Observatorio de la actividad yihadista en el Magreb y el Sahel Occidental de marzo 2020

MAP

Casos estudio Magreb y Sahel marzo 2020

Observatorio Magreb y Sahel Occidental (PDF- 398 KB)

Lejos de verse mermada en el contexto de la crisis sanitaria mundial provocada por el Covid-19, la actividad terrorista de carácter yihadista ha continuado avanzando imparable en las regiones del Magreb y el Sahel Occidental, especialmente en esta última. Durante el mes de marzo el número de ataques ha descendido respecto a febrero, registrándose un total de 58. Pese a ello, su letalidad ha sido mucho mayor a entonces, cobrándose 522 vidas de civiles y militares, es decir, casi el doble que el mes anterior. Esta cifra ascendería hasta las 880 bajas si se contabilizasen las muertes de los combatientes terroristas. Tal y como puede apreciarse en el Gráfico 1, se continúa así con la tendencia al alza que se venía registrando desde el mes de octubre, interrumpida tan solo en febrero.

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Un mes más, es el Sahel el territorio que concentra la práctica totalidad de los ataques registrados, a excepción del perpetrado a principios de mes en la capital de Túnez por dos terroristas suicidas. Si bien las fuentes consultadas no han arrojado información sobre ataques en Argelia, se contabiliza la muerte de tres militares fallecidos en el transcurso de dos operaciones. Burkina Faso se mantiene en primer lugar de la comparativa regional en cuanto a número de atentados, a cierta distancia de Níger y Camerún (Gráfico 2).

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En cuanto a operaciones de apoyo internacional se espera que la Operación Takuba, que agrupará contingentes de distintos países de la Unión Europea y que será liderada por Francia, esté operativa a lo largo del verano. Inicialmente, los efectivos serán desplegados en la zona de Liptako, en Malí, cerca de la triple frontera. No obstante, tal y como se detallará en el último apartado del documento, la ya mencionada emergencia sanitaria podrá afectar a la puesta en marcha de decisiones como esta. Por el momento, se ha confirmado la participación de fuerzas procedentes de Bélgica, Dinamarca, Estonia, Países Bajos y Portugal, además de Francia.

A continuación, se realiza un análisis pormenorizado de la actividad de carácter yihadista en las zonas de estudio.

Sahel Occidental

Pese a que, como ya se indicaba en la introducción, Burkina Faso es el país en el que más atentados se han cometido, un análisis en mayor profundidad de la situación del país evidencia una cierta mejora del contexto de seguridad respecto a meses anteriores. La cifra de ataques se mantiene prácticamente estable; y el número de víctimas ha descendido considerablemente, alcanzando niveles no registrados desde el pasado verano. Además, tan solo ha tenido lugar un atentado de gravedad alta en el mercado de la localidad de Moméné, cerca de la frontera con Malí.[1] Al menos 16 personas perdieron la vida. Si bien no ha sido reivindicado por ningún grupo terrorista, la información disponible apuntaría hacia militantes del Daesh y su filial en el ‘Gran Sáhara’ (ISGS, por sus siglas en inglés). Además, las fuerzas armadas y policía del país habrían neutralizado a un total de 117 combatientes en las cinco operaciones llevadas a cabo.

Por otro lado, la actividad terrorista a lo largo de la frontera sur ha disminuido también, habiéndose registrado un solo ataque en un puesto fronterizo cercano a Togo y Benín, en la localidad de Nadiagou.

La situación en Malí sí se ha mostrado más compleja durante las últimas semanas. Si bien la actividad yihadista ha disminuido en cuanto a ataques y a extensión territorial –las fuentes consultadas no han arrojado datos sobre atentados en el centro y el oeste del país, en contraste con los informes anteriores—, el número de víctimas mortales se ha cuadruplicado en comparación con febrero, alcanzando los 151 muertos entre civiles y militares.[2]

G3

En el marco de las posibles negociaciones entre el gobierno y la coalición JNIM, el grupo terrorista ha llevado a cabo un ataque de gran envergadura contra la base militar de Tarkint, en la región de Gao. Los atacantes llegaron al lugar desde tres direcciones distintas, saqueando las instalaciones y matado a al menos 29 militares. Esto supone un notable cambio en el modus operandi del grupo, que querría realizar una muestra de poder e insistir en la salida de tropas internacionales del país como condición previa al inicio de las conversaciones. Además, tal y como era de esperar, Daesh ha mostrado su rechazo frontal a estas negociaciones, por lo que este descontento podría verse materializado durante las próximas semanas o meses con ataques de envergadura, como muestra de poder del grupo.

