«Hay que reconocer que en el ámbito de la lucha contra el terrorismo de Internet se ha mejorado y mucho»

Manuel Torres

«Los terroristas necesitan buscar nuevas oportunidades, colonizar espacios en internet que no han sido securizados y  donde todavía pueden moverse con cierta impunidad, esto supone un desafío para hacer cuanto más difícil mejor la actividad de estas organizaciones»

«Estos actores tienen un interés claro: van a intentar sacar partido de esa seguridad que les proporciona el desconocimiento inicial»

Las imágenes de propaganda, revistas de la Yihad, móviles interceptados y el miedo a un ciberataque crecen cada vez más. A pesar de que el califato haya disminuido y los terroristas yihadistas también bajaron su actividad en Internet, la amenaza sigue estando presente.

Manuel R. Torres es Profesor Titular del Área de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y desde 2018 es parte del Consejo Asesor del  European Counter-Terrorism Centre (EUROPOL). También es miembro del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI) de la Universidad de Granada. Es autor de los libros ‘El Eco del Terror. Ideología y propaganda en el terrorismo yihadista’ y ‘Al Andalus 2.0. La ciber-yihad contra España’. Sigue investigando especialmente las áreas de violencia política, terrorismo, comunicación política y ciberseguridad.

¿Existe alguna diferencia entre ciberterrorismo y un terrorismo apoyado cibernéticamente?

Sí, yo soy partidario de esa diferenciación de concepto porque el término ciberterrorismo se ha utilizado de manera demasiado amplia para catalogar alguna cosa. Realmente no supone ninguna novedad con respecto a lo que se hacía en el pasado.  La propia labor de propaganda a través de internet es una actividad que tradicionalmente el terrorismo ha llevado a cabo y que ahora se ha visto potenciada como consecuencia de la aparición de internet, con lo cual yo no lo catalogaría como ciberterrorismo. Ese término hay que reservarlo para aquellas acciones que lo usen como vector de ataque que produzcan un daño. Al final es una forma de llevar a cabo un atentado violento utilizando esta nueva herramienta. Ese ciberterrorismo es muchísimo más escaso de lo que habitualmente se piensa, porque no es el terrorismo al que estamos acostumbrados. Es utilizar el espacio como vector de ataque, algo mucho más complejo, algo que para los grupos no está tan a su alcance de manera fácil. A día de hoy sigue siendo una posibilidad teórica, más que una realidad.

¿Cuál es el mayor peligro del ciberterrorismo comparado al terrorismo de ataque físico al que estamos “acostumbrados”?
Las especulaciones apuntan hacia infraestructuras críticas, a una serie de instalaciones o servicios con carácter esencial. Para el funcionamiento de la economía, comunicaciones o su utilización masiva, pues cualquier tipo de daño sobre lo mismo tiene una enorme repercusión. Esta realmente ha sido la vertiente que más preocupa, porque al final si a través del ámbito ciber, el resultado es similar al que se puede alcanzar con una bomba común, no es algo deseable pero no genera esa alarma. A través del ámbito ciber se puede tener acceso a dañar otros objetivos que de manera convencional estarían fuera del alcance de estos grupos.Esto ya plantea un escenario bastante más preocupante. Sin embargo, este debate se mueve todavía en el ámbito de la especulación y de escenarios a futuro, no es aún una realidad.

¿Llega a tener un impacto real fìsico?

No lo ha tenido, al menos llevado a cabo por actores que catalogamos como grupos terroristas. Lo más parecido ha sido sabotaje, filtración de datos, pero eso más bien se puede catalogar como hacktivismo, más que como ciberterrorismo. El hecho es que a día de hoy no se ha producido porque existen unas barreras para evitar que se use esa herramienta para la violencia, permanece esa capacidad en manos de los estados nación, y no tanto de los grupos terroristas, porque todavía les resultan de más impacto las formas tradicionales.

"El caso de Barcelona es un punto de inflexión, pues su explotación propagandística ha sido muy inferior a la que podría haber tenido. Ahora, incluso cuando tienen éxito, su capacidad de rentabilizarlo es menor"

Es decir, ¿a lo que la gente llama ciberterrorismo realmente es propaganda? 

Yo lo llamaría actividades terroristas a través de Internet. 

¿Puede seguir evolucionando dentro de Internet? ¿O seguirá solamente apoyando al ámbito físico que ya estamos acostumbrados? 

Claro, donde nos hemos enfrentado a un crecimiento exponencial de actividad terrorista ha sido en aquellas donde Internet ha potenciado este tipo de actividad de propaganda. En cuanto a su capacidad de llegar a la población, hasta la capacidad de comunicarse entre los propios terroristas o incluso vías adicionales de financiación que antes no existían. Todo esto ha tenido un enorme impacto, pero la faceta de proyectar violencia, no se ha producido y lo más probable es que lo que se siga dando sean esas otras actividades donde internet ya ha sido útil y previsiblemente lo va a seguir siendo. 

