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Resumen
A lo largo de la última década, el fenómeno del terrorismo ha experimentado transformaciones significativas, lo que requiere un análisis exhaustivo que permita comprender los factores que han facilitado este desarrollo. El presente documento de investigación ofrece una visión general sobre la evolución del terrorismo en Europa en la última década (2014-2024), abordando su impacto en la seguridad y las respuestas políticas que han surgido en este contexto cambiante. En este sentido, exploraremos cómo han cambiado las tácticas y las motivaciones detrás de los ataques terroristas, centrándonos especialmente en los perpetrados por Estado Islámico y aquellos actores solitarios que han actuado bajo su influjo ideológico. Asimismo, se hará hincapié en el creciente grado de amenaza que representa para la seguridad global y europea la figura del Estado Islámico del Khorasan, organización que cuenta con capacidad suficiente como para cometer acciones terroristas sofisticadas y de alta letalidad, como así ha quedado demostrado ya con recientes atentados materializados en 2024 en Rusia, Irán o Turquía.
Introducción
Durante la última década, el terrorismo ha experimentado una evolución notable en Europa, destacándose particularmente el impacto de los ataques perpetrados o inspirados por Estado Islámico y la transformación a partir de 2017 hacia tácticas de terrorismo de baja complejidad y escasa sofisticación en la que los actores solitarios se han convertido en las principales figuras. Esta evolución, motivada en buena medida por las mejoras en materia de contraterrorismo y la pérdida de capacidades de Estado Islámico Central, ha provocado que los ataques cometidos sobre suelo europeo sean mucho menos letales y sofisticados. No obstante, esta nueva manifestación de terrorismo liderada por actores solitarios que actúan bajo el influjo ideológico de Estado Islámico también provoca que, en no pocos casos, al operar de forma autónoma, sea más difícil poder identificar sus intenciones y evitar que puedan llevar a cabo acciones violentas de forma inmediata. Además, la escasa organización logística requerida y el uso de medios rudimentarios y de fácil acceso de los que disponen estos actores solitarios acaban por facilitar la comisión de acciones terroristas bajo estos patrones (Howard, 2024:3).
Desde 2014, los ataques en Europa han incluido desde atentados coordinados cometidos por células pertenecientes a Estado Islámico, como así ocurrió con los ataques de París en noviembre de 2015[1] y los de Bruselas de 2016[2], hasta actos individuales perpetrados por actores solitarios inspirados por la ideología yihadista. El carácter descentralizado del terrorismo, donde grupos como Estado Islámico y Al Qaeda han fomentado especialmente durante la última década el surgimiento de franquicias regionales y han incrementado los llamamientos para la comisión de ataques en Occidente por parte de sus seguidores, ha contribuido a un aumento y diversificación de los desafíos securitarios.
El último ejemplo que ilustra cómo estas franquicias regionales también pueden ser una amenaza para la seguridad global lo encontramos en el caso del Estado Islámico en Khorasan (IS-K), organización terrorista que desde el año 2023 supone, por su potencial y capacidad para cometer acciones terroristas de alta letalidad, una amenaza para Europa igual o incluso mayor que la que representa su matriz (Igualada, 2024).
Las reacciones políticas ante estos desafíos han sido variadas. Desde 2015, la práctica totalidad de los gobiernos europeos han implementado medidas más estrictas en términos de vigilancia y refuerzo de control de fronteras exteriores, así como estrategias de prevención de radicalización, que han incluido intervenciones comunitarias y programas para combatir el extremismo violento[3]. En este contexto, algunas de estas políticas también han encontrado un punto de inflexión tras la pandemia de COVID-19, la cual directa o indirectamente causó un incremento en la radicalización, especialmente entre los más jóvenes, quienes, sumidos en el aislamiento y la desinformación, se volvieron más vulnerables a las ideologías extremistas al tener una mayor exposición a contenido online (Jayne, 2024). Asimismo, las continuas crisis migratorias desde zonas de conflicto durante la última década también han representado un escenario complejo en términos de seguridad, ya que diferentes organizaciones terroristas han tratado de infiltrar a combatientes en Europa bajo el manto de estos flujos migratorios (Howard, 2024)[4]. Esto ha generado tensiones tanto en el ámbito social como en el político, lo que ha afectado notablemente la percepción pública sobre la seguridad en Europa.
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[1] La noche del 13 de noviembre de 2015 una célula terrorista de Estado Islámico compuesta por una decena de terroristas llevó a cabo una serie de ataques en diferentes puntos de la capital francesa, entre ellos varios restaurantes, el Estadio de Francia y la sala de conciertos Bataclan. En este último lugar fueron asesinadas la mayoría de las 131 víctimas mortales de esta cadena de atentados.
[2] El aeropuerto de Bruselas y su red de metro fueron escenario de un atentado coordinado cometido por cuatro terroristas. En primer lugar, dos de los terroristas se hicieron estallar en el aeropuerto y apenas una hora después un artefacto explosivo fue detonado en una línea de metro. Ambos ataques provocaron la muerte de 32 personas y dejó más de tres centenares de heridos.
[3] Un ejemplo notorio de cómo se han dado estas transformaciones en materia de contraterrorismo desde diferentes perspectivas es el caso de España. Para hacer frente a los nuevos desafíos provenientes de la radicalización, en 2015 se dio una reforma del Código Penal que tipificaba nuevos delitos de terrorismo y agravaba otros ya existentes, facilitando así las herramientas y los mecanismos necesarios para que las fuerzas y cuerpos de seguridad pudiesen intervenir y detener de manera preventiva a aquellos individuos implicados en actividades yihadistas.
[4] Tanto la ruta de los Balcanes como la del norte de África se han convertido en las dos vías de inmigración más preocupantes en términos de seguridad por su conexión con flujos provenientes de zonas de conflicto con presencia de organizaciones terroristas.