


Extradición de al-Saadi a Estados Unidos tras ser detenido en Turquía a mediados de mayo. Imagen: FBI-NY.
1. Análisis
Aunque la actividad terrorista ha continuado manifestándose con mayor o menor intensidad mediante atentados en distintas regiones del mundo a lo largo del último mes, la atención en materia de seguridad y contraterrorismo estuvo marcada por dos acontecimientos de especial relevancia. Por un lado, la detención en Turquía de Mohammad Baqer Saad Dawood al-Saadi, señalado como el principal responsable de la campaña de ataques desarrollada en Europa durante los meses de primavera bajo la cobertura de Harakat Ashab al-Yamin al-Islamiyya (HAYI). Por otro, la muerte de Abu Bilal al-Minuki durante una operación militar conjunta de Estados Unidos y Nigeria, considerada una de las pérdidas más significativas sufridas por la estructura global de Daesh en los últimos años.
En lo referente a Al-Saadi, su arresto constituye hasta el momento el golpe más importante dado internacionalmente sobre HAYI, organización que entre marzo y abril reivindicó cerca de una veintena de acciones de carácter antisemita y antiestadounidense en diversos países europeos. El ciudadano iraquí, de 32 años, fue detenido en Turquía a mediados de mayo en una operación coordinada entre las autoridades estadounidenses y varios servicios de inteligencia europeos, siendo posteriormente trasladado a Estados Unidos. Según la acusación presentada por el Departamento de Justicia estadounidense, Al-Saadi habría desempeñado un papel fundamental en la planificación, financiación y coordinación de buena parte de los ataques registrados en Europa durante los últimos meses. Las investigaciones estadounidenses sostienen que el detenido actuaba como miembro o colaborador de alto nivel de Kata’ib Hezbollah, milicia chií iraquí respaldada por Irán, y que habría utilizado la estructura de HAYI para canalizar y reivindicar acciones dirigidas contra intereses occidentales, israelíes y judíos. De acuerdo con la documentación judicial, se le atribuye la coordinación de alrededor de veinte ataques y conspiraciones terroristas en Reino Unido, Países Bajos, Bélgica, Francia y Alemania. Asimismo, varias de las hipótesis planteadas siguen la línea argumentativa de análisis anteriores de la presente investigación. Entre estas ideas que se desprenden, destaca el empleo sistemático de delincuentes comunes, jóvenes y menores reclutados a través de internet sin una vinculación ideológica significativa. Estos individuos habrían sido utilizados para ejecutar acciones de escasa sofisticación técnica, tales como incendios provocados o la colocación de artefactos explosivos rudimentarios, a cambio de pequeñas cantidades de dinero. Esta metodología no solo dificultaba la identificación de los autores materiales, sino también la atribución de responsabilidades a quienes planificaban y dirigían las operaciones desde niveles superiores.
Por otro lado, la detención de Al-Saadi refuerza igualmente la tesis de que HAYI no constituiría una organización terrorista independiente en sentido estricto, sino una estructura instrumental destinada a encubrir operaciones impulsadas por actores proiraníes. Según la acusación estadounidense, el detenido mantenía vínculos con la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní y habría participado en una estrategia más amplia orientada a hostigar intereses israelíes, judíos y estadounidenses mediante redes criminales y mecanismos indirectos de actuación.
En los próximos meses, resultará especialmente relevante analizar el impacto que esta detención pueda tener sobre la capacidad operativa de HAYI. Del mismo modo, el avance de las investigaciones y las declaraciones del propio Al-Saadi podrían arrojar nuevas informaciones sobre el verdadero alcance de la organización, los mecanismos empleados para seleccionar objetivos y las posibles redes de influencia proiraní establecidas en Europa durante los últimos meses.
