

Miembros de Núcleo Nacional detenidos por Policía Nacional en el mes de octubre. Imagen: Óscar del Pozo/AFP.
Desde primera hora del viernes 6 de noviembre, la Policía Nacional ha desarrollado una operación contra Núcleo Nacional, coordinada por la Comisaría General de Información. Según el balance difundido esa tarde, se han practicado 14 detenciones y diez registros en Madrid, Asturias, Guadalajara, Valladolid, Pontevedra, Burgos y Alicante. Entre los detenidos figuran varios presuntos integrantes de la cúpula del grupo. Uno de los registros se ha practicado en su sede central, un gimnasio de la zona madrileña de Las Tablas conocido como El Nido. La operación sigue abierta. La causa investiga presuntos delitos de incitación al odio, asociación ilícita y tenencia de armas. La investigación por asociación ilícita amplía el foco a los fines y a la actividad de la organización.
Núcleo Nacional no es un desconocido para las fuerzas de seguridad. En la primavera de 2025, la Guardia Civil remitió a un juzgado de Valladolid un atestado por un vídeo en el que encapuchados con camisetas del grupo llamaban a la «defensa activa» de las calles frente a la «invasión» extranjera. El juzgado abrió diligencias en abril de 2025. También se han abierto investigaciones por presuntos delitos de odio y desórdenes públicos tras distintos incidentes en ciudades como Madrid y Sevilla. La operación del 6 de noviembre se enmarca en una causa instruida en Gijón a raíz de los altercados de febrero en las inmediaciones del colegio La Inmaculada, donde varios jóvenes denunciaron haber sido agredidos. Examinar estos episodios de forma aislada dificulta valorar si responden a una dinámica de grupo.
Núcleo Nacional se presentó públicamente en abril de 2024, en el contexto de la movilización ultraderechista que cobró visibilidad durante las protestas de Ferraz de noviembre de 2023. Desde entonces se presenta como un espacio de unidad de la ultraderecha que agrupa, en sus propios términos, a «franquistas, falangistas y nacionalsocialistas», y construye su discurso sobre la teoría del «gran reemplazo»: la tesis conspirativa según la cual la inmigración estaría sustituyendo a la población occidental.
En poco más de dos años y medio ha pasado de ser un grupo de redes sociales a tener una implantación territorial real. El grupo asegura disponer de locales en al menos seis ciudades. Asimismo, ha demostrado un enorme olfato para el oportunismo: cada momento de tensión social se convierte en una convocatoria, una imagen y una campaña. Así ha ocurrido con la ley de amnistía, la crisis migratoria de Ceuta este verano, el debate sobre la regularización o el propio 8M.
El seguimiento de Núcleo Nacional a través de los análisis mensuales permite distinguir cuatro ámbitos de actividad que se refuerzan entre sí. La calle genera imágenes, cohesión interna y sensación de fuerza. El local crea comunidad, fomenta la disciplina y facilita la captación, especialmente entre los jóvenes. Que la sede central sea un gimnasio refuerza ese papel. Es un patrón bien conocido en la extrema derecha europea y estadounidense, el de los llamados active clubs: el deporte de combate y el culto a la forma física como puerta de entrada, como espacio de socialización ideológica y como preparación para la confrontación. Lo que el grupo practica en el gimnasio se exhibe y se multiplica después en redes. Las redes amplifican cada acción del grupo, convierten a sus militantes en referentes para adolescentes y dan a Núcleo Nacional un alcance muy superior al que cabría esperar por su tamaño. Y la urna, con el registro del partido Noviembre Nacional, cuya inscripción promovió uno de los fundadores de Núcleo Nacional y que declaró el mismo domicilio utilizado por la asociación al inscribirse en 2024, aporta un barniz de legitimidad democrática a un proyecto que no oculta su rechazo a la democracia. Cuando una organización así llama a «defender» las calles y sus militantes acaban señalados por agresiones, la pregunta por la estructura es inevitable.
Por qué la asociación ilícita cambia el enfoque
El artículo 515.4 del Código Penal considera ilícitas las asociaciones que fomentan, promueven o incitan, directa o indirectamente, al odio, la hostilidad, la discriminación o la violencia contra personas, grupos o asociaciones por motivos como su origen nacional, su pertenencia a una etnia o su religión. Investigar a Núcleo Nacional por esta vía implica examinar si la actividad de la organización encaja en ese supuesto y qué relación guarda con los hechos investigados. Si el tribunal declara ilícita la asociación conforme al artículo 515, el artículo 520 dispone su disolución. Ese cambio de mirada, del acto a la estructura, es el correcto. Es el que llevamos años aplicando con otras formas de extremismo violento, y es el que exige un fenómeno que se organiza, se financia, recluta y planifica.
En cuanto a los riesgos a evitar, existen varios. Primero, que la operación se lea como una condena. Debe respetarse la presunción de inocencia y dejar que el trabajo judicial siga su curso. Cualquier precipitación será aprovechada por el propio grupo para presentarse como perseguido: el victimismo es uno de sus principales recursos de captación. Segundo, la amplificación. Núcleo Nacional vive de la atención, y cada imagen de sus militantes encapuchados es material de propaganda. Informar es necesario; hacerlo con el foco en los hechos, en las víctimas y en la respuesta institucional, y no en su estética, sus consignas o sus líderes, también lo es. Tercero, el efecto rebote. La experiencia comparada muestra que descabezar una organización de este tipo puede tener efectos contradictorios: debilitarla, pero también empujar a parte de su base hacia estructuras más pequeñas, más clandestinas y más radicales, o hacia la radicalización individual en línea. El seguimiento no puede terminar con las detenciones del 6 de noviembre. Cuarto, confundir la parte con el todo. Desarticular una organización no desactiva el clima que la alimenta. Las ideas de «invasión» o «sustitución» circulan hoy mucho más allá de estos grupos, y es ese caldo de cultivo el que les permite encontrar jóvenes dispuestos a pasar de la pantalla a la calle.
La respuesta policial y judicial es imprescindible, pero llega cuando el daño ya está hecho. Hace falta también prevención en los centros educativos, en los espacios deportivos y en los entornos digitales donde se produce la captación, con profesionales formados para reconocer las señales. Hace falta atención y reparación para las personas migrantes, los estudiantes y los comercios señalados que sufren estas agresiones y que, con demasiada frecuencia, quedan fuera del relato. Y hace falta una reflexión seria, también política, sobre cómo Núcleo Nacional ha consolidado su presencia territorial y cómo personas vinculadas a la asociación han impulsado la inscripción de un partido.
La operación del 6 de noviembre puede marcar un punto de inflexión al situar los fines y la actividad de Núcleo Nacional en el centro de la investigación. Lo que decida la justicia en los próximos meses dirá mucho de la capacidad de nuestro Estado de derecho para proteger la convivencia sin renunciar a sus garantías.