«Me resulta incomprensible y sumamente inquietante pensar en los motivos que pueden empujar a la gente a considerar no solo admisible moralmente, sino incluso algo heroico, asesinar a algunos de sus conciudadanos»

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«El título de la serie se refiere, en su literalidad, al instante decisivo en el que ETA dejó de ser una organización subversiva antifranquista más, de las muchas que entonces fantaseaban con la lucha armada, para convertirse en una organización terrorista propiamente, responsable directa de crímenes y muertes violentas»

«Pero la ‘línea invisible’ podría referirse también a quienes parecen incapaces de distinguirla con claridad. A quienes no vieron o no quisieron ver transgresión moral alguna en los asesinatos del guardia civil Pardines o del inspector Manzanas, sino heroísmo o noble sacrificio. Quienes, incluso hoy en día, parecen seguir siendo incapaces de percibir esa frontera moral»

«Es innegable que la ETA de los años de la democracia se nutre directamente, tanto a nivel discursivo como organizativo, de todo lo ensayado y desarrollado en ETA durante los años en los que la generación de Txabi Etxebarrieta lideró ETA»

«Historiadores como Santiago de Pablo han analizado a fondo todas las producciones audiovisuales existentes sobre el tema de ETA y la conclusión es contundente: hasta ahora, las víctimas están totalmente ausentes en ellas»

Abel García Roure (San Baudilio de Llobregat, Cataluña) es director de cine y guionista. Es el creador de la serie ‘La línea invisible’, que se estrena hoy, 8 de abril, en Movistar +.

La serie ahonda en una ETA casi desconocida, la de los inicios, surgida en el contexto de una España y un País Vasco de los años sesenta muy distintos a los actuales. Y muy distintos a la democracia, periodo en el que ETA cometió la gran mayoría de sus crímenes terroristas. Abel explica que narrar el proceso de cómo aquellos primeros etarras tomaron la decisión de cometer el primer crimen de la larguísima historia criminal de ETA implica también contar quiénes eran antes de cruzar esa línea invisible. «La serie es una apuesta por poner luz, lo que no debería significar en ningún caso blanquear o justificar a los terroristas», asegura.

¿Cómo surgió la idea de hacer una serie de ficción sobre los orígenes de ETA y sus dos primeros asesinatos?

Es algo que me acompaña casi desde la adolescencia y desde que empecé a estudiar cine. Viví los 80 con el horror y el sobresalto continuo de los atentados de ETA. Recuerdo particularmente el de Hipercor o el asesinato de Tomás y Valiente.

Me resultaba incomprensible y sumamente inquietante imaginar las motivaciones que podía empujar a gente que se había educado en un contexto probablemente no muy distinto al mío, a considerar no solo admisible moralmente, sino incluso algo heroico, asesinar a algunos de sus conciudadanos.

Me preguntaba cómo se llegaba a deshumanizar a un “supuesto enemigo”, hasta el punto de considerar legítimo lastimarle o matarle. Más aún, me asombraba que eso pudiese producirse por mera obediencia a un relato fantasioso sobre la naturaleza mítica ultrajada del lugar de nacimiento.

En suma, quería entender dónde estaba el origen de todo eso. El caldo de cultivo de aquel horror.   Eso me fue conduciendo hasta la historia del origen de ETA y sus primeros crímenes. Y, por tanto, a la historia de las primeras víctimas de ETA.

¿Por qué quiso abordar mediante la ficción un tema tan complejo y doloroso como el terrorismo de ETA?

Yo vengo del cine documental, pero siempre tuve claro que esta historia en particular debía contarse a través de la ficción. Eso sí, de una ficción minuciosamente documentada y estrictamente rigurosa, en la medida de lo posible, con la verdad de los hechos.

El principal motivo de elegir la ficción era la naturaleza misma de lo narrado: unos hechos de enorme trascendencia, pero muy poco conocidos, y sobre los que no existía apenas documentación.

