El testimonio de las víctimas del terrorismo como estrategia de contranarrativa: el caso de España

El 20 de octubre de 2011 la banda terrorista ETA anunció el “cese definitivo de la violencia”. Los terroristas grabaron el mensaje en un vídeo que enviaron a la BBC en el que anunciaban que dejaban las armas “de forma definitiva”. Quizá algunos de vosotros recordéis ese día: los periódicos del resto del mundo publicaron en portada la imagen del cadáver de Muamar el Gadafi. Su régimen en Libia había durado 42 años, casi los mismos que el terrorismo de ETA en España.

Ese día muchos periódicos recordaron el rastro que ETA dejaba atrás: 845 personas asesinadas, más de 2.500 heridos (más de 700 de gran invalidez) y decenas de secuestrados. También miles de empresarios extorsionados; más de 15.000 profesionales (políticos, periodistas, profesores de universidad, jueces) amenazados. Es difícil resumir el historial de terror de ETA. La banda ejerció la violencia de persecución, uno de los delitos más graves recogidos en las leyes internacionales y que en la práctica supone insuflar el terror en cada rincón de la sociedad.

Han pasado casi cinco años y ETA sigue existiendo. La banda terrorista se niega a entregar las armas y a disolverse. Su brazo armado es prácticamente inexistente. Pero su brazo político es más fuerte que nunca: es legal, está en las instituciones e intenta lograr los objetivos que perseguía la banda terrorista desde dentro del sistema que pretendía destruir. Para ello, varios partidos políticos justifican la trayectoria criminal de ETA: no condena sus asesinatos y homenajea en las calles a sus asesinos cada vez que uno de ellos sale de prisión. Lanzan, así, un peligroso mensaje a las nuevas generaciones: en la guerra que ellos han imaginado, los terroristas son héroes y sus delitos, el medio necesario para lograr sus objetivos legítimos. En esa ecuación, el enemigo es “el Estado español” y las Fuerzas de Seguridad, que según ese brazo político, deben ser expulsadas del País Vasco y del resto del territorio que reivindican como propio.

Ahora, en España hay otra batalla abierta, esta vez sin armas, pero quizá igual de importante. Se llama “la batalla del relato”, o también “la batalla de la historia”. Florencio Domínguez, uno de los mayores expertos en terrorismo de ETA, asegura que cuando se habla de la lucha por el relato “no se está pensando en lo que escribirán los historiadores profesionales cuando investiguen este periodo de nuestra historia. De lo que se habla es de la impronta que quedará en la mayoría de la sociedad vasca”[1].

En otras palabras, el relato consiste en fijar una versión de lo ocurrido que se transmita a las nuevas generaciones, que en su mayoría no han vivido el día a día de la historia de ETA. En definitiva, se trata de escribir una narrativa honesta del terrorismo.

¿Cuál es el objetivo de esta narrativa? Primo Levi escribió que “si comprender es posible, conocer es necesario, porque lo sucedido puede volver a suceder, las conciencias pueden ser seducidas y obnubiladas de nuevo: las nuestras también”[2].

La narrativa del terrorismo persigue, por un lado, perpetuar la memoria de las víctimas: la sociedad no debe olvidar lo que ocurrió por una cuestión de justicia, porque el terrorismo persigue la imposición de un proyecto político y sus víctimas representan al conjunto de la sociedad que los terroristas pretenden destruir. Por otro lado, para que la historia no se repita, y en este ámbito en Alemania nos lleváis una gran ventaja. Porque si los jóvenes no conocen la historia del terrorismo y sus consecuencias; y si hay partidos políticos y agentes sociales que mantienen un discurso de odio y justifican públicamente el uso de la violencia, ¿cómo podemos estar seguros de que no va a repetirse?

En este punto aparece un agente clave: las víctimas del terrorismo.

El papel de las víctimas del terrorismo

En una conferencia organizada en febrero por el United Nations Counter Terrorism Center, Humera Khan, responsable del think-tank Muflehun[3], especializado en la prevención de la radicalización violenta, señalaba que una de las cualidades más destacadas en el uso de las víctimas como estrategia para construir una narrativa es su credibilidad:

-proporcionan información sobre el terreno.

-desafían asunciones y utopías asumidas por los violentos.

-destacan las contradicciones entre los valores que defienden los grupos extremistas y la realidad.

-plantean dudas sobre el uso de la violencia como una alternativa justificada.

Las víctimas del terrorismo actúan como la conciencia de la sociedad, son el recuerdo vivo de lo que sucedió.

En muchos ámbitos académicos se afirma que los testimonios de las víctimas son una herramienta valiosa para transmitir lo ocurrido y para construir una contranarrativa eficaz. Pero aún hay dudas de cómo deben recogerse, qué testimonios son más eficaces, cuál es la manera más efectiva de utilizarlos y cómo hay que adaptarlos a los canales de difusión. En otras palabras, no hay discusión sobre el “quién”, pero sí sobre el “cómo”.

