alerta máxima, haciendo otro tanto sus homólogos de los estados vecinos, incluyendo el estado norteño de Uttar Pradesh, región densamente poblada que alberga lugares famosos como el Taj Mahal. Tras conocerse el balance de catorce personas asesinadas y una veintena con heridas de diversa consideración, el gabinete del primer ministro Narendra Modi condenó el atentado en los siguientes términos: «El país ha sido testigo de un atroz incidente terrorista, perpetrado por fuerzas antinacionales, mediante la explosión de un automóvil».

El responsable del atentado suicida fue un médico: el doctor El Umar Mohammad, que empleaba la kunya (alias) de Umar-un-Nabi. La Policía recuperó de su teléfono móvil hasta una docena de vídeos destinados a la captación y radicalización de militantes. Algunas de las grabaciones recogían aseveraciones como: «Si un puñado de muyahidines y talibanes afganos pueden derrotar y derrocar a superpotencias mundiales como Rusia y Estados Unidos, tú también puedes» o « Ahora mismo puede que mantengas un perfil bajo, pero si tienes fe en Alá y en ti mismo, puedes derrotar a la India».

El doctor Umar Nabi, nacido en 1993, era oriundo de la aldea de Koil, en el distrito de Pulwama, al sur de Cachemira, a unos 35 kilómetros de Srinagar. Según un familiar, tras haber desarrollado su padre una enfermedad mental, en 2010, sin ninguna preparación, aprobó el examen de ingreso a la carrera de medicina, consiguiendo un puesto entre los diez mejores de Jammu y Cachemira, graduándose en la Facultad de Medicina de Srinagar en 2017. Con posterioridad, se convirtió en residente en Anantnag y,  a mediados de 2023, se mudó a Faridabad incorporándose a la Facultad de Ciencias Médicas e Investigación de la Universidad Al-Falah como profesor asistente.

Habría sido precisamente en este centro universitario de Faridabad donde se habría incorporado a un grupo creado en 2021 por un clérigo llamado Moulvi Irfan el cual habría sido el responsable de la radicalización del doctor Umar Nabi, del doctor Muzammil Shakil Ganaie y de la novia de este, la también doctora Shaheen Sahid.

El religioso, detenido posteriormente, empleaba tres estrategias de captación:

  • A través de conversaciones con potenciales militantes (este fue el caso de Muzamil Shakeel, médico al que conoció en un hospital y al que reclutó).
  • Realizando un seguimiento de las publicaciones en redes sociales virtuales (utilizó este método con Adeel Ahmad Rather).
  • Controlando a los asistentes a la mezquita para posteriormente interactuar con ellos (así se llevó a cabo la captación de Jasir Bilal Wani).

Los tres galenos pusieron en marcha un grupo de entre 10-12 integrantes, incluidos 5-6 médicos, que se activó en el transcurso de una boda celebrada el 4 de octubre. Su objetivo consistía en la elaboración de artefactos explosivos improvisados y en la posterior ejecución de atentados en suelo indio. El doctor Umar había apagado su teléfono el 30 de octubre y había dejado de asistir a la universidad. Cuando el 8 de noviembre las fuerzas de seguridad incautaron 2.900 kg de nitrato de amonio en las instalaciones en Faridabad, se ocultó en la aldea de Dhauj hasta la comisión del atentado el 10 de noviembre.

Las fuerzas de seguridad detuvieron a los médicos Muzammil Shakeel, el Adeel Ahmad Rather, Ahmed Mohiyuddin Saiyed y a la doctora Shaheen Shahid. El caso de esta última parece especialmente significativo ya que sería la primera detención de una profesional de la medicina de religión musulmana por sus vínculos con grupos yihadistas del sur de Asia. Informaciones apuntan la posibilidad de que su reclutamiento entrase dentro de una campaña de Jaish-e-Mohammed (JeM), organización en la que el grupo se hallaba encuadrado, para crear una rama femenina denominada Jamaat ul Mominaat, supuestamente dirigida por Sadiya Azhar, hermana del jefe de JeM, Mohammed Masood Azhar Alvi . Esta facción tendría la finalidad de entrenar a mujeres para la comisión de atentados suicidas.

Todo ello encaja dentro de lo que ha venido a denominarse «terrorismo de cuello blanco», el cual, en palabras de Shreya Nautiyal de la Universidad Jawaharlal Nehru: «involucra a actores con un alto nivel educativo y prestigio social que facilitan, sostienen y expanden las operaciones de las redes extremistas». Su contribución puede abarcar desde conocimientos logísticos o técnicos hasta apoyo financiero, legitimación ideológica o simplemente protección institucional para los actores extremistas. A menudo actúan como facilitadores —médicos, ingenieros, farmacéuticos o académicos—, aprovechando su posición social para reclutar y preparar a jóvenes vulnerables. Su doble condición de ciudadanos trabajadores de clase media y facilitadores encubiertos de la violencia dificulta su detección».

Es por ello que este episodio vuelve a poner de manifiesto, por la más expeditiva y letal vía de los hechos, que, en determinadas circunstancias, no hay elementos, estudios, posición económica, etc. que impermeabilicen respecto de la teoría -y praxis- terrorista. En cualquiera de sus vertientes.

Aunque se refería al ámbito de la economía, el autor indio Raghuram Rajan advertía de las «Grietas del sistema». Si las organizaciones terroristas son capaces de lograr de manera efectiva una perversión doctrinal llevada al punto de conseguir de manera efectiva parasitar «corazones y mentes», no lo son en menor medida capaces de buscar esas fallas, esas grietas, dondequiera que se hallen, en pro de lograr sus objetivos.

Así, en ese perverso afán, pueden aplicar en su propio beneficio aquella máxima de Zygmunt Bauman: «los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo: duran, mientras que los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen». Todo ello con el plus añadido de que las fuerzas de seguridad necesitan «tener suerte» todo el tiempo, mientras que a los terroristas les basta con tenerla una sola vez.