Cuando empe a investigar, encontré que el relato dominante era fundamentalmente el que había establecido, a posteriori, la propia ETA y su entorno. Se destacaba la dimensión legendaria de su protagonista, Txabi Etxebarrieta: el primer héroe y mártir de la causa abertzale. Txabi era indiscutiblemente un icono fundacional para ETA. De hecho, sigue siéndolo aún hoy para una parte de la izquierda abertzale, que le sigue rindiendo homenaje cada año, el día de su muerte. Y en aquel relato el guardia civil Pardines apenas existía, era solo un uniforme, desposeído de biografía y de entidad humana.

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Eso mismo, desde otro ángulo, es aplicable al caso de Melitón Manzanas. En todas las narraciones sobre lo ocurrido el Inspector Jefe era presentado como un ser monstruoso en un sentido absoluto, casi caricaturesco.  Desde luego es indiscutible que Manzanas, antes de ser víctima del terrorismo, fue un durísimo y muy temido represor del régimen franquista. Así como un cruel torturador. Numerosos testimonios, no solo nacionalistas, así lo atestiguan. Pero, en el relato, no se proporcionaba ni un solo dato sobre quién había sido el Inspector Manzanas. Solo su leyenda.

Todas estas circunstancias de partida exigían una aproximación a los hechos y al relato que fuera   desmitificadora. Se trataba de diseccionar de la forma más precisa posible qué era lo que había sucedido exactamente. Desbrozar de leyendas y mitos cuál había sido realmente el recorrido que había llevado a aquellos jóvenes nacionalistas antifranquistas de veleidades revolucionarias a pasar de las palabras a los hechos. Identificar las causas y los factores que habían influido que todo ello sucediera.

Estoy convencido de que la ficción puede ser, también, una herramienta útil para analizar y tratar de conocer el mundo en que vivimos y nuestro pasado. Incluso los asuntos más espinosos.

¿Por qué eligió el formato de serie para televisión en lugar de otros formatos, como un largometraje, por ejemplo?

El proyecto se inició, de hecho, como un largometraje. La primera versión del guión es un tratamiento de película que coescribí con Fran Araujo, en 2013. La transformación en serie televisiva vino tiempo después y se debió a una suma de varias circunstancias que lo propiciaron.

Por un lado, el proyecto, conforme lo iba desarrollando, demandaba una mayor complejidad y extensión. Durante el proceso de escritura del largometraje, descubrí la serie The Wire (de David Simon), que para mí fue una absoluta revelación. Y me hizo cambiar radicalmente mi percepción sobre las posibilidades del formato serial televisivo.

Pero lo decisivo fue la apuesta de Movistar+ por producir series de TV originales que pudiesen competir en cuanto a calidad con la nueva oleada de producciones internacionales que estaban definiendo una nueva era de la ficción televisiva a nivel global.  Eso hizo posible que un proyecto tan exigente y arriesgado como La línea invisible pudiese llevarse a cabo.

"Cuando empecé a investigar, encontré que el relato dominante era fundamentalmente el que había establecido, a posteriori, la propia ETA y su entorno. Se destacaba la dimensión legendaria de su protagonista, Txabi Etxebarrieta: el primer héroe y mártir de la causa abertzale. Txabi era indiscutiblemente un icono fundacional para ETA. De hecho, sigue siéndolo aún hoy para una parte de la izquierda abertzale, que le sigue rindiendo homenaje cada año, el día de su muerte. Y en aquel relato el guardia civil Pardines apenas existía, era solo un uniforme, desposeído de biografía y de entidad humana"

¿Cómo fue el proceso de documentación para preparar la elaboración de la serie?

Ese proceso ya lo había iniciado muchos años antes de empezar propiamente a trabajar en la serie.  Pero no fue hasta que Movistar+ confirmó el proyecto que contacté con el historiador Gaizka Fernández Soldevilla. Creí que era importante contar con un asesor que, además de riguroso y competente, conectase generacionalmente conmigo y con la naturaleza del proyecto. Pronto se hizo evidente que la decisión no podía haber sido más acertada. Esto fue en otoño de 2015.