Aquí entra en juego la lógica de la comunicación pública desde una perspectiva que rompe con los estándares tradicionales: antes sólo los terroristas hacían uso de los medios de comunicación para emitir su propaganda. Ahora, quienes se oponen al terrorismo pueden utilizar esos mismos medios de dos maneras, como ha descrito Rachel Brigs y Sebastien Feve en un informe del Institute for Strategic Dialogue[4]:

-para crear una contranarrativa que desacredite, destruya y desmitifique el mensaje del extremismo violento.

-para crear una narrativa alternativa que debilite la narrativa extremista centrándose en el “para” en lugar del “contra”.

¿Por qué hacerlo con testimonios de las víctimas? ¿Por qué son herramientas válidas? La experiencia de la comunicación pública nos demuestra que las historias con protagonistas funcionan.

Los medios de comunicación en Europa llevan meses hablando de la crisis de refugiados. Las cifras son apabullantes: hay 4,5 millones de refugiados sirios, según Amnistía Internacional; hay 10.000 niños refugiados perdidos en Europa, según Europol. Sin embargo, en buena medida la sociedad europea no reaccionó de forma visible ante la crisis de refugiados hasta que se publicó la fotografía de Aylan Kurdi, un niño de tres años ahogado en una playa de Turquía.

Con las víctimas del terrorismo ocurre lo mismo. Podemos decir que en España hay más de 800 víctimas del terrorismo de ETA; o que los atentados de París provocaron cerca de 200 víctimas. Pero hasta que no contamos sus historias con nombres y apellidos no somos capaces de hacernos cargo de lo que supone el terrorismo. En París vimos un ejemplo poco después de los atentados de la sala Bataclan: los profesionales de Mashable, especialistas en storytelling y nuevos formatos, crearon una cuenta de Twitter llamada @parisvictims, en la que subieron imágenes de las víctimas de los atentados, sus datos personales y alguna frase que las describiera. Ese perfil de Twitter tiene más de 50.000 seguidores.

Dos iniciativas en torno a los testimonios de las víctimas: Relatos de plomo y El mapa del terror

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Portada del primer tomo de “Relatos de plomo”

En 2012 se inició el proyecto Relatos de plomo. Historia del terrorismo en Navarra. Un grupo de periodistas, entre los que me incluyo, recibimos el encargo del Gobierno de Navarra de investigar y escribir un libro para contar de forma exhaustiva la historia del terrorismo de ETA en esta región vecina del País Vasco y también reclamada como propia por la banda terrorista. Decidimos entonces que lo contaríamos todo: haríamos crónicas de cada uno de los atentados terroristas e intentaríamos localizar a los familiares de las 42 personas asesinadas por ETA en Navarra, así como a los heridos y secuestrados. Teníamos claro que las víctimas tenían que ser los protagonistas del libro y que la historia, la narrativa del terrorismo, se debía construir a partir de sus testimonios.

En total realizamos unas 60 entrevistas a víctimas del terrorismo. En muchos casos rastreamos sus nombres por guías de teléfono hasta localizarlas. Para muchas de ellas, era la primera vez en décadas que alguien las llamaba para pedirles que contaran su historia. Viajamos por toda España para que las entrevistas fueran presenciales, en sus propias casas, en un lugar donde se sintieran cómodas. Seguimos un planteamiento puramente periodístico, que el reportero Ryszard Kapuscinsky resumió cuando dijo que “no se puede escribir de alguien con quien no has compartido como mínimo algún momento de su vida”.

Encontramos historias como la de Olvido Mañas. Es una señora de más de ochenta años que vive en una casa muy humilde de Castellón, una ciudad en la cosa mediterránea. Encontramos su número de teléfono en una guía porque en ninguna institución tenían registrado su contacto. En el salón de su casa nos contó cómo ETA había matado a su hijo, sargento de la Guardia Civil, en 1990. Le dispararon después de que el agente se acercara a un grupo de tres jóvenes y les pidiera la identificación, pues sospechaba que podían ser ladrones. Esa parte de la historia la sabíamos antes de acudir a la entrevista. Lo que no sabíamos era que otro de sus hijos, que padecía depresión, se hundió tras el asesinato de su hermano. Cuatro años después, una mañana de domingo, llamó a su madre por teléfono para despedirse. Poco después se suicidó.

Este episodio es parte de la historia del terrorismo en España. Pone de manifiesto que el terrorismo no termina en el momento del atentado, sino que para muchas víctimas, tiene consecuencias que se extienden en el tiempo. Hasta que entrevistamos a Olvido Mañas, la suya era una historia oculta. Pero, como escribió Elie Weisel, responsable de la Comisión del Presidente sobre el Holocausto, en una carta a Jimmy Carter: “En vez de despreciar a la Humanidad por no socorrerles, los supervivientes del Holocausto quisieron redimirla con su testimonio”[5].