Destacan también los enfrentamientos que tuvieron lugar en la localidad de Bandiagara entre miembros de JNIM y de la milicia civil Dan Na Ambassagou. Según los datos disponibles, ante el reclutamiento forzoso de población por parte de milicianos, la población local pidió ayuda a JNIM, que habría matado a al menos 103 civiles pertenecientes al grupo armado.

Por otro lado, Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQIM, por sus siglas en inglés) ha confirmado la reciente muerte de Abu Iyadh, veterano de Al Qaeda en Afganistán y fundador del grupo terrorista tunecino Ansar Al Sharia, durante una redada realizada por el ejército francés.

El mes de marzo acogía también la celebración de la primera ronda de elecciones parlamentarias en Malí que, a pesar de los llamamientos locales e internacionales para su aplazamiento por la crisis del Covid-19, fueron finalmente celebradas. Días antes, el líder del principal partido opositor, Soumaila Cissé, fue secuestrado junto a otros seis miembros de su delegación. Si bien la información no habría sido aún validada por las fuerzas de seguridad malienses, miembros de la Katiba Macina, perteneciente a la coalición JNIM, podrían estar detrás de este acto, que podría haber sido cometido como represalia al rechazo mostrado por Cissé hacia las negociaciones con el grupo terrorista.

En Níger, la actividad terrorista ha tenido la misma incidencia en las dos zonas que ya se podrían considerar como “tradicionales”: al oeste, en la llamada triple frontera –junto con Malí y Burkina Faso— y en la cuenca del Lago Chad al este. En la primera de ellas destacan ataques contra líderes locales por parte de miembros de ISGS, en el marco de su estrategia de creación de vacíos de poder para aumentar su influencia sobre la población. Destaca además la operación de la fuerza Barkhane desplegada en la región de Tillaberi a principios de mes, en la que habrían neutralizado a al menos 26 elementos terroristas.

Lago Chad

En Nigeria han tenido lugar dos de los cuatro ataques más letales registrados en marzo, ambos en el estado de Borno, en la región del Lago Chad. El primero de ellos fue cometido por miembros de Boko Haram, que realizaron una emboscada a un convoy de tropas que iba a apoyar a otros efectivos. Al menos 47 militares murieron. Por otro lado, militantes de Daesh y su filial de África Occidental (ISWAP, por sus siglas en inglés) atacaron a militares que se dirigían hacia uno de los campamentos de los terroristas: primero lanzaron una granada contra el camión que transportaba armas y munición, provocando una fuerte explosión tras la cual atacaron al resto del convoy. Al menos 70 militares perdieron la vida.

G4

Destaca una noticia sobre este último grupo terrorista, de la que se ha tenido noticia a principios del mes de marzo. Tres de sus miembros, entre los que se incluiría su líder en Nigeria, Idris al-Barnawi, habrían sido ejecutados por sus propios compañeros, que les acusaban de haber sido benévolos con los militares capturados, a los que habían decidido no matar.

Por otro lado, la actividad terrorista en las regiones centrales –tradicionalmente zona de influencia del grupo Ansaru— se habría visto reducida durante marzo, registrándose un solo ataque en la localidad de Jere, el que murieron dos civiles.[3]

Pero si hay que destacar alguno de los países de estudio por la letalidad de los ataques sufridos, ese es Chad. Tal y como se puede apreciar en el gráfico 5, la cifra máxima de víctimas mortales en el último año había sido de 23, sobradamente superada por las 112 registradas este mes. 98 de ellas fueron consecuencia de un solo ataque, perpetrado por Boko Haram contra la base militar situada en la península de Boma, en el Lago Chad, que ha supuesto el peor atentado terrorista registrado nunca en la historia del país. En respuesta, el gobierno ha declarado como “zona de guerra” dos departamentos –Fouli y Kaya— de la provincia del Lago, que en principio estará en vigor hasta el próximo 16 de abril. Además, han instado a la población a que abandona las aldeas ubicadas en las inmediaciones del Lago Chad, recomendando su traslado hacia el interior. El ejército ha iniciado la “Operación Cólera de Boma”, en la que ya habrían neutralizado a un gran número de terroristas, así como algunas de sus bases en las inmediaciones de esta región.

G5

Camerún ha registrado una reducción en el número de ataques tras el repunte de febrero, volviendo por tanto a los niveles de meses anteriores. Boko Haram ha perpetrado nueve ataques en el país, todos ellos en la región norte, en los que han muerto un total de 13 civiles.