Gaizka y yo elaboramos un listado de entrevistados, que se fue completando a lo largo del proceso. A principios de 2016 me pasé casi un mes viajando por Euskadi, entrevistando a testigos directos y a historiadores y periodistas que conocían lo sucedido o lo habían investigado. Algunos me interesaban para documentar aspectos específicos del relato, o porque habían conocido a alguno de sus protagonistas, ya desaparecidos.

Fue importante también que, en paralelo, Gaizka se embarcara en un proyecto de investigación sobre la figura de José Antonio Pardines, y las circunstancias que rodearon a su asesinato, auspiciado por el Centro Memorial de Víctimas del terrorismo. De este modo, la investigación de Gaizka para su libro y la mía propia para la serie confluyeron. Gaizka empezó a encontrar documentación hasta entonces desconocida: sumarios judiciales, informes forenses, documentos y reportajes periodísticos de la época, que nos permitieron ir ampliando los conocimientos sobre lo ocurrido.

El trabajo tenía una dificultad obvia: muchas de las fuentes con las que contábamos resultaban dudosas o poco fiables. Mucha información procedía de documentación judicial y policial franquista o de publicaciones de la prensa de la época, que no se caracterizaban precisamente por su rigor y veracidad. Otra procedía de las publicaciones internas de los terroristas, plagadas, en su mayoría de inexactitudes y propaganda. O de testimonios tomados muchos años después, en los que muchas veces se mezclaba la desmemoria con una visión sesgada, incluso deformada e interesada de lo acontecido.

¿Con qué asesores contó en este proceso?

El actual responsable del Área de Archivo, Investigación y Documentación del Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo, Gaizka Fernández Soldevilla, ha sido mi principal asesor, desde que el proyecto se concretó como serie de Movistar, hasta, prácticamente, la última fase de desarrollo que culminó hace pocos meses.

Hablé también con testigos, expertos, periodistas, etc. A algunos solo les entrevisté una vez y con otros he mantenido un diálogo constante a lo largo del proceso. Destacaría el testimonio que me prestaron gente que formó parte de aquella ETA y que luego se alejaron de la organización. Y que vivieron muy de cerca los acontecimientos que se narran en la serie. Su asesoramiento resultó sumamente valioso.

Asimismo, intenté conseguir testimonios de guardias civiles y de familiares y amigos que hubiesen conocido a José Antonio Pardines. Lo mismo con relación a Melitón Manzanas. Al principio no fue fácil. Pero en una fase ya avanzada del desarrollo pude, por ejemplo, hablar con Manuel Pardines, el hermano de José Antonio. Fue muy emocionante y valioso. Me proporcionó pequeños detalles que fueron de gran interés para poder componer un retrato más aproximado del joven agente de tráfico.

Gracias a la colaboración de la Oficina de Relaciones Informativas y Sociales de la Guardia Civil pudimos hablar también con algún guardia civil que coincidió en San Sebastián con Pardines y le conoció personalmente.

Fue particularmente sorprendente recabar el testimonio, finalmente, de un guardia civil de tráfico, gallego también, que había conocido a Pardines en la Academia de la Guardia Civil en Barcelona. La casualidad quiso que llegase a San Sebastián el mismo día en que Pardines fue asesinado. Me contó su impresión al ver, casi nada más llegar, a su antiguo amigo tendido en la enfermería de la Comandancia.

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¿Cómo se mantiene el equilibrio entre realidad y ficción de tal manera que la historia resulte atractiva, pero sin faltar a la verdad de los hechos? ¿Es difícil lograr ese equilibrio? ¿Lo ha logrado ‘La línea invisible’?

Es a los espectadores de la serie a los que creo que les corresponde juzgar si ese equilibrio se ha logrado de forma satisfactoria. Lo único indiscutible es que hemos puesto todo nuestro empeño en ello. Obviamente, ha sido uno de los principales desafíos de la serie. Y, personalmente, la tarea a la que he dedicado más energías.