Saltando de escenario, la muerte de Abu Bilal al-Minuki supone uno de los golpes más importantes sufridos por la estructura de Daesh más allá del territorio de Siria e Irak. El dirigente yihadista falleció el 16 de mayo de 2026 durante una operación conjunta desarrollada por fuerzas estadounidenses y nigerianas en el estado de Borno, uno de los principales bastiones históricos de la insurgencia yihadista en la cuenca del Lago Chad. La operación fue anunciada inicialmente por el presidente Donald Trump, quien se refirió a Al-Minuki como el segundo dirigente más importante de Daesh a nivel global. Posteriormente, tanto el Gobierno de Nigeria como AFRICOM confirmaron la muerte de al-Minuki y de varios de sus colaboradores más cercanos.

Mensaje publicado por el presidente Trump en redes sociales. Fuente: X.
Aunque entre los analistas existe cierto debate acerca de la posición exacta que ocupaba dentro de la jerarquía de Daesh, pocas dudas existen sobre la relevancia estratégica que Al-Minuki había alcanzado. En febrero de 2026 fue nombrado responsable de la Dirección General de Provincias, sustituyendo al somalí Abdul Qadir Mumin. Dicho cargo le situaba al frente de la coordinación de las distintas filiales regionales de la organización y lo convertía, de facto, en la figura más relevante tras el actual líder de Daesh, Abu Hafs al-Hashimi.
Su ascenso refleja además una transformación significativa en la composición de la cúpula dirigente de Daesh. Cargos históricamente dominados por cuadros iraquíes y sirios han pasado progresivamente a manos de veteranos yihadistas africanos, una evolución que pone de manifiesto el creciente peso político, militar y estratégico adquirido por las franquicias africanas dentro de la organización global.
Antes de su promoción, Al-Minuki ya ocupaba una posición destacada dentro del movimiento yihadista africano. Dirigía la oficina regional de Al-Furqan, encargada de supervisar las provincias de África Occidental y el Sahel. Con anterioridad había sido adjunto de Abu Musab al-Barnawi, desempeñando un papel clave durante la escisión entre ISWAP y la facción de Abubakar Shekau. Tras la muerte de este último en 2021, contribuyó decisivamente a la absorción de combatientes y estructuras procedentes de Jama’atu Ahlis Sunna Lidda’awati wal-Jihad (JAS), fortaleciendo la expansión territorial y organizativa de ISWAP. Asimismo, según las autoridades estadounidenses y nigerianas, Al-Minuki desempeñaba en la actualidad funciones relacionadas con la coordinación de operaciones internacionales, la supervisión de actividades propagandísticas, la distribución de recursos financieros y la orientación estratégica de diversas filiales repartidas entre África, Oriente Próximo y otras regiones.
Si bien es cierto que su eliminación representa un importante éxito contraterrorista a nivel internacional, se desconoce si esto afectará en gran medida a la capacidad operativa de Daesh a medio plazo en cuanto a la coordinación e intercambio de información de sus ramas regionales con su matriz. La experiencia acumulada en escenarios como Siria e Irak demuestra que el grupo suele reemplazar con relativa rapidez a sus altos cargos sin generar una mayor desestabilización organizativa. Sin embargo, la neutralización de figuras que actúan como enlace entre la dirección central y las estructuras de base sí puede generar disrupciones temporales en los ámbitos operativo, logístico y financiero, al debilitar los mecanismos de transmisión de órdenes y recursos. No obstante, en este sentido, la eliminación de Al-Minuki puede resultar en cierto modo significativa y podría tener un mayor impacto dado que, más allá de ejercer un alto cargo, su papel era determinante de cara a facilitar especialmente el correcto funcionamiento diario de las provincias de África Occidental y el Sahel.
En cualquier caso, el incremento de la implicación estadounidense en Nigeria durante los últimos meses evidencia la creciente importancia estratégica que Washington atribuye a África Occidental como uno de los principales escenarios de la lucha contra el yihadismo global. Esta respuesta es más que lógica, dado que durante el último lustro esta región se ha convertido en el principal foco de actividad yihadista en el mundo.