La comunicación entre los yihadistas se hace cada vez más sencilla, ¿es posible que si cuidas la privacidad de las personas civiles, terminas por beneficiarlos a ellos? 

Hay que ser conscientes de que la tecnología ha facilitado esas comunicaciones y ahora se producen de manera instantánea, sin necesidad de una exposición física que incluso ralentizaba el funcionamiento de estas organizaciones por la incapacidad de transmitir órdenes y de interactuar de manera ágil. Como consecuencia de estas tecnologías esas limitaciones ya no están, pero el intentar ponerle freno restringiendo un uso legítimo de internet para el resto de la sociedad. El balance es que vamos a perder mucho más de lo que vamos a ganar. Se puede ganar algo en seguridad, pero el daño es generalizado para todos aquellos que  lo usen de manera legítima, para el crecimiento económico o la difusión del conocimiento. Yo creo que es un coste asumible. 

Con estas facilidades pueden aparecer autores individuales que asuman roles sin estar directamente relacionados con el núcleo terrorista. ¿Qué supone esto para los yihadistas?

Estas herramientas han generado unas vías adicionales de militancia terrorista que en el pasado no eran posibles. Antes, o estabas vinculado o no con una organización, pero ese apoyo un poco desconectado y por iniciativa propia realmente tenía un difícil encaje en la estrategia y la actividad de estos grupos. En cambio ahora, se puede comulgar con un discurso que se difunde de manera masiva. Encadenar tu propia violencia a ese discurso, amplía la forma de participar en la violencia terrorista. Para ellos es útil, lo alientan y animan a que si no tienen la capacidad de adherirse formalmente que pueden apoyarlos desde esta otra vía. Por tanto, a lo que hemos asistido es a una ampliación de la magnitud de la militancia terrorista.

Aplicaciones como Telegram o Zello para algunos países ha servido para salir de situaciones extremas, pero a ellos les ayuda, ¿existe una forma de control por parte del estado? 

Aquí la clave está en conseguir una interacción fluida entre gobiernos y la empresa que presta los servicios. Yo creo que la vía regulatoria y coactiva no es eficaz porque el ritmo de innovación hace que aparezcan nuevos usos que no están previstos por esas legislaciones. En cambio, si la perspectiva es que haya un acuerdo entre empresa y gobierno porque tienen un interés mutuo, buscar el objetivo de dificultar el acceso de esta ideología a estas plataformas, dejando margen para la adaptación, se puede conseguir mucho. Si lanzamos la vista hacia atrás, en lo últimos años se ha mejorado de una manera muy notable la lucha contra esos contenidos, las grandes plataformas son muchísimo más ágiles que en el pasado. Estamos en un buen camino, lo que se trata es de seguir ahondando y adaptándonos continuamente. Los terroristas necesitan buscar nuevas oportunidades, colonizar espacios en internet que no han sido securizados y  donde todavía pueden moverse con cierta impunidad, esto supone un desafío para hacer cuanto más difícil mejor la actividad de estas organizaciones.

A pesar de algunas ventajas, ¿siguen teniendo desafíos? 

Ahora el verdadero desafío para estos grupos es el acceso. Espacios que, hace unos años, daban por descontado  y su esfuerzo se centralizaba en crear, en añadir nuevos miembros a esas redes. Ahora, su principal desafío es tratar de evitar que los expulsen y eso es una buena noticia. 

"El rechazo al cambio social, económico y cultural que está generando la tecnología, puede servir de común denominador para motivar la violencia"

Todo el tiempo que dedican precisamente a luchar para evitar ese bloqueo es tiempo que dejan de emplear en otras actividades que podrían ser más dañinas, en mejorar su propio discurso o mejorar productos propagandísticos más sofisticados y efectivos. No hay que caer siempre en ese catastrofismo, esa sensación de que estamos siempre peor que el periodo anterior. Hay que reconocer que en el ámbito de la lucha contra el terrorismo de Internet se ha mejorado y mucho.

¿Tiene algo que  ver con el colapso del califato yihadista? ¿Ha tenido consecuencias en la actividad física yihadista? 

Sin duda, vimos cómo la pérdida de control territorial está relacionada con varios indicadores de actividad terrorista como la propia disminución de atentados y también en el ámbito de la propaganda. El grupo cada vez se comunica menos e incluso el contenido es todo modificado para su perjuicio. En su momento álgido podían hablar en términos casi positivos, de cómo era la vida en el califato y pintaban un estilo de vida idealizada. Esto ha desaparecido y ahora el grueso de los contenidos tiene una naturaleza relacionada de venganza, violencia y ajusticiamiento. Son contenidos que han perdido bastante atractivo y que resultan menos movilizadores que los del 2015 o 2016.