Creo que una de las decisiones más importantes que se tomó, de inicio, y que, afortunadamente, se logró mantener a lo largo de todo el proceso, fue la renuncia autoimpuesta a espectacularizar los hechos reales que la inspiraban. El rechazo a distorsionar el relato y los personajes reales, en beneficio del drama. Y a dejarse llevar por la tentación de simplificarlos en arquetipos propios de las fórmulas del cine de género. En esa renuncia, creo que ha sido decisivo el excelente trabajo de los dos guionistas, Alejandro Hernández y Michel Gaztambide. Y del director Mariano Barroso.

Durante el desarrollo de la serie y su escritura, la tentación de tomar atajos dramáticos emergía constantemente, lo que es normal porque forma parte del proceso creativo. Y constreñirlo en exceso hubiese sido contraproducente. La principal premisa ha sido estar siempre muy vigilantes, analizando cuidadosamente cada uno de los detalles que se iban incorporando a la trama y a los personajes y ponderándolos con relación a lo que sabíamos por la documentación. Había que tener siempre presente que, en la tarea de representar a unos personajes y unos hechos, fácilmente se podían generar significaciones implícitas indeseadas, incluso de forma inconsciente, que podían ser susceptibles de generar luego interpretaciones erróneas.

El título de la serie hace referencia a la decisión de los miembros de ETA de empuñar las armas y empezar a matar para lograr sus objetivos políticos. ¿Por qué es invisible esa línea moral que, una vez traspasada, es de no retorno? ¿Los etarras no eran conscientes de las consecuencias de su decisión?

Es interesante el cuestionamiento respecto de la invisibilidad, o no, de la línea moral a la que alude el título de la serie. Ciertamente el título se refiere, en su literalidad, al instante decisivo en el que ETA dejó de ser una organización subversiva antifranquista más, de las muchas que entonces fantaseaban con la lucha armada, para convertirse en una organización terrorista propiamente, responsable directa de crímenes y muertes violentas. Es decir, al momento en que se inaugura lo que se dio luego en llamar la “espiral de violencia”. Y, obviamente, al momento preciso en que Txabi Etxebarrieta disparó mortalmente contra el guardia civil José Antonio Pardines. Y al momento en que, dos meses después,otro etarra, compañero suyo, asesinó al inspector Manzanas en el primer atentado planificado.

Pero la “línea invisible” podría referirse también a quienes parecen incapaces de distinguirla con claridad. A quienes no vieron o no quisieron ver transgresión moral alguna en los asesinatos del guardia civil Pardines o del inspector Manzanas, sino heroísmo o noble sacrificio. Quienes, incluso hoy en día, parecen seguir siendo incapaces de percibir esa frontera moral.

La serie se centra sobre todo en el retrato de dos personajes: Txabi Etxebarrieta y Melitón Manzanas. ¿Qué aspectos de cada personaje son reales y cuáles son ficticios?

En el aspecto personal, de cómo era cada uno de ellos en su vida cotidiana, está más ficcionado Manzanas que Txabi, por la sencilla razón de que contábamos, de partida, con mucha menos información sobre el primero. Los únicos testimonios directos documentados que existen, hoy en día, sobre Manzanas, son básicamente los de gente a la que interrogó y maltrató. El actor que lo interpreta en la serie, Antonio de la Torre, trató de contactar con la hija de Manzanas. Aunque no logró hablar directamente con ella, sí que consiguió que le hiciese llegar algunos detalles que le ayudaron a confeccionar el personaje.

Respecto de Txabi, disponíamos, de entrada, de muchísima más información por las muchas personas que le conocieron y con las que pudimos hablar. Y gracias también a sus escritos (poemas, cartas personales, diarios) que están publicados. Resultó mucho más fácil en su caso.

Se muestra el lado cruel de ambos personajes, pero también su lado más humano. Etxebarrieta es un terrorista al que no le tiembla el pulso cuando se ve en la tesitura de asesinar o no al guardia civil José Antonio Pardines, pero que a su vez se preocupa por sus familiares y allegados; Melitón Manzanas es un torturador, pero también un padre que se desvive por su hija. ¿Es importante mostrar el lado más humano de estos personajes “villanos”?

