Incremento de la presencia de Ahlu Sunnah Wa-Jamo en el norte de Mozambique

El grupo terrorista Ahlu Sunnah Wa-Jamo, que ejecuta sus atentados terroristas principalmente en el norte de Mozambique, en la provincia de Cabo delgado, ha llevado a cabo, durante este mes de junio, al menos 5 acciones en las que han muerto 28 personas, varias de ellas ejecutadas a machetazos. Asimismo, el pasado mes de mayo causó por lo menos 39 víctimas mortales. No solo eso, sino que, también, más de 1.000 personas tuvieron que desplazarse de sus hogares por Mozambique.

Desde que se registraran sus primeras acciones terroristas yihadistas en octubre de de 2017, siendo atentados aislados contra comisarías y algunos poblados minoritarios, este grupo terrorista ha ido mostrando una tendencia al alza en número de atentados durante los últimos meses. Esto ha provocado que el gobierno del país vecino, Malawi, haya exteriorizado su alerta ante la amenaza que puede suponer este grupo terrorista, así como que la Embajada de Estados Unidos en el país africano emita una alerta para aconsejar a los ciudadanos estadounidenses que abandonen la provincia de Cabo Delgado por motivos de seguridad.

Este grupo, a semejanza de su homónima somalí al-Sahabaab o de Boko Haram en Nigeria, centra su proselitismo en captar nuevos militantes en una población que sufre altas tasas de desempleo, falta de oportunidades para progresar económica y socialmente y, sobre todo, abandono por parte del Estado, que les impide disfrutar de servicios públicos básicos como la sanidad o la educación

Sin embargo, y a diferencia de los grupos yihadistas que operan en Somalia y en Nigeria, este grupo no muestra un liderazgo conocido ni una doctrina clara, y ni siquiera reivindican sus ataques; esto último no se da en otras organizaciones integristas islámicas violentas, cuyo fin último al mostrar al mundo las atrocidades que cometen es generar temor a la población e instituciones nacionales o supranacionales para que negocien con ellas, o se sometan a su terror.

Se desconoce el número exacto de los componentes del grupo, la organización interna de la células que lo componen más allá de que cada una esté dirigida por un líder, ni si existe coordinación entre ellas. Esto se debe a la mínima estructura organizativa de Ahlu Sunnah wa Jamo y a la nula voluntad de controlar permanentemente un territorio más allá del tiempo necesario para realizar ataques oportunistas a poblados en los que saquean a los lugareños, incendian hogares y asesinan a personas relevantes de dichas comunidades.

Gracias a estas circunstancias han podido sobrevivir estos ocho meses a capturas masivas de supuestos militantes, originarios de Cabo Delgado y los países vecinos, y a la muerte de decenas de ellos en combates con las fuerzas armadas y la policía mozambiqueña sin aparente merma en su capacidad para actuar. Es más, si bien al inicio de la actividad violenta de este grupo conocido como Al Shabaab por los habitantes de la región, debido a la juventud de sus componentes, sus ataques se centraban en los distritos costeros de Macomia, Mocimboa da Praia y Palma,  en los últimos días del mes de junio su actividad se ha expandido a los vecinos Nangade y Qissanga.

Pese a los esfuerzos del poder legislativo por endurecer las penas por delitos de terrorismo y del Gobierno de Mozambique al enviar refuerzos militares a la provincia norteña de Cabo Delgado, la actividad de Ahlu Sunnah wa Jamo no parece remitir debido a la dificultad para delimitar la amenaza y así poder combatirla.

Esta nueva amenaza terrorista yihadista ha empujado al Comisario General de la Policía de la República del Congo, Dieudonne Amulila, a ofrecer ayuda militar para combatir a la organización yihadista en caso de que fuese necesario y el Gobierno de Mozambique lo demandase. Este anuncio, que  tuvo lugar en un descanso de la cumbre de jefes de policía de la Comunidad de Desarrollo del África Austral celebrada en Luanda, se suma a los acuerdos de colaboración con las fuerzas del orden tanzanas para combatir el radicalismo islámico en los distritos lindantes con su frontera como son Mocímboa da Praia, Palma, Nangade y Macomia.

Otros países vecinos de Mozambique también se han ofrecido a colaborar para combatir al grupo terrorista en las últimas semanas ante semejante alerta. Sin embargo, aunque a simple vista pueda parecer que toda ayuda es bienvenida, es necesario tener en cuenta que los países vecinos pueden tener otros intereses en este sentido: Ahlu Sunnah wa Jamo es sospechosa de formar parte de una red que opera en Somalia, Kenia, Tanzania y República de Congo y cuyo interés consiste en desestabilizar el norte de Mozambique para obtener millones de dólares con el contrabando de madera y rubíes y con ellos financiar la compra de armas, pagar a adiestradores y sostener económicamente a las familias de los militantes de la organización.

A la preocupación de los gobiernos vecinos hay que sumar el temor de grandes multinacionales como ExxonMobil, Eni o Anadarko que estarían interesadas en invertir 30.000 millones de dólares en la zona para extraer el gas de la costa de Cabo Delgado, pero a las que una amenaza yihadista relativamente cercana les podría disuadir de implantarse en la región, solicitar unas medidas de seguridad extraordinarias que la economía mozambiqueña difícilmente pueda asumir en solitario o contratar a compañías privadas de seguridad especializadas en la lucha contra la insurgencia.

Este proyecto de inversión y otros basados en el turismo nacional e internacional son un rayo de esperanza para los habitantes de un Cabo Delgado que ven como la riqueza de su provincia está siendo esquilmada por las personas que se encuentran detrás de Ahlu Sunnah wa Jamo y como sus puertos se van convirtiendo en el destino de la heroína que llega principalmente de América del Sur para ser distribuida en Sudáfrica y Europa con la complicidad de funcionarios estales que así completan sus salarios según advierte el Global Initiative Against Transnational Organised Crime.

La agresividad mostrada por estos militantes yihadistas tendrían como objetivo último generar un clima de inseguridad que abocase al fracaso la implantación de las multinacionales, lo que eliminaría molestos testigos de las actividades ilícitas de las diferentes redes criminales y/o yihadistas que operan en la región y agrandaría la dependencia económica de los habitantes de Cabo Delgado de las mismas facilitando su reclutamiento.

Para contrarrestar esta estrategia, el gobierno de Maputo ha de combatir sobre el terreno a los yihadistas, sin cometer unos excesos que le pongan en contra de la población civil, recurriendo a la ayuda internacional que le han ofrecido los países vecinos. La ola de violencia que sufre Cabo Delgado solo es un síntoma de un mal que sufre gran número de países del África Oriental y que ha de curarse en conjunto para evitar recaídas. Asimismo, debería asegurar la permanencia de las multinacionales que han mostrado interés por invertir en la zona y facilitar la implantación de empresas propias o la llegada de otras para activar la economía de la zona evitando que las redes criminales sean la única salida laboral para sus habitantes.