Tras la caída del califato y los atentados de Cataluña hubo una desmejora en la calidad y rigor de la propaganda yihadista, dos años después, ¿han avanzado?

Lo que se ha producido es que tienen una menor capacidad para explotar un atentado consumado, que para ellos es un éxito. El caso de Barcelona es un punto de inflexión, pues su explotación propagandística ha sido muy inferior a la que podría haber tenido. Ahora, incluso cuando tienen éxito, su capacidad de rentabilizarlo es menor. Por eso, se debe seguir luchando con esa faceta comunicativa pues es la que permite ampliar el miedo, que les da poder coactivo  y genera alarma. En definitiva, es lo que les permite ejercer un poder porque su capacidad de matar es limitada y para asustar a muchos necesitan de la comunicación. 

Después de esta etapa de poder en internet, una de las tendencias hacia las que va el ciberterrorismo es a los pequeños espacios que permiten su pleno establecimiento, ¿qué otros caminos podrían seguir?

Lo que han demostrado los terroristas es que han sido tremendamente ágiles a la hora de detectar nuevas oportunidades, incluso irrumpiendo en pequeños servicios que iniciaban su andadura y son bastante desconocidos. Ellos han encontrado en esos espacios utilidades, como servir de repositorio de contenidos que luego son distribuidos en un alcance más amplio, o se ve como punto de comunicación seguro. Entonces, lo que tenemos que tener muy presente es que estos individuos están en continua búsqueda de esas oportunidades y eso fuerza a agencias de seguridad o servicios de inteligencia, a no solo hacer un servicio de monitorización de los espacios que se utilizan de manera masiva, sino de cualquier mínima innovación, porque sabemos que estos actores tienen un interés claro: van a intentar sacar partido de esa seguridad que les proporciona el desconocimiento inicial.

Cuando se informa sobre la propaganda yihadista, a veces parece que se termina ayudando a su fin, ¿existe alguna forma de evitar esto? 

Sí, aunque hemos aprendido mucho sobre cómo se debe o no informar  acerca del terrorismo, se siguen repitiendo estos casos donde convertimos en información datos que realmente no tienen interés informativo. Que un grupo terrorista amenace no aporta nada nuevo. Informar sobre alguno de estos mensajes amenazantes incrementa el número de mensajes y  se hace un círculo vicioso. La vía es una actitud de autorregulación por parte de los medios de comunicación y de conocimiento de los especialistas para tener un criterio claro de lo que es relevante, que simplemente la reiteración de lo que ya conocemos. No es habitual encontrar en sus comunicados datos novedosos o inéditos que merezcan la pena ser tratados por los medios de comunicación. 

También puede permitir una retroalimentación entre distintos grupos radicales, ¿no?

Esta es otra de las lecciones que hemos aprendido en estos años. Hay grupos que parece que están en las antípodas, en cuanto a objetivo o ideología, pero tienen un punto de contacto precisamente por esa necesidad de usar la violencia para comunicarse. Ellos son conscientes de lo que hacen otros actores y lo adaptan, en ocasiones, incluso, lo imitan directamente. A la hora de abordar informativamente hay que tener muy presente que una sobre atención sobre alguno de los grupos o iniciativas  genera un efecto llamada de otros actores que se pueden inspirar y que pueden encontrar una vía abierta precisamente por ese éxito que otros han obtenido. Es responsabilidad de los medios evitar esas auto profecías cumplidas. 

 La tecnología avanza cada vez más y usted escribe que posiblemente la “tecnofobia” traerá una quinta ola de terrorismo, ¿se convertirá la tecnología en el peor enemigo para los radicales en el año 2040?  

El rechazo al cambio social, económico y cultural que está generando la tecnología,  puede servir de común denominador para motivar la violencia de actores que, aunque abanderen diferentes causas, de carácter religioso, político o identitario encuentran esa especie de chivo expiatorio en la tecnología. Puede ser uno de esos  desenlaces paradójicos. Esa misma tecnología que es vista como un aliado para esos grupos, en unos años puede convertirse en su enemigo. Todavía nos quedan tantas cosas por ver.

¿Cuál es el mayor reto al que nos enfrentamos con el ciberterrorismo?

Toda acción por bien intencionada que esté genera un efecto no deseado, minimizar los efectos teniendo presentes las consecuencias que genera cualquier tipo de innovación, es una ecuación que hay que tener presente. En toda la reflexión actual, no solo hay que dejarse llevar por la innovación rápida, sino reflexionar en conjunto como sociedad, para poner frenos antes de que el problema se haya iniciado. Ser capaces de prevenir y de anticipar los efectos, porque  sino volveremos a repetir errores del pasado.