La voluntad desmitificadora está en el inicio de mi aproximación a esta historia. Y el rechazo, en todo momento, a fórmulas dramáticas que pudiesen distorsionarla. Creo que ha sido fundamental también el firme propósito, de todos los que hemos trabajado en el desarrollo de la serie, de evitar a toda costa dejarse llevar por el maniqueísmo. 

"Personalmente, la preocupación por cómo podía afectar a las víctimas lo que se contaba en la serie ha sido constante y fundamental para mí. Ciertamente, la naturaleza de la serie implicaba tomar muchas decisiones delicadas. Narrar el proceso de cómo aquellos primeros etarras se decidieron a dar el paso de cometer el primer crimen de la historia de ETA, implicaba también, por ejemplo, contar quiénes eran antes"

Ello implicaba, entre otras cuestiones, ser capaces de encontrar ese lado humano incluso en los personajes, a priori, más oscuros y responsables de actos y comportamientos execrables.

¿Qué le diría a quien considere que se humaniza a los etarras en la serie? ¿Qué le diría a las víctimas del terrorismo que puedan pensar así?

En primer lugar, toda crítica que se le pueda hacer a la serie me parecerá siempre muy respetable. Personalmente, la preocupación por cómo podía afectar a las víctimas lo que se contaba en la serie ha sido constante y fundamental para mí.

Ciertamente, la naturaleza de la serie implicaba tomar muchas decisiones delicadas. Narrar el proceso de cómo aquellos primeros etarras se decidieron a dar el paso de cometer el primer crimen de la historia de ETA, implicaba también, por ejemplo, contar quiénes eran antes. La serie es una apuesta por poner luz, lo que no debería significar en ningún caso blanquear o justificar a los terroristas.

Uno de los aspectos más novedosos de la serie es la historia de la primera víctima de ETA: el guardia civil José Antonio Pardines, asesinado el 7 de junio de 1968. Novedoso porque, hasta ahora, ninguna ficción había puesto el foco en él. ¿Se ha tardado demasiado en poner el foco en las víctimas en las ficciones sobre ETA?

Eso creo que es indiscutible. Historiadores como Santiago de Pablo han analizado a fondo todas las producciones audiovisuales existentes sobre el tema de ETA y la conclusión es contundente: hasta ahora, las víctimas están totalmente ausentes en ellas. Es algo que no admite discusión. Por desgracia, es significativo que, prácticamente, la primera víctima de la que se ocupó la ficción fuese el personaje de Yoyes, etarra antes que víctima.

En la serie también queda reflejado el papel de la Iglesia -de algunos miembros de la Iglesia- como guía moral en los etarras a la hora de decidir si empuñar las armas o no. ¿Su influencia fue tal y como aparece en la serie, o es otro elemento ficticio? Si es más ficción que realidad, ¿es un recurso para hacer hincapié en las consecuencias morales de la decisión de los etarras? ¿Y para reflejar la perversión moral del terrorismo de que el fin justifica los medios?

Es algo real que está muy estudiado y documentado. La influencia de una parte de la iglesia vasca en el nacimiento de ETA fue decisiva. Me temo que la realidad es incluso más extrema que lo que se muestra en la serie. Sabemos que muchos de los etarras de la generación que retratamos eran exseminaristas. En la ETA de aquellos primeros años hubo, incluso, algún cura en ejercicio. Existen muchas anécdotas relacionadas con párrocos que, en aquel periodo, llegaron a ocultar armas y material de propaganda subversivo en el mismo altar de su iglesia.

Un personaje secundario pero decisivo para el desarrollo de los acontecimientos es el de ‘El inglés’, que en la realidad es Julen Madariaga, uno de los fundadores de ETA. ¿Cómo describiría a este personaje y cuál diría que es su responsabilidad en el devenir violento de ETA?