El testimonio de Olvido Mañas fue publicado en la obra Relatos de plomo. También se grabó en vídeo y se incluyó en el documental que lleva el mismo nombre. Se presentó en Pamplona, Madrid, San Sebastián y Bruselas, en la sede del Parlamento Europeo. En 2015, hace sólo unos meses, se decidió dar un paso más.

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La iniciativa “El Mapa del Terror”, en su presentación en Abu Dhabi

El Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE) ya tenía por entonces una herramienta llamada El mapa del terror. Se trata de una aplicación pionera en Europa que geolocaliza los asesinatos terroristas ocurridos en España. El Mapa incluye documentación de más de mil víctimas del terrorismo asesinadas en España por varios grupos, incluidos el terrorismo islámico. Permite buscar a las víctimas por su nombre, entrar en una ficha personal de cada una de ellas y “viajar”, gracias a la tecnología satélite de Google, al lugar exacto en el que fueron asesinadas.

A esta herramienta, se han incorporado algunas de las entrevistas a familiares de las víctimas realizadas para el libro. Aportan un plus a nivel comunicativo: los familiares de las víctimas, vivos, crean más empatía con el público que alguien que ha fallecido.

La herramienta permite compartir el contenido a través de redes sociales y pretende utilizar el lenguaje de las nuevas generaciones, que usan Internet para informarse y que no han vivido la mayor parte de la historia del terrorismo en España.

Ambos proyectos, Relatos de plomo y El Mapa del Terror, se han puesto como ejemplo en España y en el exterior sobre cómo se debe construir la memoria del terrorismo y cómo se pueden utilizar las historias de las víctimas para prevenir la radicalización violenta.

Lecciones aprendidas y aplicables a otros contextos

Para concluir, pasaré a enunciar algunas lecciones aprendidas con estas experiencias que podrían ser aplicables a otros contextos:

 -Contranarrativa como estrategia; narrativa alternativa como necesidad. 

Ante la actual amenaza de la radicalización violenta, los testimonios de las víctimas son una herramienta eficaz para desmitificar las estrategias narrativas de los grupos extremistas, que podríamos llamar narrativa del terror. Al mismo tiempo, es necesario construir una narrativa alternativa o una narrativa del dolor que transmita qué es y cuáles son las consecuencias del terrorismo a las nuevas generaciones, garantizando la prevención de la radicalización.

-El valor de los testimonios: las historias personales funcionan.

El periodismo y la comunicación pública demuestran que poner nombres y apellidos a los protagonistas de las historias es esencial para que tengan consecuencias sobre la audiencia. En las historias relacionadas con el terrorismo, los protagonistas deben ser las víctimas, pues representan valores de paz y democracia frente a la violencia. El hecho de haber vivido el terrorismo en primera persona garantiza la credibilidad de sus testimonios.

-La experiencia de España en la identificación de la sociedad con las víctimas.

La experiencia del terrorismo en España ha permitido que surjan iniciativas relacionadas con la recopilación de los testimonios de las víctimas, su difusión en distintos formatos y su adaptación a los nuevos medios, en especial a las redes sociales. Estas experiencias son valiosas para otros países que se enfrentan a una amenaza preocupante en torno a la radicalización violenta. Como asegura el investigador Javier Lesaca[6], el Daesh ha asesinado a más de mil personas ante las cámaras de televisión. Es casi imposible encontrar el testimonio de algunos de sus familiares para que, con el mismo lenguaje que los terroristas, desmitifiquen sus actos y muestren sus verdaderas consecuencias. El reto es urgente. No tarden tanto como en España en pasar a la acción y utilicen nuestra experiencia para crear una herramienta eficaz contra la radicalización.

 

[1] Domínguez Iribarren, Florencio: “La pesada atmósfera espiritual”, El Correo, 12 de mayo de 2015.

[2] Primo Levi: Si esto es un hombre. Barcelona, Muchnik Editores, 1999.

[3] UN Conference on Human Rights Victims of Terrorism, 11 de febrero de 2016, Nueva York.

[4] Brigs, Rachel; Feve, Sebastien: “Policy briefing: Countering the appeal of extremism online”, Institute for Strategic Dialogue, 2014.

[5] Carta enviada por Elie Wiesel, presidente de la Comisión del Holocausto, al presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter, el 27 de septiembre de 1979.

[6] Lesaca, Javier: “El papel de las víctimas del terrorismo en la contranarrativa de los mensajes extremistas”, discurso pronunciado en el Consejo de Seguridad de la ONU, en Nueva York, el 21 de octubre de 2015 y publicado en el Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo (OIET)  http://observatorioterrorismo.com/comunicacion-publica/el-papel-de-las-victimas-del-terrorismo-en-la-contra-narrativa-a-los-mensajes-extremistas/