Análisis de la actividad yihadista en el Magreb y el Sahel de septiembre de 2018

Tan solo quedan cuatro meses para las elecciones presidenciales de Nigeria y no es casual que el grupo yihadista Boko Haram incremente su actividad en estas fechas. No obstante, uno de estos ataques en el norte del país (caso de estudio #11) ha dado al Ejército nigeriano justo lo que necesitaba. Los terroristas se hicieron con Gudumbali, un pueblo en una zona de Borno que supuestamente estaba bien controlada por los militares y a la que habían regresado muchos refugiados por orden de las autoridades. En total, mataron al menos a ocho civiles y cientos tuvieron que huir. Fue un golpe duro para el Ejército, pero en cuestión de días, y supuestamente sin baja alguna, echaron a los yihadistas. A lo largo de toda esa semana se sucedieron artículos y editoriales elogiando el valor de los soldados y el liderazgo del teniente general Tukur Yusuf Butarai, llegando incluso a apodarle como “la némesis de los terroristas”. Hay que tener en cuenta que, como explica AFP, el Ejército, personificado en su director de Relaciones Públicas Texas Chukwu, no suele expresar con la misma frecuencia ni vehemencia los éxitos contra Boko Haram que sus fracasos. Sea como fuere, la victoria ha dado aire a los militares, pues las numerosas bajas durante los últimos meses, la fatiga y la falta de medios estaban minando la moral del Ejército, como se explica en el análisis de agosto.

Pese a que el ataque a Gudumbali no salió como esperaban los terroristas, queda mucho (como demuestran #3, #14, #19, #25, #27 o #30) para que se cumpla la ya célebre “derrota técnica” que entró en el léxico nigeriano por medio de su presidente, Muhammadu Buhari. Dentro de cuatro meses los nigerianos revisarán el historial del presidente y es por ello que el Gobierno también ha intensificado su actividad, pidiendo en la ONU acción inmediata para recuperar la cuenca del lago Chad, donde la facción de Boko Haram leal al Daesh se ha hecho fuerte (#50), o desencadenando la Thunder Strike 2 (#04, #13, #14, #16), una operación militar con la que se han bombardeado numerosas instalaciones del grupo yihadista en Borno y en la que podrían haber muerto cientos de militantes. Entre los políticos, como el senador Mohammed Ali Ndume, existe la pretensión de que el Ejército sea aún más proactivo y que actúe en vez de esperar a ser atacado, como ha hecho con los bombardeos. Asimismo, los militares se han apuntado un tanto con el anuncio de los asesinatos de dos líderes de Boko Haram, que supuestamente iban a traicionar al grupo yihadista, a manos de sus propios hombres.

Nigeria suele ser el país más castigado por la violencia yihadista y, pese a que en el Observatorio hemos registrado más casos que en Malí, en este último ha habido más víctimas mortales (55 frente a 35). El JNIM, conglomerado yihadista formado por la unión de varios grupos leales a AQMI, ha reivindicado la autoría de algunos ataques (#10, #18 o #42), pero creemos que podría ser el ejecutor de otros tantos más. A finales de mes, ha publicado un vídeo que retrata su visión de la lucha contra las tropas malienses, francesas y del G5 en el contexto de la yihad global. Precisamente, el integrantes del JNIM fueron los que llevaron a cabo el ataque contra el cuartel general del G5 el 29 de junio de este año (caso #36 de junio) y los causantes de que ahora hayan reubicado las instalaciones a Bamako. Además, el grupo yihadista se equipara en el vídeo a las otras facciones internacionales de Al-Qaeda y asegura que la participación francesa en Malí se debe a una gran conspiración contra el islam. Sin ir más lejos, Francia ha intensificado este mes su presencia a través de la Operación Barkhane con el envío de 120 paracaidistas a Menaka, región en la que el día 25 fueron asesinados 12 civiles por el ISGS (#39). La creciente presencia francesa así como la apuesta por la fuerza del G5 entra dentro de los planes del presidente, Ibrahim Boubacar Keita, que ahora comienza segundo mandato y que repite como un mantra la idea de “securitizar” Malí para acabar con la violencia del yihadismo, las milicias y los conflictos intercomunitarios.

La violencia que se vive en Nigeria y Malí solo es equiparable a la de Libia. No se han documentado tantos casos como en los dos países anteriores, pero esto se debe a que la mayoría de los atentados o ataques, que han obligado a declarar a principios de mes el estado de emergencia en Trípoli, no tienen un marcado carácter yihadista. Aun así, son varios los indicadores que demuestran la presencia creciente del Daesh en el país, concentrada en zonas ‘sin dueño’ y dedicada a llevar a cabo atentados como el del día 10 (#17, que dejó dos víctimas mortales en la sede de la compañía estatal de petróleo). Todo ello mientras los gobiernos rivales del este (al mando de Khalifa Haftar) y el oeste son incapaces de organizar unas elecciones e instituciones juntos.

Marruecos sería, en este caso, la otra cara de la moneda, pues los elogios no cesan en lo que se refiere a sus operaciones antiterroristas. Un estudio del Instituto Marroquí de Análisis Políticos ha disminuido el riesgo de atentado (lleva sin sufrir uno desde 2003) en el país gracias a la anticipación de la policía en el desmantelamiento de células yihadistas. Durante el mes de septiembre, han caído dos y 15 personas han sido arrestadas. Asimismo, el ministro de Exteriores español, Josep Borrell, ha asegurado en la ONU que la relación entre los dos países en materia de seguridad debe ser el ejemplo a seguir y el Departamento de Estado de EEUU se ha referido al reino alauita como un “exportador de seguridad”. En este mismo informe también se alaba la labor de Argelia: “La cifras muestran una continua presión sobre los grupos terroristas, como indica el número de terroristas muertos, capturados o entregados, así como las armas incautadas o búnkeres destruidos”. Esa presión es la que hace que cada mes varios terroristas se entreguen a las autoridades en Tamanrasset (12 en septiembre). En el mismo sentido, Túnez tampoco ha tenido excesivos problemas durante septiembre, más allá de una detención y dos jóvenes que murieron al explotar una mina. Como ha asegurado el ministro de Defensa, Adbelkarim Zbidi, el país hace frente a “amenazas terroristas”, pero “todo esta bajo control”, algo que ya se deja ver en los indicadores de turistas.