El personaje se inspira en Julen Madariaga, pero no solamente en él. Era crucial que los fundadores de ETA quedasen retratados en la serie: tuvieron un papel decisivo en su germen, pero también en los años que se retratan en la serie. Provenían de la alta burguesía vasca y se habían exiliado, y desde el exterior seguían intentando influir y liderar el devenir de la organización. En la serie se retrata como “El inglés” busca financiación, proporciona armas. Eso es totalmente verídico.

El final de la serie aclara que muchos de los miembros de la generación de Txabi Etxebarrieta abandonaron ETA tras la llegada a la democracia en España. Pero otros no lo hicieron y asesinaron a más de 850 personas en toda su trayectoria criminal e hirieron y persiguieron a miles. ¿Cree que en esa primera generación de miembros de ETA ya se atisbaba el germen totalitario que caracterizó a la organización terrorista durante la democracia? ¿Hay diferencias entre la ETA de los años del franquismo y la ETA de los años de democracia?

Creo, sin duda, que en esa primera generación de miembros de ETA ya se atisbaba el germen totalitario que caracterizó a la organización terrorista durante la democracia. Aunque también es cierto que existen importantes diferencias entre ambos periodos. 

Hay que tener en cuenta que la práctica totalidad de los líderes de la ETA de la generación de Txabi Etxebarrieta fueron detenidos meses después del asesinato del Inspector Manzanas y juzgados en el Proceso de Burgos. Y que, de los que se quedaron o no fueron detenidos, una parte muy importante se escindió también, a principios de los 70, de la rama militar más radical de lo que posteriormente vino en llamarse ETA militar.

Pero es indiscutible también que una parte importante de los líderes de la ETA sanguinaria y radical de los primeros años de la transición democrática en España ya formaban parte de la organización a finales de los 60, aunque aún no ejerciesen tareas de responsabilidad. También es innegable que la ETA de los años de la democracia se nutre directamente, tanto a nivel discursivo como organizativo, de todo lo ensayado y desarrollado en ETA durante los años en los que la generación de Txabi Etxebarrieta lideró ETA.

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¿Habrá una segunda temporada de la serie en la que se muestre cómo evolucionó ETA durante la Transición y la democracia?

Por desgracia, la historia criminal de ETA es extraordinariamente extensa. Hay tema de sobras. Todo lo que signifique poner la lupa sobre su historia, con rigor, creo que puede ser de interés.

¿Qué papel juega la ficción en la construcción de la Memoria de lo que ha sido el terrorismo en España?

Creo que tiene un papel fundamental. Gaizka Fernández Soldevilla siempre me decía, durante el proceso de desarrollo de la serie, que las posibilidades de divulgación que puede tener una producción de televisión o una película son indiscutiblemente mucho mayores que lo que se pueda lograr mediante un libro académico. Me parece que se insiste, a veces demasiado, en la noción de “guerra del relato”, cuando creo que lo que debe prevalecer es un conocimiento preciso y riguroso de todo lo sucedido. De los crímenes que siguen sin resolverse, en primer lugar. Y de todos y cada uno de los sucesos relacionados con el fenómeno terrorista y sus dramáticas consecuencias. Creo que es una tarea, en primer lugar, de historiadores. Pero también de periodistas, escritores y creadores audiovisuales en la tarea de divulgar esos conocimientos y de abrir debates en la sociedad que posibiliten la verdadera construcción de una memoria colectiva, tan necesaria. Es una enorme responsabilidad.

¿Tiene pensado hacer más proyectos de ficción sobre terrorismo? Si es así, ¿cuáles?

Es un tema que me interesa y sobre el que seguramente voy a seguir trabajando. Desde la ficción, pero también desde el documental. Ahora mismo tengo en desarrollo un proyecto de documental sobre el caso del crimen de la pequeña Begoña Urroz. Es un documental que parte de una investigación del Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo y que busca esclarecer la autoría del crimen y todas las circunstancias que rodearon al caso. Desde la ficción, siempre me han interesado, por ejemplo, la historia poco conocida de los crímenes del grupo terrorista EPOCA en Cataluña, en los 70.  Quizás algún día haga también una película sobre ese tema.