«El terrorismo de extrema derecha es un tema extremadamente grave que los distintos gobiernos deberían tratar con urgencia»

La Dra. Carmen Aguilera-Carnerero es profesora en el Departamento de Filología Inglesa y Alemana de la Universidad de Granada. Anteriormente, ha enseñado en la Escuela de Educación y en el departamento de Estudios de Inglés de la Universidad de Murcia. Asimismo, ha enseñado en las universidades de Estambul, Bolonia y Praga. Su investigación postdoctoral se centra principalmente en el discurso de Internet específicamente en el uso del discurso extremo en línea contra ciertos grupos etno-religiosos. Ella ha publicado ampliamente en el campo y presentó su último trabajo en más de 20 conferencias internacionales. Actualmente está involucrada en un proyecto interdisciplinario financiado por el gobierno español sobre la detección y monitorización del discurso del terrorismo islamista.

1.¿Cómo definirías el proceso de radicalización, y la radicalización violenta?

La radicalización es un proceso por el cual un individuo adopta posturas extremas fundamentalmente de carácter social, político o religioso. La radicalización violenta es aquella en la que los individuos conciben la violencia como único medio para imponer su ideología radical en ocasiones con un fin último que suele implicar la alteración del orden social (de múltiples formas) y afecta seriamente a la convivencia. En ocasiones, la radicalización violenta suele desembocar en terrorismo, asociación que no se puede establecer con la radicalización en todos los casos ya que no todos los individuos radicalizados son o radicales violentos o terroristas.

2.¿Qué papel juegan las fake news y las teorías de conspiración en el proceso de radicalización?

Ambas juegan un papel fundamental. La proliferación de las fake news y de las teorías de conspiración contribuyen a que entre gran parte de la población se acreciente el miedo acerca de una realidad que desconocen y a que otro sector reafirme la previa hostilidad y el odio que ya albergaban sobre la misma. La sospecha apriorística hacia el diferente que proviene en parte de la ignorancia frente a la realidad que se desconoce junto con el clima hostil construido previamente a su alrededor contribuyen a crear el caldo de cultivo adecuado para que cualquier incidente – por mínimo que sea – actúe como catalizador de una violencia que permanece latente a la espera de ser activada. Por poner un par de ejemplos muy recientes, los manifiestos escritos y difundidos por los autores de los atentados de Christchurch y El Paso en 2019 mencionaban como uno de sus principales argumentos la teoría de “The Great Replacement” (el Gran Reemplazo), una teoría conspiratoria formulada por Camus que advierte sobre el progresivo exterminio de la raza blanca por parte fundamentalmente de inmigrantes de otras razas. Este tipo de teorías junto con las noticias tendenciosas o los rumores infundados- en muchos casos- sirven a los terroristas como justificación para legitimar acciones que son inaceptables en cualquier caso.

3.¿Han influido de alguna forma los medios de comunicación en el crecimiento de la radicalización violenta y no violenta?

Sí, sin duda. Los medios de comunicación tienen una gran cuota de responsabilidad en el proceso de radicalización porque, enlazando con la pregunta anterior, muchos de ellos (afortunadamente no todos) son los que con la propagación de fake news, rumores sin contrastar, titulares capciosos y teorías conspiratorias de diversa índole contribuyen a alimentar un discurso de odio que hace mella en individuos más vulnerables y susceptibles de ser permeables a la radicalización. En este sentido, creo que es necesario alcanzar un consenso entre los medios de comunicación y la clase política para unir fuerzas frente a un enemigo común y poder frenarlo pero, sobre todo, ser capaces de prevenir la radicalización de un cierto sector de la población.

4.¿Qué papel juega el discurso de odio en el proceso de radicalización violenta?

El discurso del odio juega un papel central en el proceso de radicalización. El discurso del odio señala a su objetivo, al “otro” de manera explícita, culpabilizándolo de muchos de los problemas socio-políticos, económicos y morales del país. Imagínese al ciudadano medio que se enfrenta a su batalla personal de supervivencia diaria y que recibe de manera sistemática una serie de mensajes construidos alrededor del discurso de odio a través de múltiples medios. Imagínese que eso sucede día tras día. Ese ciudadano, inmerso en sus propios problemas individuales, no tiene tiempo, energía o en algunos casos la capacidad de detectar el sesgo y la falta de credibilidad de ciertas noticias que, sin embargo, contribuyen a moldear su percepción del “otro” de tal modo que cualquier contratiempo que pueda sucederle (pérdida de trabajo, inseguridad ciudadana u otro tipo de incidente) provoca que estalle. Este ejemplo, muy genérico, no abarca de manera alguna el gran abanico de posibilidades que ofrece el paisaje de la radicalización pero creo que puede ilustrar mínimamente lo pernicioso que puede llegar a ser el discurso de odio. El gran problema sucede cuando ese discurso se normaliza hasta tal punto que se naturaliza y pasa desapercibido -por su cotidianidad- para gran parte de la población.

5.¿Crees que la existencia de una plataforma política para el discurso de odio promueve la radicalización violenta en la extrema derecha?

