Se confirma la muerte de Noor Wali Mehsud, líder de Tehrik-e-Taliban Pakistan. ¿Y ahora qué?

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Lista de los líderes más buscados del grupo terrorista Tehrik-e-Taliban Pakistan lanzada por Islamabad en 2009. La imagen número 6 corresponde a Noor Wali Mehsud. Fuente: Long War Journal

Noticia 35/2021

Lista de los líderes más buscados del grupo terrorista Tehrik-e-Taliban Pakistan lanzada por Islamabad en 2009. La imagen número 6 corresponde a Noor Wali Mehsud. Fuente: Long War Journal

 

Se confirma la muerte del líder de Tehrik-e-Taliban Pakistan, Noor Wali Mehsud, tras ser abatido con un dron en la provincia de Kunar, Afganistán. A la espera de un comunicado oficial, fuentes afganas corroboran esta información. El terrorista se habría escondido en alguna zona remota del país cuando una operación en las áreas tribales afganas tuvo lugar, acabando con la vida tanto suya como la de su guardaespaldas.

Noor Wali había entrado en la lista de sanciones a grupos e individuos relacionados con el terrorismo global del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en 2020, dos años después de ocupar el cargo como emir en el Movimiento de los Talibanes Pakistaníes, más conocido como Tehrik-e-Talibán Pakistán (TTP). Relevó a Maulana Fazlullah, con un tono mucho más sosegado que su predecesor, y bajo su dirección el grupo ha conseguido perpetrar numerosos atentados de importante calibre. Entre los más importantes destaca el ataque contra seis soldados en Waziristán del Norte en julio de 2019 o el asesinato en agosto de cuatro miembros de un comité de paz que cooperaban con el Gobierno pakistaní en sus esfuerzos antiterroristas contra los talibán afganos.

 

¿Quién es el grupo Tehrik-e-Talibán?

Esta organización terrorista de origen pakistaní ha sido uno de los grupos más activos en Pakistán desde sus inicios en el año 2007. Asociada al movimiento talibán, esta alianza de grupos fue creada como fuerza de combate contra Pakistán en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa (Jaiber Pajtunjuá), en la región noroeste del país fronteriza con Afganistán. Su propósito y razón de ser del grupo ha estado destinado a expulsar al Gobierno pakistaní de la región y áreas tribales bajo administración federal para posteriormente establecer la ley islámica, aprovechando el cinturón tribal de la zona para entrenar a militantes y preparar sus operativos. Su ideología sigue el pensamiento de Al Qaeda y los talibán en Afganistán, permitiendo que estos acudan a las zonas tribales bajo control de TTP como refugio de las operaciones antiterroristas que les acechan. A cambio, los miembros del grupo han recibido el amparo de la red global de Al Qaeda y su experiencia en el manejo de operaciones. También comparten objetivos con otros movimientos presentes en la zona, como la Red Haqqani y el grupo islamista en Cachemira de Lashkar e-Taiba.

Entre sus ataques más conocidos destaca la masacre de Peshawar de 2014, un evento que marcó un punto de no retorno en la política antiterrorista pakistaní. En diciembre de 2014 siete hombres armados asaltaron una escuela pública del ejército y abrieron fuego a discreción contra alumnos de primaria y secundaria. En el atentado fallecieron más de 150 personas, en su práctica totalidad estudiantes, y luego procedieron a auto inmolarse cuando se desplazaron al lugar las unidades del Grupo de Servicios Especiales de la armada pakistaní.

Las fuerzas de seguridad pakistaníes han llevado a cabo numerosas misiones antiterroristas contra el grupo, especialmente desde la masacre de 2014, mermando considerablemente su capacidad operativa. Gracias a estas misiones, los operativos desmantelaron varias células de TTP a lo largo del país y cercaron al grupo intensa y sistemáticamente, lo cual les hizo replegarse a zonas tribales concretas al oeste en torno a la región de Beluchistán, pero más concretamente a la región de Waziristán del Norte. Aun así, se estima que todavía quedan entre 3.000 y 5.000 efectivos dispersados a un lado y otro de la frontera entre Afganistán y Pakistán y divididos en pequeñas células que, tras el cerco de las fuerzas del orden, comenzaron a disgregarse entre sí. De hecho, una de las estrategias de Noor Wali desde su llegada a la dirección de la organización había tenido como objetivo reunificar a todos los grupúsculos para que actuaran como un frente común y tuvieran el suficiente peso como para abarcar en su seno a otras organizaciones islamistas, lo cual dio sus frutos con Sheheryar Mehsud y una facción de la red de Punjabi Talibán. También desarrolló conexiones con otras facciones separatistas en la región suroeste de Beluchistán y con el movimiento nacionalista sindi.

El pasado abril el grupo perpetró un ataque suicida en un hotel de lujo en la ciudad de Quetta, donde se alojaba el Embajador de China en Pakistán. Afortunadamente, el diplomático se encontraba fuera del complejo en el momento de los hechos, tal y como informó el Ministro del Interior de Pakistán, aunque lo cierto es que los intereses de Pekín en el país han sido objetivo del talibán pakistaní y la insurgencia nacionalista en la provincia de Beluchistán, condenando lo que ellos consideran una explotación extranjera de los recursos de la zona bajo la pasividad del Gobierno, al que también recriminan estar beneficiándose excesivamente en detrimento de la población local. Aun con todo, el ataque al hotel enviaba el mensaje de una vuelta a la actividad violenta del grupo yihadista, ahora bajo una nueva estrategia de acercarse a la narrativa violenta del radicalismo religioso con objetivos más cualitativos que cuantitativos. Esto en principio puede no resultar atractivo para el establishment político o la sociedad general, pero sí puede abrir una ventana de oportunidad para acercar la causa de TTP a otros grupos islamistas asentados a lo largo y ancho de la geografía pakistaní y poner en una encrucijada a personalidades y miembros de organizaciones y gobiernos contrarios a la causa talibán.

A la larga, es una tendencia plausible que este giro en la estrategia del grupo abra nuevas amenazas a la seguridad regional. Por un lado, perjudicaría la estabilidad doméstica de las regiones más golpeadas por la insurgencia talibán, con la sociedad y la comunidad académica religiosa como actores claves en evitar o mitigar en la medida de lo posible el influjo del islamismo radical en los diferentes escalafones de la población. Por otro lado, la progresiva expansión de su homólogo talibán en Afganistán, en vista del reciente anuncio de retirada de las tropas occidentales, y la imposibilidad del gobierno afgano de proveer seguridad al país alertan también de un posible aumento de TTP en influencia, recursos y proyección a largo plazo. De llegar los talibán a retomar el poder en Afganistán, la capacidad de ayuda exterior que recibiría TTP en su vecindario más próximo supondría un grave problema para la seguridad nacional en el país y la estabilidad de la región.