Por último, en el contexto europeo, aunque mayo no estuvo marcado por un elevado número de ataques antisemitas, más allá del incendio provocado contra una antigua sinagoga en Londres durante los primeros días del mes (caso de estudio #11), sí merece especial atención el atentado registrado en la estación ferroviaria de Winterthur, en el cantón suizo de Zúrich (caso de estudio #34). Allí, un hombre de 31 años con doble nacionalidad suiza y turca atacó con un cuchillo a varios viajeros, causando heridas a tres personas antes de ser reducido por las fuerzas de seguridad.
Las investigaciones posteriores revelaron que el agresor ya era conocido por los servicios de inteligencia debido a antecedentes relacionados con la difusión de propaganda de Estado Islámico en 2015 y por sus vínculos con círculos islamistas radicales de Winterthur, una localidad que durante la última década ha figurado de manera recurrente en los análisis de seguridad suizos debido a diversos casos de radicalización yihadista.

Momento de la detención del atacante de Zúrich. Imagen: Redes sociales.
Al igual que sucede en buena parte de los atentados yihadistas registrados en Europa durante los últimos años, el ataque perpetrado en Zúrich constituye un nuevo exponente del terrorismo de inspiración, caracterizado por la actuación individual de individuos autoradicalizados que recurren a medios rudimentarios y de fácil acceso para cometer sus ataques. Este tipo de acciones, generalmente de limitada sofisticación operativa y con una capacidad destructiva relativamente reducida, continúa representando una de las principales manifestaciones de la amenaza yihadista en el continente europeo.
Para terminar, a lo largo del último mes se ha producido al menos un atentado de inspiración yihadista que se ha saldado con la muerte al menos de una persona en un total de 15 países, siendo estos: Siria, Irak, Pakistán, Tailandia, Mali, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Chad, Camerún, República Democrática del Congo, Somalia, Mozambique, Reino Unido y Suiza.
2.Metodología
La metodología de la presente investigación tiene como base la búsqueda y el análisis de fuentes abiertas, siendo estas esencialmente noticias de prensa nacionales e internacionales, informes de instituciones gubernamentales, organizaciones no gubernamentales que trabajan sobre el terreno y comunicados emitidos por los propios grupos terroristas (teniendo en cuenta que la información de estos no siempre es fiable y siendo contrastada previamente). Dichas fuentes son accesibles al lector y pueden ser consultadas a través del enlace adjunto en los resúmenes que acompañan a los datos extraídos en cada uno de los casos de estudio registrados. No obstante, existen algunas excepciones en las que se ha decidido no añadir el enlace por motivos de sensibilización y respeto a las víctimas, al tratarse de imágenes que no se considera necesario mostrar.
En la sección que hace referencia a la autoría de los atentados, en determinados casos se puede leer “sin confirmar” junto al nombre de la organización terrorista. Esto sucederá en todos aquellos casos donde ningún medio oficial vinculado a la organización autora haya reivindicado dicho ataque. Pese a la falta de esta confirmación, existen vínculos, modus operandi y características comunes con otros antecedentes que pueden ayudar a determinar la autoría, aunque siempre exista el riesgo de equivocarse en el análisis de la información.
El objetivo último de este observatorio es intentar conocer los máximos casos posibles, sabiendo que resulta imposible plasmar todos ellos por la inaccesibilidad de medios o falta de información en determinadas regiones[1]. Debido a esta razón, uno de los criterios que debe reunir un atentado para aparecer en esta investigación es que se produzca alguna víctima, dado el escaso (o nulo) eco mediático que tienen aquellos casos en los que por suerte no se producen muertes, excepto en el caso de países occidentales donde sí se incluyen los atentados que no hayan provocado víctimas, así como aquellos otros que presenten unas particularidades propias que requieran su inclusión. El objetivo último es que los datos representados mes a mes permitan mostrar la evolución del yihadismo desde el punto de vista de las organizaciones terroristas que se encuentran bajo el prisma de la yihad global.
Finalmente, se recuerda, como todos los meses, los criterios establecidos a la hora de contabilizar los casos de estudio:
[1] A partir del 1 de enero de 2024 únicamente se darán a conocer públicamente aquellos casos de estudio dentro de la base de datos del OIET que resulten relevantes para apoyar las ideas expuestas en los análisis mensuales.