Cualquier plataforma desde la que se difunda un discurso de odio promueve y favorece la radicalización. Si la plataforma es política tendrá un radio de acción probablemente mayor y muchos ciudadanos sentirán que la propia naturaleza pública del discurso político legitima su contenido por muy extremo que este sea.

6.¿Cómo han cambiado las redes sociales el proceso de radicalización?

Las redes sociales han cambiado, sin duda, el proceso de radicalización no creo que tanto en cuanto al contenido- hay muchos ejemplos históricos de radicalización en fases muy anteriores a la era pre-Internet- pero sí en cuanto a la forma de difusión, un aspecto tremendamente importante puesto que ha multiplicado su efecto. El alcance de la información que se comparte en las redes sociales, así como el impacto de la misma conlleva que la radicalización se expanda exponencialmente, de manera continua y a gran velocidad. Esto facilita enormemente la propagación de cualquier tipo de discurso extremo, así como la organización del tejido de seguidores radicales. Por otra parte, las propias características del medio con la disponibilidad constante de los usuarios, la posibilidad de establecer contacto entre varios hablantes simultáneamente, la necesidad de pertenencia a una comunidad virtual junto con una errónea percepción de inmunidad y carencia de restricciones sociales además de la impunidad con la que se persiguen este tipo de delitos en algunos países lo convierte en el escenario perfecto para expandir cualquier discurso radical así como fomentar los procesos de autoradicalización. Sería tremendamente injusto demonizar a las redes sociales como el único actor responsable de los procesos de radicalización en los últimos años, desde mi punto de vista, puesto que no podemos olvidar ni el contenido que se difunde ni los autores del mismo, pero es cierto que son herramientas de comunicación que utilizadas de manera perversa pueden resultar muy perjudiciales a no ser que se establezca un control sobre ellas.

7.¿Cómo definirías el proceso de auto-radicalización en la extrema derecha?

La auto-radicalización es el proceso mediante el cual los ciudadanos adoptan la ideología propia de la extrema derecha tras la exposición a contenidos propagandísticos y de reclutamiento existentes principalmente en Internet pero también a través de otros elementos propios de la cultura popular como, por ejemplo, los videojuegos.

8.¿Crees que existe algún actor o elemento (fuerzas políticas, agrupaciones, redes sociales, etc.) que influya en gran medida a la hora de fomentar la radicalización?

No creo que haya exclusivamente un factor determinante a la hora de fomentar la radicalización sino más bien es la alquimia que produce la conjunción de todos los factores que hemos mencionado a lo largo de esta entrevista y que son engranajes de un mismo mecanismo. Fuerzas políticas extremistas, organizaciones terroristas y otro tipo de agrupaciones de corte violento han encontrado en las redes sociales el foro soñado para que tanto asociaciones como fuerzas políticas con intereses creados y una agenda prestablecida fomenten la radicalización con fines partidistas.

9.¿Cómo definirías el terrorismo de extrema derecha?

El terrorismo de extrema derecha es el que está motivado por la ideología de extrema derecha con todas las variantes y subtipos que podemos encontrar dentro de una denominación tan genérica y que incluirían los movimientos neo-fascistas, neo-nazis y/o supremacistas entre otros. El terrorismo de extrema derecha se ha incrementado en los últimos años de manera alarmante y el último informe sobre el Índice de Terrorismo Global publicado a finales del 2019 habla de que este tipo de violencia se ha triplicado en los últimos cinco años. Se trata de un tema extremadamente grave que los distintos gobiernos deberían tratar con urgencia.

10.¿Hasta qué punto en tu opinión deja de ser un crimen de odio y se puede considerar terrorismo?

La conexión entre delitos de odio y terrorismo es un tema controvertido porque hay autores que establecen una relación de causa efecto entre ambos (los delitos de odio como consecuencia o como preludio de actos terroristas) mientras que otros los desvinculan totalmente. Sin entrar en esos aspectos más técnicos, desde mi punto de vista, sí hay una diferencia entre delitos de odio y terrorismo. Los delitos de odio están dirigidos hacia ciudadanos por pertenecer a un grupo racial, social, religioso o de género determinado y pueden incluir actos no terroristas mientras que el terrorismo ejerce la violencia de manera premeditada sobre la población civil con el fin de alcanzar ciertos objetivos políticos. Para comprender la diferencia pensemos, por ejemplo, en las pintadas insultantes o amenazantes que se suelen hacer en las paredes de las mezquitas frente al atentado de Christchurch el año pasado. Dependiendo de la definición del concepto recogido por las leyes de los distintos países, los crímenes de odio pueden llegar a abarcar un espectro muy extenso de prácticas que incluirían desde la apología de la violencia dirigida hacia ciertos grupos, amenazas, insultos o ataques físicos entre otros. De nuevo, nos movemos en una realidad poliédrica que exige una semántica muy precisa sobre todo para que los legisladores de cada país puedan actuar de manera eficiente sin dejar ningún vacío legal al que se puedan acoger los criminales.