Magreb

Por tercer mes consecutivo, la región del Magreb ha sufrido un único ataque terrorista, en esta ocasión en territorio de Túnez: dos terroristas suicidas a bordo de una motocicleta detonaron la carga explosiva que portaban junto a un control policial desplegado en las inmediaciones de la Embajada de Estados Unidos. Ningún grupo habría reivindicado el atentado, pero la actividad terrorista predominante en el país corresponde a Daesh. Tampoco ha quedado claro si el objetivo del ataque eran los policías tunecinos o la delegación estadounidense. Tras este suceso, la policía de Túnez habría llevado a cabo al menos ocho detenciones de individuos relacionados con grupos terroristas –cinco de ellos vinculados al ataque de la capital—.

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En Marruecos y Argelia las autoridades han continuado llevando a cabo operaciones antiterroristas. En Marruecos, miembros del BCIJ desmantelaron una célula formada por cuatro personas en la ciudad de Sidi Slimane. Por otro lado, las autoridades argelinas han llevado a cabo al menos tres operaciones en Tafasour, Béni Bouateb y Tamanrasset.

Las protestas populares contra el régimen argelino fueron prohibidas a mitad de mes como parte de las medidas de contención del Covid-19 implementadas en el país. En este contexto, la Liga Argelina por la Defensa de los Derechos del Hombre (LADDH) ha denunciado el juicio irregular de un activista, al que le han alargado su estancia en prisión.

Por último, la Unión Europea ha lanzado oficialmente la Operación Irini en Libia, liderada por Italia, cuyo cometido es hacer cumplir el embargo de armas que la ONU decretó hacia Libia, evitando así la participación de terceros países.

Perspectiva regional

La crisis del Covid-19 influirá en los contextos de seguridad de los países de estudio. La práctica totalidad de los países africanos ha comenzado a tomar medidas contra la expansión del virus: durante el corto y medio plazo, las fronteras habrán de permanecer cerradas y, conforme avance la enfermedad, los toques de queda y las prohibiciones de circulación de población serán cada vez más frecuentes. Si bien este mayor control podría dificultar el movimiento de terroristas entre países y dentro de los territorios nacionales, no debemos olvidar el fuerte esfuerzo que supone para las fuerzas armadas y de seguridad, que conllevará una menor asignación de recursos a la lucha contra el terrorismo. Los grupos yihadistas podrían aprovechar esto para perpetrar ataques de envergadura contra puestos fronterizos o prisiones –en los últimos comunicados emitidos ya han mostrado su intención de liberar a sus compañeros presos de las instalaciones penitenciarias—.

Es también de gran importancia la degradación económica que esta emergencia sanitaria traerá, cuyos efectos comenzarán a apreciarse en muy poco tiempo y se esperan duraderos. Esto dificultará aún más la situación de la población, que tendrá que ser aliviada por los escasos recursos de los gobiernos. Además, es probable que aumente el descontento social, dando lugar a un aumento de las ya existentes tensiones –especialmente en el Magreb, donde las protestas han sido frecuentes durante el último año y cuya economía se espera que se vea muy afectada por la caída del precio del petróleo y del turismo— y facilitando también la captación de combatientes por parte de los grupos terroristas, que proporcionarán el dinero y los bienes básicos que no reciban.

Por último, cobran especial importancia los próximos pasos de las fuerzas internacionales. Una eventual retirada o disminución de tropas aumentaría más si cabe la fragilidad de estos países frente al terrorismo. Por el momento, no parece que esta sea la intención de la Unión Europea, que en plena crisis propia ha continuado con la puesta en marcha de la Operación Takuba, pero las acciones de Estados Unidos, que ya se planteaba la salida de sus tropas en meses anteriores, marcarían la diferencia.

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[1] Tal y como refiere la leyenda del mapa al inicio del análisis, se consideran ataques de gravedad alta aquellos que han provocado 10 o más víctimas mortales, y muy alta en caso de que se registren más de 30 muertes.

[2] Ante el fuerte incremento en la letalidad de los ataques registrados en Malí, Nigeria y Chad, se detalla en los tres próximos gráficos la evolución del número de víctimas de estos países a lo largo de los últimos 12 meses.

[3] Además del caso registrado en Jere, el 05 de marzo tuvo lugar un ataque en el estado de Kaduna, en el centro del país. Un centenar de hombres armados irrumpieron en varias localidades del distrito de Igabi, matando a al menos 50 civiles. La información disponible no permite confirmar que se trate de terrorismo de carácter yihadista, ya que numerosas fuentes apuntan a bandolerismo. Si bien el modus operandi apuntaría hacia Boko Haram, la presencia del grupo en esta zona ha sido escasa o nula durante el último año, predominando más las actuaciones del grupo Ansaru que, en principio, no contaría con tantas capacidades operativas.